Honrar la Constitución o perder la república (OPINIÓN)

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EL AUTOR es presidente del Frente Cívico y Social. Reside en Santo Domingo.

Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.

Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal.

Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.

No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.

La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.

La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.

Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.

Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.

Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.

La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.

Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.

Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.

Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.

¡Despierta RD!

jpm-am

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Albertina.
Albertina.
17 dias hace

Sr. Ramos, hemos cambiado los hechos por el decir, el hacer por el saber, los Míos por los tuyos, las paredes las estamos construyendo tan alta, que pocos las podrán cruzar.m debemos de hacer un alto y mirar hacia abajo porque al final todos y sin nada ahí iremos.les recomiendo escuchar la canción “ Donde están esos amigos”

Juan Ordeh
Juan Ordeh
18 dias hace

Honrar la constitución es salvar la patria.

El problema es que las cabezas o líderes que dirigen las organizaciones políticas, gremios, sectores económicos, prensa, etc. No responden a los intereses del pueblo, responden a sus intereses particulares.

Cuando los políticos y sus familiares tengan que usar los hospitales, escuelas, viviendas, transportes que usa el pueblo, les aseguro que ellos llevarán éstos servicios a su máxima mejoría.

Evangelina
Evangelina
18 dias hace
Responder a  Juan Ordeh

Si a los politicos les interesara el bienestar de la patria, tendrian el apoyo del pueblo. Ahora bien, si sus familiares, ministros [amigos] dejaran de robar y esos recursos se invirtieran en las obras que necesitamos, tendriamos una patria economicamente eficiente, pero los gobiernos llegan aupiciados por los empresarios, entonce el gobierno les paga con obras y puestos gerenciales que laceran toda la economia del pais.

Molly Mill
Molly Mill
18 dias hace

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JHOMBER
JHOMBER
20 dias hace

BUEN ANÁLISIS. Y ASÍ DEBE SER. PERO MIENTRAS EL GOBIERNO NO ELOBARE UN PLAN DE AUSTERIDAD Y COMIENCÉ A CONTROLAR LOS ERMENOS GASTOS INNECESARIOS DEL GOBIERNOS Y SIGAN TOMANDO DINERO PRESTADO SIN CONTROL Y GASTANDO LA MITAD DE PRESUPUESTOS EN PROBLEMAS DE LOS HAITIANOS. A REP. DOMINICANA LE QUEDA UN SOLO CAMINO HUNDIRSE EN LA MISERIA Y HASTA DESAPARECER COMO PAÍS. ¿QUÉ ES LO QUE PERSIGUEN LOS DIABOLICOS ORGANISMO INTERNACIONALES, TENEMOS QUE DESPE

Ivelisse
Ivelisse
20 dias hace

La idea de transformar indignación en organización es clave. Ojalá más ciudadanos asuman ese compromiso.

Luisa
Luisa
20 dias hace

Un artículo que invita a la acción cívica sin violencia ni extremismos. Eso es exactamente lo que necesitamos como sociedad.

Maria Luis
Maria Luis
20 dias hace

Muy bien argumentado y con datos que respaldan una realidad que muchos viven a diario, pero pocos se atreven a nombrar con tanta claridad.

Leidy
Leidy
20 dias hace

Leer esto duele, pero también despierta. Es una sacudida necesaria para quienes aún creemos que el país puede ser mejor.

Carolin
Carolin
20 dias hace

La referencia a la Constitución como norma viva es poderosa. Honrarla en la práctica es, sin duda, la frontera entre república y fachada.

Moises
Moises
20 dias hace

Este artículo dignifica el debate político. No apela al odio ni al cinismo, sino a la responsabilidad y al amor por la patria.

Leonor
Leonor
20 dias hace

Excelente llamado a la conciencia ciudadana. Hace falta más reflexión así, firme pero constructiva, para iniciar un verdadero cambio.

Yan Carlos
Yan Carlos
20 dias hace

Me impactó la claridad moral del mensaje. Nos recuerda que la corrupción no es solo de arriba, también se alimenta de lo que normalizamos abajo.

Felipe
Felipe
20 dias hace

Un texto valiente y necesario. No se limita a criticar, sino que propone una ruta clara y responsable para rescatar la vida pública.