Del Regina Express hasta Chiapas

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EL AUTOR es abogado. Reside en San Cristóbal.

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Recientemente, específicamente el día 9 de diciembre, hemos acudido a un episodio dramático de nuestra vida republicana, en donde más de una decena de dominicanos indocumentados fallecieron en un intento infausto por ingresar de forma ilegal en territorio de Estados Unidos a través de Méjico.

De inmediato nos viene a la mente nuestro primer registro de eventos parecidos y que hayan conmocionado a la sociedad dominicana, arrojando un saldo funesto en personas fallecidas y mucho dolor e indignación en la colectividad.

Nos referimos a la tragedia que ocurrió el 5 de septiembre de 1980, en donde fallecieron 22 dominicanos de un total de 34 que intentaban salir ilegalmente del país hacia miami a bordo de un buque de carga de nombre “Regina Express”.

Para esa fecha ya muchos dominicanos habían salido de forma ilegal, valiéndose de múltiples formas, llegando hasta el ingenio de introducirse en trenes de aterrizajes de aviones, mezclándose con mercancías a granel que eran exportadas desde nuestro país o simplemente haciendo uso de documentación fraudulenta (los famosos machetes) incluyendo acuerdos comerciales violatorios de la ley con nacionales del país de destino (bodas simuladas).

El algún momento de nuestra vida y en condición de Oficial de la Armada de la Republica Dominicana nos tocó participar en operativos de intercepción en alta mar de personas que usando frágiles embarcaciones trataban de llegar a Puerto Rico para luego moverse a territorio continental de USA.

Siempre nos hacemos la pregunta de ¿por qué? La gente insiste en hacer grandes sacrificios, muchas veces con inversiones que permitirían emprender un pequeño negocio en su país para aventurarse en esas impredecibles odiseas en busca de cambios y aun con el paso de los años cuando creemos tener la respuesta, aparecen situaciones como esta última de Chiapas que nos dejan desconcertados.

Personas que tienen algún nivel de educación y económico arrojados a la suerte, en verdad que no lo entendemos.

En una ocasión escribimos para la revista “La Caldera” que se publicaba (no se si aún se publica) en la Refinería Dominicana de Petróleo, en donde laboramos en una temporada, acerca de este fenómeno con un titulo sin pulir llamado “Mentes Derrotadas” donde explicaba una experiencia que nos tocó vivir con un grupo de viajeros ilegales que sorprendimos frente a la isla Saona en una embarcación de madera al garete.

El estado en el que fueron rescatados o recogidos esos dominicanos y muy especialmente las mujeres que eran un numero bastante considerable, nos llenó de una extraña sensación de desconcierto, de sorpresa y hasta de decepción, el hedor y la desorientación que presentaban todos nos obligó a permitir que algunas de ellas usaran los baños y a los hombres les habilitamos una manguera con agua en la popa (parte trasera del buque de la Armada) para que se higienizaran mínimamente.

La nueva tragedia de Chiapas, de la que aún no tenemos todos los datos y en la que tampoco se ha establecido la real cantidad de dominicanos involucrados que incursionaron en esa travesía, debe llevarnos a la reflexión profunda y un llamado a nuestra clase política y gobernante para que trabajemos en la consecución de un modelo más incluyente, de mayores oportunidades y de mayores controles y supervisión, para que no se pierdan vidas como en el Regina Express o como en Chiapas.

Tal vez, pudieran ocurrir otras tragedias, esperamos que no, pero lo cierto es que mientras exista el delito aspiracional, combinado con la alta exposición al bienestar ficticio que se percibe en los enlatados que llegan a través de los medios de comunicación y la debilidad en el análisis de la realidad global siempre habrá la tentación y el deseo de explorar lo desconocido por quienes no miden lo mucho que ponen en riesgo y el dolor que provocan a sus familias con estos sucesos.

JPM

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