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Juan Bosch, en las elecciones de 1962, inauguró una nueva pedagogía política-electoral con su componente lingüístico-sociológico (es decir, articuló un discurso político-electoral de fácil compresión para las masas, habló de “tutumpote”, de “hijo de machepa”, etc.); Balaguerinstrumentalizó todo un entramado político-sociológico e idiosincrático para ganarse y sustentarse en el poder con el apoyo del campesinado, de los sectores conservadores, los militares (casi todos trujillistas); pero, sobre todo, de una lógica del poder mezcla de fraudes electorales, represión, subordinación –con cierta autonomía- a los Estados Unidos, corrupción pública, realizaciones y manejo excepcional del liderazgo carismático-mesiánico que ejercía; Leonel Fernández, fue el relevo político-electoral de Bosch y Balaguer que supo innovar y marcar –con realizaciones- su signo particular; Hipólito Mejía fue el “conchoprimo” folclórico, caricaturesco y populacho que contagió y descarriló el país; en cambio, Danilo Medina ha sido el fenómeno político-electoral del ascendente inédito e increíble que ha sabido colocarse y elevarse –con realizaciones- en una coyuntura política internacional signada de crisis, de perplejidades y del síndrome reeleccionista (casi todos los Presidentes latinoamericanos de los últimos 10 años, intentaron reelegirse o lo hicieron).
Sin embargo, no es sobre esa ruta, política-electoral e histórica de esos líderes, de lo que quiero fijar la atención, sino, de cómo el Presidente Danilo Medina ha sabido ponerse en la lógica emotiva del momento electoral, para primero, entender la postura irracional y desproporcionada de una oposición que, prácticamente, se da por derrotada antes de las elecciones exigiendo y demandando un conteo manual de los votos que no hay forma de eludir pues antes de escanear hay que contar; y segundo, de cómo –el Presidente- ha apelado al cancionero popular para exclamar –ayer mismo- “llegaron los monstruos men”.
Quizás, porque algo de humor y de repentismo hay que ensayar ante tantas máscaras –las de la oposición- que, curiosamente, no se pusieron de acuerdo para, siquiera, enfrentarlo, pero si para hacer el ridículo. ¿Habrá alguien visto tan disparatada coincidencia? Lo dudo.
No obstante, ha sido hasta relajante que un líder-Presidente como Danilo Medina -nada dicharachero- haya apelado al cancionero popular para disipar el ambiente de tensión, de crisis y de pánico en que la oposición ha querido convertir el último tramo de la campaña que, dicho sea de paso, ha sido la más pacífica de las últimas décadas.
Y todo, porque no aparecen punteros en las encuestas y porque sus pobres ofertas electorales no han calado en las grandes mayorías nacionales. Pero, ¿de quién es la culpa pues? Sencillamente, de ellos!
De modo que, hasta en el manejo de la lógica emotiva del momento electoral, el candidato-Presidente Danilo Medina ha sido superior. Y entonces…: ¿cómo y con qué lo van a derrotar?
jpm

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