El autismo y la salud mental tienen un vínculo real
La relación entre la salud mental y el autismo es un tema cada vez más relevante en el debate médico y social. Las personas con trastorno del espectro autista (TEA) no solo presentan diferencias en el desarrollo neurológico y en la manera de procesar la información social y comunicativa, sino que también tienen un riesgo mucho mayor de experimentar problemas psicológicos a lo largo de su vida.
La evidencia científica muestra que hasta un 70 % de las personas con TEA presenta al menos un trastorno psiquiátrico en algún momento de su vida. Los más comunes son la ansiedad y la depresión, pero también aparecen con frecuencia el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el déficit de atención e hiperactividad (TDAH), las fobias específicas y los problemas del sueño.
Cuando no se atienden de manera oportuna, estas condiciones pueden empeorar significativamente la calidad de vida, afectando la autonomía y la integración social.

La relación entre el autismo y la salud mental es compleja y responde a distintos factores. En el plano biológico, influyen las alteraciones en la conectividad cerebral, los componentes genéticos y el funcionamiento particular de ciertos neurotransmisores, asociados tanto al espectro autista como a diversos trastornos psiquiátricos.
En el ámbito social y ambiental, la discriminación, el acoso escolar y la falta de comprensión en la familia generan un estrés constante que puede desencadenar depresión o ansiedad.
A esto se suma la hipersensibilidad sensorial: para muchas personas con autismo, estímulos como ruidos intensos, luces brillantes o el contacto físico resultan abrumadores y contribuyen a un mayor malestar psicológico.
Uno de los grandes desafíos es que los síntomas del autismo y los de los problemas de salud mental a menudo se superponen. El retraimiento social, por ejemplo, puede ser una señal de ansiedad, pero también parte del propio perfil autista.
Esto provoca un riesgo doble: sobre diagnóstico en algunos casos o subdiagnóstico en otros, lo que retrasa la identificación y el tratamiento adecuados.
El abordaje de la salud mental en personas con autismo debe ser individualizado y adaptado a su estilo cognitivo y comunicativo. La terapia cognitivo-conductual ajustada al TEA, la psicoeducación familiar y la terapia ocupacional han demostrado ser útiles.
Además, el acceso temprano a apoyo psicológico y psiquiátrico es fundamental para reducir complicaciones, mejorar el bienestar y favorecer la inclusión social.
El autismo no es un trastorno de salud mental, sino un trastorno del neurodesarrollo. Sin embargo, quienes se encuentran dentro del espectro presentan una vulnerabilidad mucho mayor a desarrollar problemas psiquiátricos y emocionales.
Reconocer esta realidad y ofrecer una atención integral es clave para garantizar no solo el bienestar individual, sino también la plena participación de las personas con TEA en la sociedad.
jpm-am

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