Al amigo y Embajador Aníbal De Castro
Fue en el año 1989 cuando por primera vez toque a su puerta. Creo, si no me equivoco, que, a la sazón, dirigía el periódico vespertino “Última Hora” de formato atractivo y diagramación novedosa que lo hacía de fácil lectura, amén de su contenido informativo y diversidad-pluralidad de cobertura en sus páginas de opinión de la que yo me beneficie por casi diez años. Pero no es de periodismo ni de la novedad de un vespertino que seguramente dejó su impronta en el diarismo nacional, sino del amigo-Embajador que después de reencontrarnos; ahora, y a sólo tres años del reencuentro, la diplomacia y los designios del deber cumplido, nos vuelve a separar de ciudad, clima y tiempo. En otras palabras, él –de rutinario en buque de vela- se va, y yo, anclado –quizás por mi tozudez, compromisos y fobias-, me quedo (¡pluma en ristre!). El 2011 fue la fecha del reencuentro, lo demás lo hizo otro insuperable periodista que, en palabras del amigo-Embajador, ha sido su guía y mentor: el también Embajador don Virgilio Alcántara. Y ese reconocimiento, venido de la firma e inigualable prosa de Aníbal De Castro; hace inequívoca la reverencia y el respeto al maestro. ¡Merecidísimo, pues! Ya instalado aquí (en Washington, DC), tocó al Embajador De Castro corregir entuertos, sentar precedentes, y, cual quijote corajudo, encarar el mas duro desafío internacional –de la diplomacia dominicana post guerra fría- al filo de una navaja y al acecho de una retahíla de actores internacionales envueltos en tratados, gendarmerías, poderes fácticos y subterfugios diligentes sustentados en normas y seudos “principios” que disfrazan novedosas injerencias al amparo del “derecho internacional” y agencias extranjeras (y sus vagones-peones nacionales: ONGs –excepto, contadas excepciones-, “Izquierda burra”, “sociedad civil” y libelos periodísticos). En esa magna tarea-defensa –despojado, en su enfoque, de atavismos históricos-, el Embajador De Castro ha dejado su impronta de diplomático corajudo y finamente amueblado. En consecuencia, no hubo ni asomo de rehuir el debate ni de entrar en miedo-pánico. Más bien, se fue a la ofensiva, y en esos afanes diplomáticos, en defensa de los intereses nacionales, ni siquiera el periodista-presentador de una cadena televisiva –famoso por acorralar a figuras y Presidentes- pudo. ¡Vaya inteligencia- sagacidad exhibida! Y ya en el plano personal y político, ¿qué no reconocerle? Si fue amigo solidario, receptivo y diligente en demasía. Y no hubo una solicitud, una ayuda o petición –nuca para mí, excepto su espontánea y entusiasta condescendencia en el acto-presentación de mi libro “La otra cara de la política”- a la que no obtemperara. Incluso, hasta en el estricto ámbito de lo puramente humano e indulgente. Por todo ello, me aflige su partida, pero me conforta saber que el país seguirá teniendo en él –y gracias a la visión de dos Presidentes de estos tiempos: Leonel Fernández y Danilo Medina- a un Embajador de altísimas calificaciones, de impecable conducencia y, sobre todo, de Capa y Espada. Pero también, apto e intelectualmente amueblado para su ejercicio-investidura. ¡Enhorabuena y éxitos!

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