Alvarito: El poder encima del trono
La figura del patricio y libertador Juan Pablo Duarte hace muchos años que dejó de ser réquiem de importancia para la partidocracia; y es razonable, porque a una gran parte de los dominicanos no les importa que en las escuelas e instituciones públicas y privadas se esté izando la bandera, entonando las notas gloriosas del himno nacional o realizando cualquier otro encuentro para resaltar los símbolos patrios porque eso para ellos no reviste importancia.
Proferir la figura del padre de la patria con palabras obscenas, ofensivas, desconsideradas, difamatorias y fuera de contexto, como las que vomita diariamente “el líder de opinión”, Álvaro Arvelo hijo, en la Z-101, no son para generar una sanción por veinte días, como la dispuesta por la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, en contraposición a lo que establece la ley y respondiendo a peticiones e intereses políticos.
Alvarito es el poder encima del trono, que no puede ser tocado ni con el pétalo de una rosa, un inicuo (sin equidad e injusto), que con premeditación alevosía y acechanza distorsiona, confunde, ofende y manifiesta su odio con ímpetu degradante contra aquellos que no satisfacen sus preferencias, tocando sensibilidades, hasta llegar a mancillar sin menoscabo la figura de Duarte, convirtiéndose en objeto generacional de las más burdas críticas.
Como organismo rector y control de la comunicación en el país, la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, debe desempeñar su función, tal como lo establece el Artículo 2 del Reglamento 824, “evitando que en la República Dominicana se lleven a cabo espectáculos públicos y emisiones radiofónicas que ofendan la moral, las buenas costumbres, las relaciones con países amigos y en general que puedan ser perjudiciales a los principios y normas del pueblo dominicano”.
Es cierto que desde su fundación, la Z101 ha venido desempeñando un papel que contribuye al fortalecimiento de la comunicación, haciendo grandes aportes a la sociedad dominicana, insertando profesionales del periodismo con criterio ético y generando oportunidades que benefician a jóvenes emprendedores, sin embargo, en el caso de Alvarito, no es menos cierto de que es un generador de opinión negativa y personificada.
Las influencias y relaciones políticas deben quedar en otro plano cuando se trata de cumplir la Ley. Alvarito debe ser expulsado definitivamente de los medios de comunicación, en cumplimiento de las normas establecidas y en respuesta a una sociedad que exige respeto a la moral y la dignidad humana.
Orientar, informar, alegrar y educar, es el papel que deben jugar los medios de comunicación, sin embargo, no hay manera de cumplir con estos parámetros, porque para influir y lograr notoriedad es preciso incurrir en el morbo e influenciar con términos perturbadores que socaban los principios, la moral y las buenas costumbres, restando importancia a lo profesional hasta llegar al extremo degradante de lo subliminal y ofensivo.
Alvarito es un reducto insertado en los medios de comunicación para defender la inmoralidad, la corrupción, el despilfarro y todos aquellos dictámenes que embadurnan las cimientes de la podredumbre y; como les permiten todas sus alegorías (pretende dar una imagen a lo que no tiene imagen), se endiosa reiterando “yo soy amigo del gobierno”, para decir lo que dice y ofender a todo aquel que no satisface sus intereses.
La figura de Juan Pablo Duarte, al igual que el himno y nuestra enseña tricolor deben ser respetadas por encima de cualquier decisión política o de otra índole. Álvaro Arvelo hijo no puede seguir siendo el artífice del odio y la insensatez en los medios de comunicación.

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Arvelo no es mas que otro agripino, lapas que se pegan a todos los gobiernos pretendiendo ser utiles y con su demagogia engañan. Si hay algo que merezca respeto son nuestra bandera, Himno y heroes nacionales, da pena decirlo pero Trujillo obligaba a que se respetasen, Balaguer tambien, a los otros gobiernitos que hemos tenido, la patria se convierte en un instrumento mas para el rapido enriquecimiento y por eso se le ha perdido respeto a todo, Arvelo es un deprimente ejemplo.