Creo en el amor
El amor como comportamiento humano ha sido separado en varios renglones, tales como el amor filial, el cual es el amor entre familia; amor ágape, el cual es el amor de compartir cosas con las demás personas y; amor eros, el cual es el amor entre los que se aman carnalmente. Esta clasificación viene del griego común, más que de una definición conceptual cristiana, de ahí que, pueden existir otras consideraciones sobre el amor.
La verdadera definición de amor está en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y de todos los cristianos. El apóstol Juan escribió: «El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor,» como también: «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él» I Juan 4:8, 16.
Creo en el amor, porque el amor es fruto del Espíritu Santo en el creyente. Todo aquel que tiene el Espíritu, tiene que amar como una manifestación de él en la vida del creyente. Se puede conocer la presencia del Espíritu, mediante el amor, y el que no tiene el Espíritu no es de Dios. Ahora bien, se puede que analizar la vida personal y colectiva, si realmente somos de Dios o no, mediante la vida en el amor.
Creo en el amor porque es la virtud mayor de todas las virtudes cristianas, por consiguiente, antes que la fe, la esperanza, la justicia, la humildad, entre otras está el amor. Confundir esa realidad es un error gravísimo, ya que sólo se puede decir que tenemos a Dios, si ponemos nuestra vida en consonancia con él, pues él es amor. Es responsabilidad del hombre amar a todo ser humano, incluyendo a sus enemigos.
Creo en el amor, porque amo a Dios mi creador, no solamente por el mandato que exige que amemos a Dios con todo el corazón, toda nuestra alma, y con toda la mente, sino como efecto de conciencia por mi existencia, pero a la vez, por agradecimiento de todos los parabienes concedidos. Ser recíproco con Dios, es más que un deber, es ser persona capaz de proyectar a ese Dios en nuestras vidas.
Creo en el amor, porque debo amar a mis congéneres, sin quienes no podría ser feliz ni tener éxito, ni realizarme y posiblemente ni vivir. La vida humana, sólo es posible por el hacer de los demás. Qué hubiese sido Adán sin Eva; que hubiese sido el mundo sin los científicos; qué fuera el hombre de ciudad sin los agricultores y viceversa. Todos nos necesitamos, por lo tanto, debemos amarnos los unos a los otros.
Creo en el amor, porque amar es servir a los demás, es buscar el bien para otros, evitando el egoísmo. El amor es de Dios. Este no es una apreciación intelectual ni psicológica, más bien, es la manera de realizarnos como personas, de ser útil a los demás, y de glorificar a Dios con nuestros hechos y aptitudes. El que ama sirve, el que no ama no ha conocido el bien mayor del ser; amar es lo contrario del odio, rencor y venganza.
Creo en el amor, porque el que ama no hace mal al prójimo. Las iglesias, conformadas por humanos, y presencia del objetivo de Dios, deben ser las que más amor demuestren, sin embargo, ha habido mucho descuido, en este aspecto. No hay doctrina más importante que el amor. La familia debe andar en el amor; las sociedades deben fortalecerse en el amor y; toda acción en el mundo debe fundamentarse en el amor.
El apóstol Pablo escribió «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retine. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» I Co. 13:1- 4.
Dios es amor, y lo demostró enviando a su Hijo para que padeciera en beneficio de nosotros quienes somos pecadores. El amor implica sacrificio. «Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno .Mas Dios mostró su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» Rom. 5:6- 8.
jpm-am

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