OPINION: ¿Crisis de los partidos políticos o de sus cúpulas-líderes?
Por años he sostenido la tesis o enfoque -equivocado o no- de que lo que está en crisis de nuestro sistema de partidos políticos no son esos “aparatos” -como le llamabaNarcisazo González– per se, si no: a) el marco jurídico-político que sustenta su “legalidad-perpetuidad” (Ley lectoral obsoleta y sendos proyectos de leyes -reforma a la ley electoral, ley de partido y de garantías electorales- que duermen el sueño eterno en el Congreso); y b) los liderazgos y jerarquías que los regentean y monopolizan sin ninguna refrendación eleccionaria universal en sus organizaciones -en el caso del PLD, desde el 2001-.
De modo que, el problema de los partidos políticos tradicionales está íntimamente ligado a una concepción de monopolio orgánico (post desaparición del liderazgo o caudillismo deBalaguer–Bosch -en su caso, político pedagógico y doctrinario- Peña-Gómez), o si se quiere, a una arraigada cultura de pertenencia de las cúpulas y liderazgos que no propician ni empujan procesos internos de renovación y relevo democrático, y más bien, propician y fomentan posposiciones eleccionarias, subterfugios baladíes (plebiscitos, conferencias, acuerdos y talleres), o cuando no, generan bolsones de crisis o turbulencias para imponer permanencia cuasi vitalicia, proyectos presidenciales, cambiar correlación de fuerzas internas, etcétera.
Todo desde una lógica de hegemonía-superestructura política en donde el partido, no es el todo orgánico, si no, la élite –o sanedrín- que sanciona y decide todo, porque el “todo orgánico”, en el contexto e imposición-control de esa “dinámica evolutiva” –o mejor dicho, involutiva- de partido político, está frisada o anquilosada en una suerte deConvidado de Piedra (que es lo que son las Comisiones Ejecutivas, los Secretariados y los Comités Centrales de esos “aparatos”) por voluntad y hegemonía de esas jerarquías omnímodas.
Y el primer síntoma o indicio, en mi opinión, de querer prolongar-perpetuar semejante estado de cosa o negación de lo que debe ser un partido político democrático, es, precisamente, cuando sus cúpulas o liderazgos apelan al discurso –cliché- de disciplina, modernidad y formación política, sin antes asumir el liderazgo de abogar, primero, por los proyectos de leyes -engavetados en el Congreso y emanados de esos mismos “aparatos”- que propugnan superar el actual marco jurídico-político en que operan los partidos políticos (que perpetuán precisamente esos liderazgo-caudillismos) para llevarlos a estadios de fomento de democracia interna, supervisión de campañas y control y fiscalización de los recursos económicos que manejan ya por ley –los que la JCE les asigna-, cotizaciones internas y privadas; y segundo, propiciando procesos eleccionarios internos democráticos.
En síntesis, que si queremos poner en orden una casa, una empresa o un partido político, lo primero, es, como condición sine qua non, haciendo un levantamiento de doble vía, estos es: hacia dentro y hacia fuera. O lo que es lo mismo: examinar cómo nos proyectamos hacia fuera (siendo coherente con lo que proponemos) y cómo nos proyectamos hacia dentro (siendo critico-autocritico coherente de nosotros mismos).
Y en todo caso, y si hablamos de un partido político, procurar, siempre, legitimidad refrendaría que, dicho sea de paso, se va relajando-perdiendo cuando nos entretenemos demasiado tiempo -en posiciones de jerarquías- posponiendo y justificando la no realización universal de procesos eleccionarios internos como establecen sus estatutos, porque como establecieron, en sus praxis-liderazgos- Gorbachov, Mandela y Mujica, 10 años es más que suficiente para realizar una obra política-social de trascendencia, y si se quiere, de liderazgo político no refrendario a lo interno de un partido político.
Entonces, el problema no es tan simple como decretar liderazgos y disciplina de arriba hacia abajo (sin autocritica), si no, y para el caso de la República Dominicana, auscultar y reparar –desde una determinada praxis política- sobre qué tipo de partidos políticos existen y son referentes electorales. Ambas realidades nos refieren (por simple lectura): a que son de masas –incluido el PLD, cuya jerarquía quiere un partido de masas para ganar elecciones, y luego, consumado el triunfo electoral, se repliega a uno de cuadros que ya no existe- y que son referentes electorales, por lo tanto -y como los partidos son de masas- hay que saber y entender que es deber sagrado de sus cúpulas y líderes llevar-manejar dos variables indispensables: a) si se es simpatizante (este solo necesita formación política de carácter informativo no rigurosa) o, si es miembro-militante -que quiere hacer carrera política- (este último necesita formación política rigurosa); y b) que no hay forma de que un partido de masas pueda mantenerse-realizarse con dinámica de continuidad -y mucho menos, si esta en el poder- si no hay procesos eleccionarios internos (llámese primarias o convenciones) y relevos democráticos de sus cuadros sin nepotismos ni caudillos inamovibles.
Esa es la dinámica universal de los partidos de masas y es la única garantía de acatamientos disciplinarios, cohesión relativa interna y de respeto a la autoridad de los liderazgos que siempre tendrá -en la lógica-mentalidad de un partido de masas- una correspondencia biunívoca con una cierta legitimidad refrendaría lo más apegada al mandato de sus estatutos.
Pero el más grave problema-desafío de un partido de masas lo confronta cuando está en el poder y, por las razones que fuere, no le da una salida oportuna y adecuada a esos dos aspectos orgánico-aspiracionales (o momentos internos): a) formación política informativa o rigurosa; y b) procesos eleccionarios internos que garanticen movilidad y relevo de liderazgos internos en base a méritos, trayectorias y resultados. Y ya en el gobierno, promoviendo y empoderando a sus cuadros políticos y técnicos calificados.
Finalmente, no habrá partido de masas –duradero, apto y con acatamiento disciplinario- donde no hay atención-ocupación partidaria sistemática de su jerarquía (vale decir, una Comisión Ejecutiva, un Secretariado y un Comité Central legitimado-refrendado y entregado por el todo), donde no hay un mínimo de formación política, procesos eleccionarios internos sin posposiciones y empoderamiento de sus cuadros políticos y técnicos calificados, y mucho menos si existen clanes familiares y de allegados que controlan y detentan espacios de control y de poder en el partido y en el gobierno (porque entonces, ¿y su militancia? ¿Qué?: ¿A hacer política para amigos y clanes familiares? ¡No!).
Pues, si se dan y prevalecen esas distorsiones-vicios o privilegios de excepción, lo doctrinario, la disciplina y la propia formación política –en sus dos vertientes- no serán suficiente para crear la consciencia o certeza-seguridad de que los procesos internos se cumplirán y que las promociones u aspiraciones (¡muy válidas!), en esos partidos, vendrán por meritos, trayectorias y por los canales orgánicos establecidos, y no por amiguismo, nepotismo, tráfico de influencia o, vía la imposición de un determinado cacique-jerárquico, o peor, porque no pertenece a tal o cual grupo o tendencias (a propósito, ojalá que estas últimas siempre existieran siempre y cuando fueran de carácter política-ideológica, y no de chismes y correveidile).
Y que conste, estoy de acuerdo con disciplina y formación política (y que por algún recodo habrá que empezar a corregir distorsiones, privilegios y glotonerías); pero desde un proceso, previo, de crítica y autocritica; y, sobre todo, desde una voluntad política –expresa- de rectificaciones contantes y sonantes, y no de discursos y alharacas coyunturales, carentes de contenidos democráticos.
jpm
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