Hoy, con los avances científicos-tecnológicos alcanzados, la ciencia de la comunicación se ha bifurcado en múltiples expresiones-modalidades, pero en dos especificas: a) las tradicionales: radio, medios impresos y televisión -obviando cine y teatro por ser arte-; y b) la Internet-virtual: redes sociales, periódicos digitales y el fenómeno de la posverdad que, en cierta forma, no es nuevo sino que ahora es masivo-invasivo y puede estar en manos de nuevos actores políticos-ideológicos, corporativos, subversivos y fácticos. En otras palabras, que lo que antes, prácticamente, emanaba de los centros del capitalismo mundial y el bloque-comunista-socialista -como expresión de la Guerra fría y la geopolítica- a través de sus resortes periodísticos-propagandísticos (agencias de noticias), hoy puede estar en manos de terroristas o piratas cibernéticos.
De modo tal que, en cada noticia o información que se cuelga o filtra en la web, redes sociales o por los medios tradicionales de divulgación de noticias (que ya no son las vías de audiencia masiva) pesará mucho, a la hora de darle crédito -de objetividad-autenticidad-, el medio que difunda la noticia. Por lo que hoy, los medios tradicionales; aunque hayan adaptados sus plataformas periodísticas a los nuevos avances científicos-tecnológicos, su suerte-vigencia, más que nunca, dependerá de defender, a capa y espada, esos dos presupuestos deontológicos-tecnológicos: ética-objetividad y tecnología.
Pero hay otro valor -científico-neurálgico- para la sobrevivencia del periodismo como ciencia y aporte a la construcción de una conciencia crítica ciudadana cada vez más informada -y al día- de lo que ocurre-acontece en un país y el mundo; o más trascendente, de lo que sus gobernantes y demás actores públicos-privados hacen –o dejan de hacer- en el ámbito de la esfera pública y que termina impactándole de una u otra forma. Ese otro valor agregado es: la investigación periodística de denuncia o de análisis-perspectiva sobre una determinada problemática sociopolítica-económica que puede devenir en crisis política-institucional, de gobernabilidad o, en una catástrofe de índole social, medio-ambiental o de salud pública que afecte a un país.
En consecuencia, nunca como hoy los medios y los profesionales del periodismo están compelidos a enfrentar esos desafíos desde un ejercicio profesional donde el primer estandarte debe ser la credibilidad, el uso de las nuevas tecnologías, la investigación; pero, sobre todo, el cuidar, siempre, la calidad, la ética y el crédito público del medio.
Es como tener siempre a mano “…el bisturí de la duda…”, como escribiera un ducho periodista, para evitar parir-reproducir, entre otros fenómenos, digo yo, periodistas constitucionalistas -otrora “ingenieros constitucionalistas”-, sindicalistas políticos o, periodistas “político de la secreta” u caza-“noticias”-chismes de redes.


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Cierto, es un discurso extemporáneo, poco estratégico (OPINION)
El acuerdo petrolero con EE.UU. tendrá una vigencia de 25 años
Chavistas rechazan presencia de EEUU; exigen liberen a Maduro
Aduana sumará inteligencia artificial a análisis imágenes
Trump dice es «seis veces más popular» Lincoln o Washington
La influencia pública: responsabilidad sobre los mensajes que se transmiten
Diputado PLD rechaza Danilo impulse candidatura de Gonzalo
Banco Central dona 21 obras a la biblioteca Abigaíl Mejía
La decadencia cultural en la RD
Banco Popular entre los 100 mejores lugares para trabajar AL

