A medida que se acerca el 5 de noviembre, día de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América, crece la expectativa tanto dentro como fuera del país, por el ganador que arrojen los resultados. En esta oportunidad la presidencia se la disputan el republicano Donald Trump, quien ya gobernó 2017-21 y la demócrata Kamala Harris, actual vicepresidenta, que de ganar sería la primera mujer en ocupar ese cargo.
Ambos han arreciado el activismo político y hasta el tono del debate, con insultos en ambas direcciones cada vez más parecido a los candidatos de nuestros países hispano donde la mayoría desarrolla la campaña con insultos, no con ideas; este comportamiento no es típico de los EE. UU. que tiene una población votante muy inteligente, que analiza muy bien antes de favorecer con su voto.

Para Kamala Harris, lo que se supone pudo ser una ventaja en su candidatura el hecho de ser la actual vicepresidenta se ha convertido en una piedra en el su zapato dado el mal gobierno de su partido en la cabeza del presidente Joe Biden, quien tiene muchos fracasos y desacierto en su gestión frente a los pocos logros que puede mostrar, sumado a su estado de salud, quedando con su mente en blanco en actos públicos o confundiendo figuras muy notables de la vida pública, por lo que tuvo que renunciar a las aspiraciones de un segundo mandato.
Mientras Donald Trump, por el contrario, tiene en su pasado gobierno, mejor manejo de la economía, aspecto que le interesa mucho al votante, tampoco involucró la nación en situaciones bélicas como lo ha hecho Biden; mantuvo el desempleo muy bajo, defendió el sector empresarial frente a las importaciones de bienes y servicios. Algo también importante es que, de su gobierno no hay ni un sólo caso de corrupción en la justicia, lo que significa que manejó con transparencia los recursos del estado.
Ahora bien, Latinoamérica o -Hispanoamérica como se debe decir ya que ninguno de los países tiene el latín como lengua oficial- es una región donde se reflejan los rayos del sol estadounidense, es por esta razón que todas estas naciones están pendientes de los resultados electorales y tienen su candidato favorito.
A mi entender, los demócratas como el actual presidente Biden, son muy permisivos con la corriente socialista o progresista como se hacen llamar, que avanza en varios países de la región como Cuba, Venezuela, Brasil, Nicaragua, Bolivia, México. Colombia, Perú y en su momento, Argentina, aunque este último, hizo un cambio radical de gobierno recientemente; Frente a estos gobiernos que están desmoronando la economía de sus ciudadanos, Donal Trump, tendría una política exterior más enfrentada, como la tuvo en el pasado con Cuba.
Recordemos que el demócrata Barack Obama es quien reabre la embajada estadounidense en la Habana, Cuba; Biden, luego de varios años exhibiendo a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, le retiró el apoyo para negociar petróleo con Nicolás Maduro, flexibilizando partes de las sanciones económicas impuestas.
“Todas las cartas están sobre la mesa”, para muchos el panorama está definido a favor de Trump, para otros de Harris, los que toman la decisión a último momento la tienen fácil porque ambos candidatos tienen un referente por donde analizarlo y comprobar si lo que promete cada uno está en condiciones de cumplir.
jpm-am


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