SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Nosotros observamos impávido la reacción pasiva, permisiva y carnavalesca de como la sociedad dominicana celebró la puesta en liberta de Martha Heredia, convicta por prestarse a transportar 1.8 kilos de droga en los tacos de los zapatos que calzaba y en otros pares de esa prenda de vestir que llevaba en su maleta.
La justicia inclinó su balanza, bajó la espada y se quitó la venda para sucumbir ante la presión de influyentes sectores de poder, que no sabemos por cuales motivos, razón o circunstancias se empecinaron en obtener la libertad de la cantante.
Pero no solo el caso de la American Idol ha hecho doblar a la dama que simboliza la equidad judicial, sino también en el caso del mocano peregrino Juan Compres, apresado por supuestamente tener en su poder 52 gramos de cocaína, descubriéndose más tarde que le fue colocada por agentes policiales, según video que registró los hechos.
Ambos casos, por su manejo, ponen en entredicho el sistema judicial dominicano que, no obstante presentar ciertas “mejorías”, no deja de asombrar a la población, por la manera tan corta y fácil, que logran salir de prisión, los transgresores de la ley, utilizando subterfugios judiciales, facilitados por el nuevo código.
En el caso de Martha Heredia, al parecer, ésta no revelo en los interrogatorios, quien o quienes la utilizaron como mula para transportar la droga. Ahora bien, si lo hizo, a 4 años de la comisión del delito, las autoridades, no han apresado a nadie, ni mucho menos, han dado a conocer pistas de los que le proporcionaron el material y pagaron para trasportarlo.
“Dios no perdona a los que cometen un pecado a propósito y con malicia, se niegan a reconocer su falta, no quieren rectificar lo que han hecho (Proverbios 28:13;)”. Si Martha Heredia estuviera arrepentida de sus hechos, quitaría la máscara, a quienes la utilizaron y con ello, resarciría el daño causado a la sociedad, ya que otros jóvenes no serían conquistados por estos criminales.
Con el pelegrino, la justicia dio un veredicto Salomónico, puesto que los 52 gramos de cocaína, no es de uno, ni del otro. La droga sí existe, el laboratorio confirmó que era cocaína, estuvo en las manos de los policías y en los bolsillos de Juan Compres, no obstante se destapa el juez actuante conque, la droga no tiene dueño, y por ende, no hay culpable.
Toda sentencia debe tener una motivación de hecho y derecho, ya que pudiera ocultarse en ella, un menoscabo de la justicia. “Dios le perdonó al rey David sus graves pecados, pero no lo libró de las consecuencias”. (2 Samuel 12:9-13).
jpm

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