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De mis cismas existenciales y otras frustraciones, tal vez lo que más me ha hecho “cojear” es la de haber vivido solo, provenir de un hogar monoparental y, por último, el haberme ausentado de mi patria. Sin embargo, jamás pensé en la posibilidad de sentirme tan deprimido, y al mismo tiempo dar gracias, de que nunca tuve un padre como Alejandro Moscoso Segarra.
Y este sentimiento pesaroso aunque no lo externen, tal vez lo han sentido otros. Porque hay que tener el fanatismo que raya en el Islam para, por ser simplemente peledeísta, aceptar el doloroso fallo del no ha lugar, a favor del mago de las finanzas dominicano, Félix Bautista.
Estas parrafadas las he escrito porque pienso en un hijo de Moscoso Segarra, de quien he oído y tengo confidencias de que es un joven estudiante noble y bien reputado. Sin embargo, ¡qué padre se ha gastado! Esto tal vez luzca una burla y vesania, pero hay que decirlo aunque nos duela, y entendamos que ponemos el dedo en lo que consideramos su llaga.
Que un joven como ése, por desgracia, haya tenido la mala suerte de tener un padre como el doctor Moscoso Segarra, hasta ahora abnegado y que de repente haya caído en el desbarre por puro servilismo; realmente es una tragedia que tiende a desconcertar su seno familiar. De paso, es un mal ejemplo que también afectará a las nuevas generaciones y a todos los dominicanos apegados a la sensatez.
Por estas inconsistencias propias de la no institucionalidad, la conculcación de nuestros derechos y falta de equidad, es que hay muchos desgraciados en República Dominicana. Y en ello se debe contar a los exiliados económicos dominicanos.
Es mucho decir, el que en Nueva York, hasta los seguidores del ex presidente Leonel Fernández Reyna hoy expresen que el país “se jodió”, “ese país hay que dejárselo al grupito de ladrones”; “Yo no voy para allá.” “¿A buscar qué?” Son expresiones de desalientos y desesperanzas.
Y hay más dolor, porque el juez especializado de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), en su dictamen, se basó en absurdas técnicas legales; es decir, evadió admitir que Bautista no tiene cómo justificar la ostensible bonanza que hoy posee.
No hay que ser un genio ni un jurista de altos vuelos, el sentido común que a veces escasea, pero no debe ser así en este caso, nos dice que Félix Bautista es un ladrón de cuello blanco.
Cómo se sentirá el hijo de Moscoso Segarra, ante estos nefastos acontecimientos. Luego de reflexionar en este asunto y colocándome en su lugar; no teniendo a mí lado, en la infancia ni adolescencia a un padre que vigilara mis desvaríos y travesuras, sólo me resta exclamar: ¡Qué bueno que nunca tuve un padre así!
Y digo esto, lamentando la pena por la que atraviesa ese joven, pero de alguna forma hay que señalar las indelebles huellas generacionales, que generarán estos nefandos acontecimientos. En fin hay que remarcar sobre las taras y daños que desde ya, son el resultado de nuestra podredumbre socio-política partidaria.


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