Ahora si se salvó el país: tenemos, con el reciente anuncio de una batería de abogados de variopintos espectros políticos (desde connotados trujillistas hasta balagueristas, que es casi lo mismo, pasando por cooptados jurisconsultos –otrora progresista- de colindancias política-presidencialista) todos a una, cual Entente en defensa la Constitución. Y ante semejante Entente Jurídico-Política, uno se pregunta: ¿Y donde estaban esos jurisconsultos –al menos, los mayores- cuando el sátrapa-carnicero Trujillo (1930-61), el sangriento bonapartismo balaguerista (1966-78) y el Gacetazo-1978, cometieron crímenes atroces, fraudes electorales, reelección indefinida, conculcación de libertades públicas y, encima, se pasaron la Constitución “por la faja”?
No obstante, el fenómeno no deja de ser interesante y digno de estudio tanto a nivel de la sociología como de la antropología, pues tal encomienda, supone una metamorfosis o catarsis institucional increíble: porque, por un lado, hemos superado (¿Será verdad?), como sociedad, un lastre o falencia histórica (el continuismo); y por el otro, la inverosímil novedad -¿hallazgo?- de que una generación, en mayoría-sapiencia, trujillista-balaguerista, terminará conjurando, vía una Entente redentora-justiciera, lo que de juventud defendieron, participaron o contemplaron como si nada. ¡Vaya lección y mea culpa, a la vez!
De modo que, con esa Entente redentora-justiciera, queda todo el mundo advertido (hasta-ADOCCO): el que ahora (2019), no los remanentes del trujillismo-balaguerismo 1930-61-1966-78, se atreva a tocar, siquiera, no digamos ejercer un derecho cívico-ciudadano (legislador-legislar), la Constitución, aun fuera por rumor publico o denuncias “fehacientes”, recibirá, primero, ‘pau pau’; luego, será acusado y, finalmente, se les “instrumentarán expedientes…” judiciales. De suerte, que, con este escuadrón, o mejor Entente redentora-justiciera en defensa de la Constitución, ya el país no necesitará de ningún maltrecho Sistema Judicial ni mucho menos de Leyes.
Como me supongo no está prohibido preguntar, quisiera saber si esa Entente redentora-justiciera, por casualidad, no tiene ninguna preferencia política o candidato; o tan solo se trata de un ejercicio ciudadano como el que practica una minoría nacionalista-ultraderechista -rabiosamente anti-haitiana-; pero, muy ‘diligenciosa’ procurando lobby injerencista allende los mares…
Finalmente, permítaseme dudar –solo dudar- de tanto afán de institucionalidad y defensa de la Constitución de actores-figuras que, más que abogados-jurisconsultos, son viejos zorros políticos-reeleccionistas -mayoría-miembros de esa Entente redentora-justiciera- cuyos líderes históricos, de preferencia, también, en mayoría, fueron Trujillo–Balaguer. Por ello, dudo mucho que, en el ADN político-ideológico, con la excepción de la herencia de un referente ético-revolucionario, de esos respetables jurisconsultos, se pueda encontrar genuina convicción democrática.
Y que conste, con esto -¡Dios me libre!-, no estoy defendiendo a nadie cuya “convicción-democrática” tenga un precio; pero tampoco voy a creerme que trujillistas-balagueristas nos van a dar cátedra de reciedumbre democrática y civilidad-ciudadana. ¡Por favor!


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