Cibercondría y “Dr. Google”
En la actualidad es común que si alguien siente malestares generales o presenta alguna sintomatología específica recurra al internet antes que a cualquier médico, intentando encontrar una respuesta que explique las razones de su malestar.
Cuando encuentra una enfermedad en la que encajan las molestias que presenta da por hecho que padece dicha enfermedad y guiada por los hallazgos y recomendaciones que encuentra comienza a automedicarse.
En cierto modo esta es una actitud comprensible, a la que en alguna ocasión todos hemos recurrido. Tanto es así, que estudios realizados en España demuestran que el 80% de la población recurre a Internet para buscar temas relacionados con la salud. En cambio, ante la presencia de malestares generales o enfermedades, la consulta a un médico solo la realiza un 70% de los afectados, a pesar de que la misma no implica costo para estos.
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La inquietud natural que percibe la persona con alteraciones de la salud y que la lleva a buscar informaciones y respuestas en internet deja de ser normal cuando la búsqueda de información médica en internet se vuelve excesiva y repetida, y tiene el inconveniente de que la persona sin conocimientos médicos siempre tendrá dificultades para entender e interpretar correctamente la información que encuentre sobre sus malestares, lo que puede derivar en confusión e incluso en interpretaciones tan erradas que pueden resultar peligrosas.
Por otra parte, hay que considerar que no toda la información disponible en Internet es fiable, pero para quien la misma coincide con sus malestares, la acepta plenamente y utiliza los tratamientos recomendados con absoluta confianza y seguridad de que estos le devolverán su salud perdida.
Pero frecuentemente se observa que personas no médicos, por historias o referencias sobre otras personas utilizan las informaciones para autoconvencerse de que padecen alguna enfermedad cancerosa y se aíslan y rechazan visitar a un médico.
La preocupación excesiva y la ansiedad que una persona experimenta debido a la información médica que encuentra en línea recibe el nombre de cibercondría. Estas personas frecuentemente interpretan erróneamente esa información para llegar a la conclusión de que padecen una enfermedad grave o peligrosa, incluso cuando eso no es necesariamente cierto. En muchos casos ya han visitado a su médico y el mismo ha descartado esa posibilidad.
La ansiedad que desarrollan estas personas es tal, que con frecuencia pasan horas navegando por sitios web médicos y otros recursos en línea buscando información sobre enfermedades que están convencidas de tener.
El término cyberchondria es un neologismo derivado de los términos cyber- y hypocondria, que se utilizó por primera vez en 2001, en un artículo del diario inglés The Independent para describir “el aumento de la ansiedad por enfermedades debido al excesivo uso y consulta de webs de salud”. También se le conoce como “compucondria”.
Preocupación
La cibercondría constituye una gran preocupación para muchos médicos, ya que los pacientes investigan los diagnósticos que se les hacen y confrontan los síntomas que para esa enfermedad se refieren en internet y dan mayor crédito a las recomendaciones de internet, que a las que les hace su médico. Cuando por las descripciones de internet el paciente entiende que su enfermedad es mucho más grave que lo dicho por su médico, esto les genera un gran estado de ansiedad y cierta paranoia.
En los casos en que la persona enferma prioriza la visita al médico y luego busca información sobre su enfermedad; al estar mejor informada puede sentirse más involucrada en su atención médica y estar en mejores condiciones para tomar decisiones sobre las propuestas de tratamiento que le hace su médico, porque le consulta sus dudas y define si la información que encontró es precisa y confiable, o, por el contrario, es incorrecta o engañosa.
El mayor problema de los cibercondríacos es que basados en la información que descubren recurren a la automedicación. Esto puede ser valedero para padecimientos sencillos, pero no para enfermedades importantes. Además, la automedicación plantea implicaciones bioéticas, puesto que si bien, el paciente al buscar información y decidir medicarse, según lo que encontró, está ejerciendo su autonomía de la voluntad, puede autoviolar ese mismo derecho, si la información encontrada y los tratamientos recomendados son errados.
Y peor hacen aquellos que recuren a las consultas virtuales, aprovechando la inteligencia artificial, que se han puesto en boga, y piden recomendaciones de salud, no a un médico, sino al internet como tal. Esto puede representar un peligro para su salud y hasta para su vida.
Hay que reconocer los avances de la ciencia y la tecnología, pero también hay que estar al tanto de sus limitaciones y riesgos. Ante la presencia de una enfermedad la mejor recomendación sigue siendo visitar a un médico.
El “Dr. Google” puede ser una herramienta útil para la salud si se utiliza correctamente, pero nunca se debe perder de vista que la información encontrada en Internet no debe reemplazar el consejo médico profesional. Siempre se debe consultar a un profesional de la salud para el diagnóstico y tratamiento de cualquier enfermedad. Hacer cualquier otra cosa es un error.
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