Mientras la mayoría de los esfuerzos de la reconstrucción se centraron en Puerto Príncipe, las zonas rurales tuvieron que aprender a levantarse por sí mismas. En localidades como Petit Goâve, los vecinos se organizaron para construir las viviendas de aquellos que lo habían perdido todo. Hasta el 2013, pusieron en pie 71 casas, pero no hubo dinero para más. Hoy, cerca de 300 familias continúan viviendo entre los muros resquebrajados de sus antiguos hogares. No tienen otra opción.
Al margen de los daños causados por el seísmo, las comunidades rurales han sido siempre las grandes perdedoras en lo que se refiere a servicios públicos. En la pequeña población de Lavial deben caminar durante más de dos horas para llegar al centro de salud más próximo. No tienen electricidad, ni agua corriente, ni red de saneamiento. Eso sí, el aire es mucho más limpio y siempre es una ventaja estar alejados de la suciedad y el ruido de la capital. Aún así, el precio es demasiado alto.
Fuente: EL PERIODICO

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