La Biblia del Oso: razón histórica de la existencia del Estado haitiano

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El autor reside en Miami

En algunos casos, la historiografía oficial de la República Dominicana  explica la división de la isla de Santo Domingo como una consecuencia mecánica del contrabando de corambres y la presencia de piratas en la zona norte. Sin embargo, detrás de las decisiones geopolíticas de la España del siglo XVII subyace una guerra ideológica mucho más profunda: el pánico de la Corona a la libertad de culto y conciencia. Fue este miedo, lo que definitivamente selló la suerte de la incipiente colonia.

Todo comenzó en 1517, cuando Martín Lutero publicó sus noventa y cinco tesis  cuestionando las prácticas de la Iglesia católica. Lutero defendía que la Biblia debía ser la única fuente de autoridad religiosa y que los creyentes podían interpretarla directamente, sin necesidad de la mediación obligatoria de un sacerdote.

Hasta entonces, la fe se propagaba exclusivamente en latín, garantizando la unidad del dogma y la obediencia absoluta. La traducción de las Escrituras al idioma español permitiría que el individuo común leyera e interpretara  por sí mismo. Para el imperio español, esta libertad representaba una amenaza existencial: si el pueblo cuestionaba a Dios, pronto cuestionaría al Rey.

En este tenso escenario, Casiodoro de Reina (Sevilla-1520), un monje jerónimo español que abrazó las ideas reformistas de Lutero, huyó de la Inquisición en 1557. Tras años de exilio publicó en  Basilea (1569) la «Biblia del Oso», llamada así  por el  grabado de su portada. Años más tarde esa obra sería revisada por su compañero Cipriano de Valera, dando origen a la célebre versión Reina-Valera, pieza fundamental de la literatura y la fe en el mundo hispano.                             

La Corona española observaba con temor cómo los habitantes del norte y oeste de Santo Domingo comerciaban con barcos holandeses e ingleses. Estos no solo traían mercancías, sino también ejemplares de esta Biblia en español. Ante el miedo de que la  «herejía» luterana echara raíces, el Rey Felipe III autorizó las Devastaciones de Osorio mediante la Real Cédula emitida el 6 de agosto de 1603.  España prefirió  la tierra arrasada antes que una población con criterio propio.

Al obligar a los colonos a retroceder hacia el este para vigilarlos bajo el rigor del clero y el latín, España dejó un vacío demográfico masivo. Ese tercio occidental  abandonado por miedo a un libro, fue ocupado rápidamente por bucaneros y colonos franceses. Eventualmente, Francia aprovechó  esta presencia para  mediante los tratados de Nimega (1678) y el de Ryswick (1697), España  le cediera formalmente la parte occidental de la isla.

La ironía histórica es absoluta: el celo por la ortodoxia católica y el rechazo por la propagación de la Biblia en español fue lo que entregó el territorio a Francia.  Haití es, en gran medida, el hijo no deseado del fanatismo religioso español. Si la Corona hubiera permitido la libre circulación de las ideas y el uso del español para el crecimiento espiritual de sus habitantes en las costas occidentales, nunca habría existido la necesidad de despoblar la zona.

La Biblia del Oso no solo cambió la historia de la religión; en nuestra isla, su prohibición trazó la frontera que hoy nos divide y que ha costado al pueblo dominicano: sangre, sudor y lágrimas. En definitiva, la geografía caribeña fue dibujada por el miedo de un monarca a que sus súbditos leyeran la verdad en su propia lengua.

jpm-am

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