¿Cuántas veces se muere uno? (OPINION)
Deberíamos decir que la muerte es «aquel» momento donde «todo se apaga», donde todo termina. Pero, ¿cuántas veces a través de nuestra vida hemos apagado momentos?
¿Cuántos instantes se han terminado? Yo entiendo que uno pasa por muchas etapas y que cada una de ellas nos deja «una muerte» al costado.
Para entender mejor este latido, debemos entender que toda ausencia es la falta de algo. Algo que se nos fue y que ya no está. En la infancia, por ejemplo, solo quedan «pequeños recuerdos», difusos, enrarecidos de detalles.
Serían como los sueños en los que participamos ocasionalmente. Uno muere diariamente, constantemente, inevitablemente, porque la vida es solo memoria. Momentos fugaces que no paran ni se detienen ante el tiempo.

Vamos arrastrando muertes constantemente, ya que la muerte nos va dejando vacíos. Todo instante muere instantáneamente. Porque la vida solo se puede entender en el ahora.
Lo sucedido está muerto y permanecerá en tu memoria mientras tú lo puedas alimentar, pero solo será un retrato, un cuadro abstracto, de inciertas añoranzas perdidas en recovecos de la consciencia.
Lo definitivo será «aquello» que «uno sabe» anda «por ahí», pero si no lo ves, si no sabes de él, está muerto.
Un amigo, un amor, una escuela, un barrio. Todos están muertos porque estamos creados de momentos, y al volver a verlos, ya son otras cosas. Están transformados en distintos mundos.
Lo que dio vida a todos ellos murió en el pasado y nunca serán lo que todos dejaron, ya que lo que nos da sentido, diariamente, se va perdiendo segundo a segundo.
He vivido en distintos lugares, conocido a miles de personas y noto cómo se van desapareciendo; así me quedé parado en el mismo lugar. La dinámica de la vida perece con la dinámica de los momentos.
Una muerte es ausencia, debo recordar. Sabemos que está allí, que anda dando vueltas en el mismo lugar que le dejamos y hasta acudiremos a llamarle, de vez en cuando, como si con ello volviéramos al sueño dejado.
A la nostalgia anhelada, a una felicidad perdida, a un deseo insatisfecho. Añoramos el pasado muerto, dándole vida en una memoria inmortal que se empeña en vivir de los fantasmas.
Al final, no es la vida, sino el cúmulo de recuerdos. La hilera de funerales que partieron llevándose los momentos disfrutados o indeseados.
La vida tiene este mecanismo que lo arrastra todo, lo bueno y lo malo. No es selectiva ni condescendiente de sentimientos. No nos permite aferrarnos a nada y, sin embargo, nos empeñamos en no permitir que lo muerto, muerto esté.
Continúa el sueño en otras galaxias y ciudades. Otros momentos continuos en una rueda que no se detiene a riesgo de morirse de verdad.
Y aun así, entre «esa muerte» inhóspita y fría, existe el calor del tiempo indetenible, que nunca muere y se expande hacia un infinito que, curiosamente, anhelamos ver. Y, sin embargo, continúa entrelazando muertes que nunca dejan de morir diariamente. ¡Salud! Mínimo Morinero.
jpm-am

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DATE UN TIRO EN LA SESERA CON UN SHOTGUN Y DE SEGURO QUE NI CUENTAS TE DARAS DESPUES DEL PLOMAZO. SI TU TE HUBIERAS MUERTO ANTES NO ESTARIAS ESCRIBIENDO INCOHERENCIA INFANTILES.
Wao, Maravilloso!