OPINION: El Bronx está cambiando; y no será para mal
Alguien diría que se debe a la pobreza del liderazgo nuestro, y tiene algo de razón. Otros, talvez mas involucrados en los procesos políticos locales, piensan que, la apatía de nuestra gente es la causa de la marginación que padecemos, y también hay algo de cierto en el planteamiento.
Pero si sometemos la controversia al análisis científico y racional, tenemos que concluir en que este fenómeno del “retardo” dominicano en el empoderamiento de nuestra gente, es el resultado de una serie de factores que inciden en el comportamiento ciudadano criollo, que nos hace débiles e inseguros al momento de actuar colectivamente.
Lo primero, aceptar que “la calidad” de la migración dominicana, si es que ese -calidad- sea el adjetivo apropiado, está afectada mayormente por la necesidad de sobrevivir y que, al llegar, nos concentramos en producir dinero para enviarlo a nuestras familias. Y eso no es malo, eso habla muy bien de lo responsables que somos; pero, necesitamos atender a otras necesidades locales; a la educación de nuestros hijos, por ejemplo.
Otra circunstancia que nos acogota es el hecho de que “vinimos para volver”, aunque nunca lo logremos plenamente. En este punto, hay que precisar que nuestros muchachos “no planean volver de retirada” como nosotros. Si los trajimos o los engendramos aquí, ellos siempre tratarán de hacer sus vidas en el sitio que crecieron y se formaron como ciudadanos.
Por eso tenemos que ayudarlos a que se preparen, académica y culturalmente. Que se gradúen en las universidades, de ser posible. Sólo cuando ascienden socialmente, logramos que mejore la calidad de vida de la familia y se sienta el éxito de nuestra migración. La idea que debe flotar en la mente de todos es: involucrarnos en la educción a nuestros hijos y de nosotros mismos.
Pero todavía existe otra tara, que nos limita y reduce el horizonte. Se trata de la tendencia que tenemos a la militancia partidaria de nuestro país y que traemos en la maleta, como parte del equipaje socio-cultural de cada uno de nosotros. No se trata de renegar de los principios políticos y de la orientación ideológica de nuestros padres sino, de aceptar que en adelante nuestras demandas serán diferentes y que, por tanto, estamos compelidos a organizarnos en función de la realidad social de este país, nuestro nuevo país.
Si tuviéramos que definir en pocas palabras, el ABC de una cartilla cívica para ciudadanos inmigrantes exitosos, dijéramos: aprender el idioma, no delinquir, respetar el espacio de los demás, pagar los impuestos e invertir en la segunda generación.
Estas cinco sencillas reglas, nos garantizarán que al menos, nuestros hijos y nietos, alcanzarán exitosamente el “crossover”, que no es mas que pasar de simples inmigrantes, a ser “ciudadanos de primera” en esta sociedad de grandes contrastes, pero de múltiples oportunidades.

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