El escenario bélico de 2026
Por FRANCISCO URIBE
A fecha de abril de 2026, la arquitectura de seguridad global se encuentra bajo tensiones solo comparables al preludio de la Gran Guerra de principios del Siglo XX; dos ejes bélicos masivos que redefinen el equilibrio de poder internacional.
Por un lado, presenciamos la prolongada e industrial guerra de desgaste entre Rusia y Ucrania y por el otro lado, el reciente conflicto desatado en febrero de este año tras los ataques preventivos de la coalición liderada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán (al margen de lo establecido por el derecho internacional).
Aunque ambos escenarios difieren drásticamente en su ejecución militar, operan en un sistema internacional fragmentado, compartiendo profundos paralelismos y acelerando la transición hacia un orden multipolar altamente inestable. Las guerras actuales no son eventos mutuamente excluyentes, sino engranajes de una misma crisis de hegemonía.

Divergencias de los conflictos
La primera gran divergencia estratégica reside en los objetivos de los actores principales:
• El frente en Europa Oriental: La guerra ruso-ucraniana es un conflicto de tipo industrial y territorial, característico de la doctrina del siglo XX. El objetivo del Kremlin se centra en la anexión física y la neutralización de Ucrania como Estado tapón frente a la OTAN (tratando de cuidar sus fronteras, ante el deseo de Ucrania de ser parte de la OTAN). Para abril de 2026, la línea de contacto se ha estabilizado en una táctica de desgaste donde los avances se miden en decenas de metros diarios, asumiendo un costo humano altísimo.
• El frente en Medio Oriente: La guerra de la coalición occidental contra Irán, detonada tras la muerte del Líder Supremo Alí Jameneí, persigue objetivos de decapitación de régimen y degradación de la capacidad nuclear. Evitando una invasión terrestre masiva, se perfila como una campaña aeroespacial y de ataques de precisión orientada a provocar el colapso del denominado «Eje de la Resistencia» (con los proxis de Irán). En respuesta a esta amenaza existencial, Irán ha regionalizado el conflicto mediante la movilización de milicias y el asedio naval táctico.
La fricción de la Defensa Aérea (desde el punto de vista táctico), el impacto geopolítico más palpable es la sobreextensión de las capacidades de las potencias y el drenaje simultáneo del hardware militar de Occidente. Existe una competencia de suma cero por los recursos defensivos, fenómeno que los analistas denominan el «Apretón de los Patriot» (aranceles, defensa misilística y alianzas condicionadas como nuevo eje del poder global).
Los sistemas de interceptación que Kiev requiere con extrema urgencia para mitigar la artillería balística rusa han sido redirigidos por el Pentágono para proteger las bases estadounidenses y las ciudades israelíes de las represalias con misiles y drones por parte de Irán. Esta sequía logística evidencia una grave vulnerabilidad estratégica. A su vez, la asimetría tecnológica ha evolucionado: mientras Rusia ha internalizado la producción de drones de ataque tipo Shahed, Irán depende ahora de la tecnología de Moscú para intentar contener la supremacía aeroespacial de la coalición occidental.
El efecto espejo: Ambos teatros de operaciones demuestran que las arterias comerciales y energéticas globales han sido militarizadas de manera definitiva. La invasión de Ucrania en 2022 colapsó en su momento el mercado agrícola del Mar Negro y reestructuró la matriz gasífera europea. En 2026, la disrupción iraní en el Estrecho de Ormuz ha paralizado el tránsito marítimo vital, generando una crisis inflacionaria en cascada que afecta desde los suministros de diésel en Europa hasta la producción industrial en Asia.
Este estrangulamiento ha catalizado una guerra financiera. En una clara ofensiva contra la hegemonía del dólar estadounidense, Irán ha forzado a los buques comerciales a pagar peajes de tránsito a través de Ormuz utilizando yuanes chinos o criptomonedas, un paralelo evolutivo al aislamiento de Rusia del sistema SWIFT en los primeros compases de su guerra.
Consecuencia
Paradójicamente, la consecuencia macroeconómica más relevante de esta nueva escalada es el beneficio indirecto para Rusia. El cierre intermitente del Golfo Pérsico ha disparado el precio del crudo por encima de los 100 USD por barril. Ante este choque petrolero, la administración del presidente Donald Trump se ha visto forzada a relajar temporalmente ciertas sanciones sobre el crudo ruso (irónico) ya en tránsito para estabilizar el mercado global.
Este rescate financiero dota a Vladimir Putin de una inyección de capital invaluable, permitiéndole equilibrar su presupuesto militar justo cuando la asfixia económica comenzaba a fracturar su maquinaria bélica.
En conclusión, Estados Unidos enfrenta hoy un doble dilema: bajo una doctrina de «Paz mediante la Fuerza». El teatro de operaciones en Medio Oriente absorbe de forma irremediable la atención política, los fondos presupuestarios del Congreso y el hardware antimisiles que Ucrania necesita desesperadamente para mantener su soberanía.
Esta dinámica interconectada erige a Rusia como el «ganador estratégico silencioso» de 2026. Al observar cómo la concentración militar de Occidente se desplaza hacia el sur, el esfuerzo de guerra ucraniano se debilita, dejando al régimen de Kiev en una posición de extrema vulnerabilidad diplomática de cara a las conversaciones de paz proyectadas para junio en Abu Dabi y a merced de lo que disponga la Unión Europa y la OTAN (sin EEUU) que al efecto, tampoco querrá dejar su stock de defensa vacío.
En definitiva, la geopolítica global contemporánea ya no se fundamenta en la contención disuasoria o las resoluciones institucionales, neutralizadas por la inacción del Consejo de Seguridad de la ONU. Se rige por la capacidad de los bloques para resistir la fricción incesante de la guerra industrial y asimétrica.
En este nuevo orden, mientras Ucrania lucha por su supervivencia física e Irán por su preservación sistémica, las potencias definen su hegemonía en la oscuridad de los campos minados del Donbás y las rutas marítimas del Golfo Pérsico.
jpm-am

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Cada dia la situacion se complica mas. A Israel no le interesa la paz. No oye a nadie ni le importan las consecuencias.