Parecería paradójico para algunos que los denominados “tiempos perdidos” de otrora nos hayan legado paradigmas conductuales y fortaleza marmórea que, precisamente, nada tienen que ver con el academicismo sino con la humildad de la gente común; pero armada de bizarría que ennoblece.
El decir, luego de analizar nuestros avatares cotidianos y el derrotero por el que va nuestra sociedad, nos colocamos de frente a quienes realmente han dado mal ejemplo al pueblo dominicano y, no exactamente, pertenecen a la masa de aquellos con quienes supuestamente perdimos el tiempo.
La educación instructiva que hemos recibido de nuestros mentores, per se, no era una farsa; pero es lamentable concluir que algunos de los que las impartían, sí eran unos impostores.
Es decir, no fueron ellos, sino la gente llana entre las que se encuentran circunvecinos, músicos, políticos de la antigua izquierda y otros amigos diversos, los que forjaron nuestro devenir con herramientas de coherencia que no obliteran nuestros principios. No nos han hecho delinquir como periodista, ni ciudadano común.
Estos entes, en una época que creíamos ubicados en lo que se corresponde con un estado cuasi límbico, cuando abandonamos nuestros estudios superiores en la UASD, (aunque nunca fuimos ni-ni), han representados más sólidos puntos nodales que nuestros profesores y catedráticos; hoy políticos y principales actores de nuestro tejido social.
Antiguos mentores, y hoy convertidos en concupiscentes políticos corruptos, nos han defraudado. Contraviniendo normas de equidad y honradez que antes predicaban con mucha vehemencia, les han hecho un flaco servicio a la sociedad. La preparación-no la inteligencia como creen otros-, no siempre viene cimentada con buenas intenciones.
Confirmamos con el devenir del tiempo lo que antes sospechábamos. Nos referimos a que siempre teníamos la prognosis de los individuos, entre los que figuran comunicadores, que ocultaban sus delirios; desbordados egos, y nocivas ambiciones.
En principio, creíamos que la educación instructiva y la cultura no serían instrumentalizadas para acometer malhadadas apetencias personales. Pero con el tiempo, no ahora, nos dimos cuenta que muchos eran sofistas, con sainetes civilistas.
Hoy nos sentimos agradecidos; orgullosos y apegados de la gente que nos formó en esos tiempos que, equivocadamente creíamos perdidos. No perdimos nada; se gana, eso creemos cuando con ejemplos, se coadyuva con la erección de columnas que no colapsan ante la corrupción. En definitiva; no, esos tiempos, no fueron desperdiciados.
jpm

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