El fenómeno político-electoral Danilo Medina

Lo confieso: no tengo tema tabú ni mucho menos miedo a escribir lo que pienso. Lógicamente, dentro de esa libertad personal y política, que defiendo a rajatablas, hay temas que no trato -vía estos garabatos semanales míos- básicamente por prudencia política-estratégica, y porque pudieran leerse como frustraciones o reclamos impertinentes e intrascendentes.
 
Sin embargo, antes de abordar el tema-título de este artículo, quisiera reiterar lo que ya he escrito: 1) que nunca he sido partidario ni activista, tal como se lo dije a un barco noruego, de ninguna reelección (me opuse, en la interna-2007, a favor de Danilo Medina, y en el 2012, también, cuando los llamados “ingenieros constitucionalistas” la querían a rabiar); 2) que he sostenido que en el PLD, y de cara al 2016, había un tercero: Jaime David Fernández Mirabal (pero, y según dicen, él no está en eso);3) que el PLD está en una encrucijada de cara al 2016: la vuelta de Leonel Fernández como candidato o, el camino-protocolo de la reelección de Danilo Medina; 4) que en cualquier escenario –que decida el PLD de cara al 2016- el ex presidente Leonel Fernández gana, incluso, aún no siendo él el candidato; 5) que en el PLD es urgente –que digo, ¡de vida o muerte!- una mirada orgánica-institucional al partido como totalidad, no como bazar ni tienda de campaña; 6) que los reeleccionistas -coyunturales o no- peledeístas son pésimos reeleccionistas, pues no terminan de abrevar en el modelo por excelencia de esa recurrencia histórica: el Dr. Joaquín Balaguer; 7) que pretender seguir –sobre todo la jerarquía- concitando y amamantando a un partido de masas para ganar elecciones, y luego, logrado el triunfo electoral, replegarse a uno de cuadros que ya no existe, no es el mejor método de mantener una mentira: el partido de cuadros para perpetuar un subterfugio impostergable (porque todo liderazgo, en un partido democrático, necesita refrendarse eleccionariamente); y 8) que la relación partido-Gobierno (¡una chichigua en banda!) hay que rescatarla porque lo que hay es relación CP-Gobierno (y si no, que alguien me diga: ¿adónde elevar una queja, una reivindicación o, tan simple, como hacer expedita y atendible una preocupación orgánica…).
 
Dicho todo lo anterior y sin renunciar, ni un ápice, a nada, pasemos ahora a ver el fenómeno político-social-electoral Danilo Medina fuera de fanatismos, ojerizas y parcialidad interna (que, en mi caso, la tengo, a pesar de los olvidos….).
 
Lo primero, que nadie se imaginó que Danilo Medina –que se dijo no tenía  carisma ni oratoria, visto desde la tradición de los grandes caudillos (Balaguer, Bosch y Peña-Gómez, e incluso, del relevo, Leonel Fernández)- iba a devenir, en el ejercicio del poder y de una impronta-liderazgo de gobernar con sencillez y frugalidad, en el gobernante-líder mejor valorado de la región y en una suerte de Presidente nacional oportuno y diferente que, con obras puntuales y sentidas, se ha ganado una altísima valoración de las grandes mayorías nacionales excluidas históricamente, en el sentido y la dimensión de ser centro-agenda y política pública de una gestión de gobierno.
 
Entonces, siendo las cosas así, es casi mandatario que el Comité Político conozca y debata lo que Ramón Ventura Camejo y otros dirigentes peledeístas han venido demandando: que se debata o se explore la posibilidad de analizar la conveniencia de propiciar una reforma constitucional a los fines de rehabilitar la figura de “una reelección y nunca jamás” para que el Presidente Danilo Medina –dueño de una altísima valoración ciudadana- pueda optar por un segundo y último mandato.
 
Tal debate, en el seno del Comité Político, no sería nada ajeno al método de trabajo científico-metodológico-político -herencia del otrora partido-escuela de cuadros que fundara Juan Bosch- de ese superior organismo, a menos que el ABC del pragmatismo político (hacer lo que conviene “políticamente”) se haya ido a la porra y estemos asaltados por la magia de un mutismo jerárquico-orgánico inexplicable.
 
Pero, honestamente, esa sinrazón o tozudez no se la imagino siquiera a los recién llegados a ese organismo…, mucho menos, a ese Comité Político que ha sabido regentear y ganar múltiples triunfos electorales que, diga lo que se diga, se han traducido en avances tangibles y significativos para el país (a pesar de las sombras, porque no hay obra humana perfecta e infalible).
 
De modo, que no hay manera de seguir dando vueltas y evadiendo el bulto (el debate sobre la conveniencia o no de una modificación constitucional), a menos, insisto, que se haya olvidado el ABC de la política o que una mezquindad ciega nos esté nublando la razón, la objetividad, o lo que es peor, que, increíblemente, estemos apostando, equivocadamente, a que los plazos y el calendario político-electoral se nos venga encima.
 
Y si eso es así –y me niego a creerlo (aunque cinco meses sin reunirse el CP es más que sintomático)-, entonces, que siga el entierro… (El de pensar el partido y las reformas nacionales pendientes).
 
No obstante, y en mi caso, anti-reeleccionista sin beneficio, solamente quiero que se registre esta incoherencia ecléctica mía…, y que dije –como siempre- lo que pensaba.
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