Minimizar o subestimar a nuestros adversarios o contendores, sin importar el escenario de que se trate, a la postre resulta ser una actitud arriesgada y peligrosa que bien pudiera premiarnos con una amarga y dolorosa derrota o cuando menos tomarnos un cafecito a las puertas del fracaso.
Y es que, subestimar en ningún modo es prudente, porque quien lo hace necesariamente reduce su capacidad de esfuerzo, trabajo y dedicación en aras de lo que quiere o pretende obviando quizás, las coyunturas que pudieran estar favoreciéndoles, basado en su convencimiento o percepciones del momento que le otorga algunas ventajas sobre su opositor
En la actividad política, por ejemplo, que las debilidades y fallos de los contrarios se utilicen y formen parte de las estrategias de campaña para sacarle todo el provecho posible,, resulta ser algo natural y hasta conveniente si se quiere.
No obstante, ignorar o hacerse de la vista gorda ante las virtudes y fortalezas adversas, por sentirse poseedor de mejores condiciones y cualidades que las de su oponente es como creerse para sí su propio cuento, y solo entenderán su realidad quizás, cuando en los próximos comicios le pasen el rolo.
JPM/of-am

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Abril, mes de Concienciación sobre Tumores Cabeza y Cuello
Dominicano Yohan Ramírez guía Piratas en triunfo sobre los Cubs
Escándalo Cámara de Cuentas: fiesta con dinero público
Estrategia y cautela con el Canal de Suez
Ron Tamboril rinde homenaje a Capital Mundial del Cigarro
El oro de San Juan
Riesgo de desestabilización económica
Fe, tradición, cultura y diversión en Cap Cana
Periodismo independiente causa pavor a gobiernos
El humano creado por Dios

