El proyecto de Constitución de Duarte
Introducción
El Proyecto de Constitución de Duarte afloró en un contexto caracterizado por serias contradicciones ideológicas entre los conservadores y los liberales progresistas. Se ha de recordar que el Patricio regresó al país el 15 de marzo de 1844, dos semanas después de la proclamación de la Independencia, la cual era «un ente débil», muy débil, era como un criatura sin leche ni pañales, Teodoro S. Heneken, le decía a Lord Palmerton que la República había nacido «sin un chelín en sus arcas».
Algunas personas influyentes pertenecientes a la clase dominante no creían en la viabilidad de la Independencia. Corría el riesgo de ser un natimuerto por los gestores del Plan Levasseur, los protectoralistas, con Bobadilla y Báez a la cabeza, y los anexionistas pro prohispanos como Antonio López de Villanueva, Pablo Paz del Castillo y los sacerdotes Gaspar Hernández y Pedro Pamiés, y los que trabajaban por el protectorado inglés como Heneken y Francisco Pimentel.
Muchos carentes de fe, además, recordaban el hecho emancipador de Núñez de Cáceres en 1821 y sus consecuencias políticas, y calificaban la proclamación de la Independencia del 27 de febrero de 1844 como una «aventura arriesgada».
A lo que se agrega el inicio de las invasiones haitianas. La primera batalla de importancia tuvo lugar cuatro días después del regreso de Duarte, es decir, el 19 de marzo, fecha en que los haitianos se presentaron ante Azua defendida por las improvisadas fuerzas dominicanas, dirigidas por el también improvisado general Pedro Santana.
La batalla fue un éxito para los dominicanos, pero estratégicamente el resultado fue adverso, porque Santana en connivencia con los protectoralistas de la Junta Central Gubernativa abandonó esa ciudad y se retiró a Sabana Buey.
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Este hecho agravó el ambiente de temor y desesperanza. José Gabriel García nos revela la difícil y compleja situación que se vivió en aquellos momentos estelares de la República: «El caso era grave y requería un remedio radical, porque la desconfianza se hizo extensiva a la masa común del pueblo; las familias pudientes se asilaban en las Antillas vecinas por temor a un fracaso; el capital se escondía haciéndose difícil conseguir recursos para sostener la situación, y las pasiones se encrespaban convirtiendo en ilusoria la reconciliación de la familia dominicana iniciada en la Puerta del Conde».
Duarte se mostró intransigente opositor al Plan Levasseur y a todo intento anexionista y de dominación imperialista. En el seno del aquel primer organismo gubernamental protestó con suma radicalidad contra los protectoralistas en la reunión del 26 de mayo de 1844, con lo cual
alejó los peligros del desconocimiento de nuestra soberanía con la cesión de la península y bahía de Samaná a Francia, y salvó de su primer gran desliz a la naciente República. Juan Isidro Pérez, su fiel compañero de la Trinitaria, recordó este hecho y valoró el vigoroso patriotismo del Padre de la Patria: «Y en fin, Juan Pablo, la historia dirá que fuiste el único vocal de la Junta Central Gubernativa, que, con una honradez a toda prueba, se opuso a la enajenación de la península de Samaná. La oposición a la enajenación de la península de Samaná es el servicio más importante que se ha prestado al país y a la revolución».
1. Duarte, constitucionalista
Duarte fue un hombre de educación esmerada. Su primera biógrafa, su hermana Rosa en sus Apuntes para la Historia del General Dominicano Juan Pablo Duarte y Diez nos refiere que fue un niño estudioso y aprovechado. Cuando contaba entre catorce o quince años estudió latín, inglés, francés, alemán, historia, filosofía, economía política, Derecho Romano, matemáticas. Félix María del Monte, trinitario, y uno de sus más distinguidos panegiristas en sus Reflexiones Históricas expresa que: «Duarte manifestó desde temprano las grandes dotes intelectuales que había merecido de la naturaleza; que ya por los años del 1827 o 28 concluía las asignaturas de filosofía y literatura y entraba a estudiar Derecho Romano».
De la instrucción y del viaje del Patricio a Estados Unidos y a Europa a ampliar sus conocimientos y a fortalecer su formación nos habla Leónidas García Lluberes en su estudio titulado: Gráfica Descripción de la Vida del ilustre Juan Pablo Duarte, Fundador de la República Dominicana: «La educación que recibió este gran patriota fue esmerada, y para completar la instrucción que pudo adquirir en nuestras rudimentarias escuelas de la época hizo un viaje al extranjero visitando los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y España. Permaneció algún tiempo en Barcelona y se dice que allí fue donde planeó el glorioso pensamiento de liberar a su patria».
