La esclavitud del Poder Judicial
La independencia judicial es un mito, no existe ni existirá mientras los políticos gobernantes, -de cualquier partido- tengan la facultad de nombrar los jueces de la Suprema Corte de Justicia. Abriéndoles las puertas de esta institución a sus allegados y amigos abogados, que sin pasar por la Escuela de la Judicatura se les otorga el privilegio de iniciar la Carrera Judicial desde el más alto tribunal, en franco desmedro de quienes con años en el servicio, ven casi imposible culminar sus carreras en esta elevada instancia.
Las disposiciones constitucionales que así lo establecen son una trampa fríamente calculada, para arrodillar este poder del Estado a sus intereses. Si queremos que esta administración sea verdaderamente independiente, se debe desatar la trampa. En esencia más que una trampa, es una máquina para garantizar impunidad. O un seguro, por lo que pase después de abandonar el solio del poderío.
Nada de lo que ocurre en el poder judicial es casual. Las dictaduras atan la justicia y no existe democracia cuando los jueces son esclavos del poder político. Lo demás es retórica de hojalata. Verba para los medios o pan de circo. Las suspensiones arbitrarias están en el libreto, buscan sembrar el miedo.
Los esclavos miran el látigo y tiemblan. Los sumisos temen a las duras amenazas: “que preparen sus pescuezos”. Las suspensiones sin disfrute de salarios están en la lista de tortura. El Consejo institucionaliza el miedo. Es la silla eléctrica para sentar a los jueces acusados de corruptos. De esta tortura están excluidos los que fallan a favor de los miembros del partido que son procesados. Las piedras en las manos del Supremo, son para los más chiquitos.
Da pena decirlo, pero muchos hacen ver que el Poder Judicial es la vergüenza del Estado. En cambio, sus miembros en su mayoría son capaces y honestos, pero los del Consejo usan las naranjas podridas para desmeritar a las buenas, a las que con esfuerzo diario dejan sus esencias de imparcialidad en la balanza justa de la diosa Temis.
No hay justicia independiente con jueces esclavos del poder político. Si los políticos no deponen su actitud de encadenar la justicia a sus apetencias partidarias, esta tendrá que iniciar o continuar la lucha por su libertad. Pero no hay libertad sino no se rompen las cadenas que esclavizan.
El camino es de lucha, porque los políticos no ceden cuando las cosas les convienen. La independencia del Poder Judicial será una conquista, cuando los jueces se empoderen y reafirmen que su espacio libre, debe ser fruto de sus reclamos. Los derechos no se imploran. La historia de la humanidad lo confirma. Cada derecho conquistado lleva en el fondo una lucha tesonera.

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No importa que los jueces fueren nombrados por políticos, lo utópico es que los políticos fuesen honestos, capaces y honorables; porque la probidad es determinante en cualquier acción del diario vivir.