El síndrome de desquiciamiento y/o desvarío politico

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EL AUTOR es economista y docente universitario. Reside en Santo Domingo

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Recientemente, el accionar político estadounidense, ha “resucitado” terminologías del accionar político olvidadas. El Síndrome de Desquiciamiento y/o Desvarío Político (SDP), es el más amplio y está ya en la palestra política de ese país.

Les presentare un breve Prontuario y su posible impacto en nuestro accionar político, próximo a las elecciones venideras.

I-PREAMBULO

1- ¿De dónde salió el término?

El concepto fue creado por el psiquiatra y columnista Charles Krauthammer, quien primero habló del “Bush Derangement Syndrome” (BDS), en 2003. Luego, durante la era Trump, el término se adaptó como TDS.

El TDS político —siglas de Trump Derangement Syndrome o Síndrome de Desvarío de Trump— no es una condición médica real, sino un término político y retórico usado principalmente por partidarios de Donald Trump para describir lo que consideran reacciones irracionales, exageradas o emocionalmente desproporcionadas de sus críticos hacia él.

2- ¿Qué significa exactamente TDS/SDT?

En el uso político actual, Trump Derangement Syndrome se refiere a:

Una hostilidad intensa hacia Trump, percibida como desproporcionada o irracional.

-Críticas que, según sus defensores, ignoran hechos o contexto, y se basan más en emociones que en argumentos.

-Reacciones políticas o mediáticas extremas, donde cualquier acción de Trump se interpreta como negativa por defecto.

3- ¿Cómo se usa en el debate político?

-Para afirmar que ciertos sectores —medios, analistas, opositores— pierden objetividad al evaluar a Trump.

-Para desestimar críticas considerándolas producto de animadversión personalno de análisis.

-Como etiqueta retórica en redes, debates y discursos partidarios.

Muy Importante: No es un diagnóstico clínico ni aparece en manuales psiquiátricos. Es un concepto retórico dentro de la polarización política estadounidense.

En resumen, En el debate político estadounidense, el término TDS/SDT se ha convertido en un arma retórica para descalificar a quienes critican a Donald Trump, acusándolos de actuar movidos por una animadversión casi automática.

Para el lector dominicano, esto resulta familiar: También aquí hemos visto cómo ciertos conceptos se usan para etiquetar y simplificar posiciones políticas complejas. El fenómeno recuerda que, en tiempos de polarización, las palabras dejan de describir y pasan a combatir. Por eso conviene mirar estos términos con distancia crítica: más que explicar la realidad, suelen revelar la estrategia de quienes los emplean.

II-Recuadro didáctico adaptado al caso dominicano: EL SÍNDROME DE DESQUICIAMIENTO Y/O DESVARÍO POLITICO-(SDP)

en dominicana

1- ¿Cómo se traduce el concepto al escenario dominicano? Aunque el término TDS nace en Estados Unidos, su lógica retórica —descalificar críticas atribuyéndolas a una “obsesión irracional”, aparece también en sistemas políticos como el dominicano, donde:

-Solo tres partidos concentran la fuerza electoral, lo que crea un ecosistema cerrado donde la crítica se interpreta como ataque partidario.

-Los liderazgos son altamente reelegidos, lo que genera figuras políticas con larga exposición pública y, por tanto, con niveles altos de adhesión y rechazo.

-El control legislativo del partido gobernante permite que ciertos debates como lo son la reelección o la reforma constitucional se interpreten emocionalmente, no institucionalmente.

De ahí que, en la política dominicana, el equivalente funcional del SDP sería la tendencia a etiquetar cualquier crítica como “odio”, “obsesión” o “agenda oculta”, en vez de responderla con argumentos. No describe una enfermedad: describe una estrategia discursiva para deslegitimar al crítico.

III-EPIGOLO

En la República Dominicana, donde solo tres partidos concentran el poder electoral y donde los liderazgos prolongados generan adhesiones intensas y rechazos igualmente fuertes, no es extraño que surjan versiones locales de lo que en Estados Unidos llaman TDS.

Cada vez que una crítica se descarta como “obsesión”, “odio” o “agenda”, en lugar de debatir su contenido, aparece ese mismo mecanismo retórico. El debate sobre la posible rehabilitación constitucional del presidente —aunque él haya dicho que no buscará una segunda reelección— ilustra cómo la política dominicana tiende a emocionalizar los temas institucionales.
 Más que describir a los actores, este fenómeno revela la fragilidad de nuestro debate público: cuando las etiquetas sustituyen a los argumentos, la conversación democrática se empobrece y el país pierde la oportunidad de discutir con serenidad los temas que realmente importan. De nuevo, debemos SIEMPRE tener en cuenta que, en tiempos de polarización, las palabras dejan de describir y pasan a combatir.

jpm-am

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