De su amplia cultura nos dan testimonio varios de sus compañeros de la Trinitaria. Uno de sus biógrafos correspondiente a la época contemporánea, Gustavo Adolfo Mejía Ricart, considera que Duarte «fue uno de los hombres de su tiempo más ilustrado,
bien que sin ningún extremado talento o genialidad, a lo Martí, o siquiera a la manera violenta y menos pulida de Bolívar. Fue hombre de estudios y de letras, como el precursor don José Núñez de Cáceres, y la Era de nuestra emancipación recibió el legado poético de las pasadas generaciones, en manos de Duarte, el Padre de la Patria».
El Patricio asumió la trascendental misión de despertar una nación dormida y sumida en el desaliento y la desesperanza, y a formar conciencia de la viabilidad de su independencia, realizada la gran epopeya nacional el 27 de febrero de 1844, dio inicio a la gran tarea histórica de asegurar el funcionamiento del naciente Estado, pues no bastaba sólo con el logro de su
emancipación, sino que era necesario establecer los sillares teóricos y delinear las elementos ideológicos organizativos de la nueva entidad política.
Su Proyecto inconcluso de Constitución revela que tenía un sólido conocimiento en asuntos constitucionales, y que conocía el pensamiento de los principales teóricos del constitucionalismo y de algunas constituciones de carácter liberal y democrático.
El manuscrito que ha llegado a nosotros es de apenas diez páginas. Lo conocemos por Rosa Duarte, que nos confiesa que cuando su hermano diseñaba la bandera al colocar la Cruz blanca entre los cuarteles azules y rojos, símbolo de la unidad del cristianismo, se produjo una discusión entre él y varios de sus compañeros que no creían en su idea de la unidad de todas las razas y que en un rapto de incomodidad rompió la Constitución que escribía, de la que pudo salvar y legar a la historia las referida páginas.
Ese Proyecto debió ser escrito en el periodo de marzo y julio de 1844, pues se ha de recordar que en el primero regresó al país del exilio y en el segundo fue expatriado por Santana. Al parecer el Patricio lo había hecho para proponerlo a la asamblea constituyente que al fin se reunió en San Cristóbal sin la presencia del Fundador de la República, injusta y violentamente expulsado del país por el referido déspota.
2. La noción de la Ley
Llama la atención el concepto de la Ley que el Patricio tenía, la cual está encuadrada y sustentada en el pensamiento más progresista y avanzado de su tiempo, es decir, el liberalismo democrático. Para Duarte es en la Ley y no en las conveniencias de los gobernantes, «en donde hay que encontrar el hilo conductor, insustituible, que habrá de coordinar y armonizar el juego de los intereses individuales y de las aspiraciones comunitarias». De conformidad con Rousseau, Duarte consideró que la Ley ha de emanar de la sola autoridad legítima existente, a saber, el Poder soberano del pueblo, y que ella debe regir en un plano de igualdad así a los gobernados como los gobernantes, tanto a las clases avasalladas como a la clase dominante. Ella es la que da al gobernante el derecho de mandar, pero es también la que impone al gobernado la obligación de obedecer.
Y la autoridad que no está constituida de conformidad con la Ley es ilegítima, lo cual tiene como consecuencia, que no tiene derecho a gobernar ni el pueblo está obligado a obedecerla. El gobernante que asume el poder de conformidad con la ley puede caer en la ilegitimidad cuando la desconozca o la viole, y en este caso no puede ser obedecido. Así Duarte encuadra su pensamiento en Roberto Belarmino, filósofo y teólogo del siglo XVII, quien consideró que un gobernante puede ser legítimo en sus orígenes, pero ilegítimo en sus ejecutorias.
A consecuencia de lo anterior, percibimos también en Duarte la idea de que el Poder ha de estar limitado por la Ley, y ésta “por la justicia, la cual consiste en darle a cada uno lo que en derecho le pertenezca”. De esta manera el Padre de la Patria restaura el principio del “suum cuimqunque tribure”, «a cada cual lo suyo», que Aristóteles ha definido como la base de la justicia distributiva, como un factor de estabilización social, y que más adelante Ulpiano lo recoge como
un principio básico del derecho positivo. El Patricio, como bien ha observado, Joaquín Salazar, con impresionante acierto, convirtió la referida noción del filósofo de Estagira del «cada cual lo suyo» en «una norma de aplicación coercitiva que deja sin sentido las implicaciones negativas que se desprenden del concepto de la explotación del hombre por el hombre», y este principio «lo convierte en la base de una muy bien fundamentada concepción de la justicia social».
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