Qué difícil es soltar las cosas que amamos…

Por KATIUSKA SUAREZ DE VARELA

 

El dolor es un maestro, esta ahí para enseñarnos algo. ¿Que haces tú frente al dolor; buscas la lección o le fabricas una casa de campaña al dolor, hasta convertirlo en sufrimiento?

El dolor como tal no es malo, es una emoción que sentirnos frente a situaciones específicas, pero el dolor es transitorio, se transita en el duelo. Cuando en vez de transitarlo lo invitas a quedarse, lo retienes hasta acampar en él, entonces sufres….El dolor y el sufrimiento no son lo mismo. El dolor es sano, el sufrimiento es tóxico.

 

Es normal que las pérdidas, del tipo que sean, nos causen dolor. Pero todas, dejando a un lado las pérdidas de seres queridos tras la muerte, todas nos aportan, todas dejan algo en nosotros. Y quizás debemos enfocarnos mas en todo lo que nos dejó que lo que se nos quitó…

Cuando uno de los miembros de la pareja deja de amar y decide alejarse, hay una persona que siente un gran dolor, y que siente el peso de la pérdida de una manera diferente. Esta persona es la que sigue amando, la que no puede comprender o, que si bien comprende lo que sucede, no lo entiende o se niega a entenderlo. De pronto debe asumir su vida, su pena, y elaborar el duelo. Es ahí cuando empezamos a comprender que a veces no podemos tener todo lo que queremos, y que la vida, o el mundo no eran como lo imaginamos.

Amar implica correr ese riesgo. Ante la pérdida debemos tratar de elaborar el duelo, y poco a poco lograr separarnos de lo que ya no está. Si no aprendemos a soltar, si no dejamos ir, si el apego puede más que nosotros y nos quedamos ahí atados, pegados a esos sueños, a esas fantasías, a esas ilusiones; el dolor crecerá sin parar y día a día nuestra tristeza, y nuestro sufrimiento serán los compañeros en el camino hacia la depresión, la falta de incentivo, y la falta de vida.

Cuesta soltar aquello que amamos, duele sentir que ya no somos amados, pero en ese dolor estamos creciendo y madurando y si aprendemos a soltar estamos dejando atrás una parte de nuestra historia y empezamos a abrirnos a lo diferente, a lo desconocido.

Dejar ir es la clave, no es fácil, no es simple, y duele. Pero la vivencia normal de una pérdida tiene que ver justamente con animarse a vivir los duelos, con permitirse padecer el dolor como parte del camino.

Como plantea Jorge Bucay en su libro “El camino de las lágrimas”; Es imposible poder aceptar con una sonrisa todas las cosas que, lamentablemente, son ciertas e ineludibles. Hace falta aceptar la verdad que no queremos asumir. Pero

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muchas veces la vida está relacionada con soltar lo que alguna vez nos salvó, soltar las cosas a las cuales nos aferramos intensamente creyendo que tenerlas es lo que nos va a seguir salvando de la caída.

En esta historia que les comparto, queda ilustrada la importancia de soltar, de vaciar el alma, de vaciarse para poder llenarse.

“Gran maestro -dijo el discípulo- he venido desde muy lejos para aprender de ti. Durante años he estudiado con todos los iluminados y gurús del país y todos han dejado mucha sabiduría en mí. Ahora creo que tú eres el único que puede completar mi búsqueda. Enséñame, maestro, lo que me falta saber.

Baduín el sabio, siempre sereno, le dijo que tendría mucho gusto en mostrarle todo lo que sabia, pero antes de empezar iban a beber un té. El alumno, agradecido, se sentó junto al maestro. Baduín trajo una tetera y dos tazas de té, ya llenas. Alcanzó una de ellas al alumno y tomó la otra. Antes de que el discípulo empezara a beber, Baduín empezó a volcar más té en la taza llena del alumno.

El líquido no tardó en derramarse al plato, y del plato a la alfombra. «¡Maestro, maestro, por favor deja de echar el té sobre mi taza!», dijo el alumno. Baduín parecía no escucharlo. Luego, lo miró a los ojos y le dijo: «hasta que no seas capaz de vaciar tu taza, ni yo ni nadie podremos poner más conocimiento en ella».

Hay que vaciarse para poder llenarse. Una taza, dice Krishnamurti, solo sirve cuando esta vacía. No sirve una taza llena: no hay nada que se pueda agregar en ella.Esta es tu vida. Vamos a tener que deshacernos del contenido de nuestras tazas llenas si queremos llenarlas otra vez. Nuestra vida se enriquece cada vez que llenamos una taza, pero también se enriquece cada vez que la vaciamos, porque cada vez que vacías tu taza estas abriendo la posibilidad de llenarla de un contenido nuevo.

Y una de las tazas que más me cuesta vaciar, y que seguramente más te cuesta vaciar a ti, es la imagen que tenemos del mundo, porque queremos atenernos a que el mundo siga siendo como nosotros lo vimos, porque no queremos aceptar que el mundo cambia, no queremos aceptar que el mundo no es como yo quiero que sea y que esto implica un duelo. Si me animo a soltar el contenido de la taza de un sueño, quizás, pueda encontrarme en el mejor camino para descubrir la verdad.

Agradece, perdona, suelta, deja ir…Ama lo que tienes y se feliz!

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