Por la naturaleza y avatares de nuestros dos tercios de isla; la mayoría de los dominicanos hemos crecido con mucho miedo. Esa existencia tormentosa, nos atrapa en un mar de incertidumbres que nos hace fomentar y añorar el caudillismo.
Cuando el presidente Danilo Medina, tras dejar establecido que no optaría por un próximo mandato y clama por “sangre nueva”- estamos conscientes de que es más de lo mismo-, lo que quiere significar es que otra figura política, debe asumir las riendas del poder.
Es decir, el mandatario, con ese eufemismo, sentido figurado o como se le quiera llamar; da a entender que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), debe catapultar a otro candidato presidencial. Evidentemente, con ello enfrenta a Leonel Fernández.
Bien se sabe que lo de sangre nueva, es un absurdo. No hay otro “tipo de sangre” si van los aspirantes a la candidatura presidencial de su partido. Para que haya una vitalidad nueva, debe haber una revolución cultural, política y educacional. Para irnos más lejos, no bastaría con otra revuelta similar a la de 1965, que nos dejó igualitos. Hay que hacer una revolución que trastoque todo lo estructural y político.
Pero, admitiendo que sea válido el que haya un cambio de presidente por lo menos se impondría-eso esperamos-, un nuevo estilo de gobernante; nos agotaríamos menos. Y, aunque sabemos que continuarían las injusticias y exclusiones, empero, tendríamos un respiro.
Sin embargo, algunos sectores-entre ellos periodistas- insisten en señalar que, por su experiencia, Leonel Fernández es quien debe suceder a Danilo. ¡Vaya con el legado que nos dejó esa experiencia! Esos sectores son los mismos que abogan porque a nuestros jóvenes profesionales no se les exija ningún tipo de experiencia, tras querer insertarse en el mercado laboral. Llamamos a esto, doble moral.
Olvidan que, cuando Leonel Fernández ascendió al poder-como lo creemos ahora-, sólo era un simple dirigente y un teórico en las filas del peledeísmo. Es decir, fue tomado graciosamente por la orquestación del malhadado “Frente Patriótico”. Es nuestra convicción que, ni él, ni Danilo, e Hipólito Mejía, deben repetir en el poder.
No tenemos velas en este entierro, porque no creemos en ninguno. Pero hemos observado que por desconocimiento, clientelismo, oportunismos, prácticas ancilares, cabildeos, y otras inconsistencias; en verdad, conformamos un país adherido al caudillismo. Y lo penoso es, que estamos lejos de rechazarlo, o combatirlo.

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