Barahona: el silencio que tiene secuestrado el desarrollo

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EL AUTOR reside en Londres.

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POR EDWIN PINEDA CARRASCO

Hay una verdad incómoda que en Barahona mucha gente conoce, pero pocos se atreven a decir públicamente: esta provincia no está atrasada por falta de recursos, está atrasada por falta de voluntad colectiva.

Mientras otros pueblos se unen, protestan y obligan al Estado a responder, en Barahona predomina el silencio. Un silencio peligroso. Un silencio que beneficia a los mismos de siempre.

Ahí está el ejemplo de San Juan. Cuando entendieron que estaban siendo ignorados, se movilizaron, paralizaron actividades y levantaron su voz como provincia. Presionaron. Exigieron. Porque los pueblos que avanzan son los pueblos que luchan.

En Barahona ocurre lo contrario.

Aquí se extrae sal y yeso desde hace décadas. Aquí funciona el Parque Eólico Los Cocos produciendo energía para gran parte del país. Aquí existió el Ingenio Barahona, una de las estructuras económicas más importantes del sur. Aquí está una de las piedras más valiosas y hermosas de República Dominicana: el larimar. Aquí existe un enorme potencial turístico con playas, montañas, ríos y paisajes que cualquier otra provincia convertiría en una marca internacional.

Y aun así, Barahona sigue estancada.

Antigua entrada de Barahona

¿Por qué?

Porque todos esos recursos han servido más para enriquecer a un pequeño grupo que para desarrollar la provincia. Los contratos se firman arriba. Los beneficios se negocian entre políticos, empresarios y grupos económicos. Las obras prometidas al pueblo se tapan, se engavetan o simplemente desaparecen porque nadie presiona ni reclama.

Y mientras tanto, el pueblo calla.

Ese es el verdadero problema de Barahona: la falta de una conciencia colectiva capaz de defender los intereses de la provincia por encima de los intereses personales o políticos.

Aquí siempre termina gobernando el mismo círculo. Las mismas familias. Los mismos grupos. Los mismos apellidos reciclados en diferentes partidos políticos. Hoy están en uno, mañana en otro, pero siempre terminan cerca del poder, haciendo negocios y asegurándose de mantener intacto el sistema que los beneficia.

Muchos representantes locales no defienden a Barahona; defienden su posición. Cada cuatro años vuelven con promesas, buscan votos, reparten migajas y luego regresan al mismo silencio conveniente.

Y el pueblo, por miedo, por costumbre o por lambonismo político, muchas veces prefiere no hablar “para no buscar problemas” o “para no ofender a fulano”.

Así no se construye desarrollo.

Malecón de Barahona

Barahona tiene conexión estratégica con Pedernales, una provincia que hoy concentra gran atención turística nacional. Sin embargo, la carretera y la integración real del sur siguen olvidadas desde los tiempos en que Rafael Leónidas Trujillo impulsó obras de conectividad en la región. Después de ahí, el abandono volvió y nadie levanta la voz con la fuerza suficiente para exigir una transformación seria.

Lo más triste es que Barahona tiene todo para convertirse en una potencia del sur:

turismo, minería, energía, agricultura, ubicación estratégica y recursos naturales únicos.

Lo único que no tiene es unidad.

Y mientras siga dominando el miedo a enfrentar a quienes gobiernan, mientras siga el clientelismo político, mientras la provincia siga arrodillada ante el mismo círculo económico y político, el resultado será siempre el mismo: unos pocos haciéndose ricos y una mayoría sobreviviendo entre promesas vacías.

Que sigan cogiendo su cuarto cada cuatro años.

Que sigan firmando contratos.

Que sigan negociando a espaldas del pueblo.

Pero después no pregunten por qué Barahona no avanza.

Porque ningún pueblo progresa cuando el silencio vale más que la dignidad.

Y si Barahona no despierta como provincia, el abandono seguirá creciendo hasta llevarnos, política y socialmente, al mismo lugar de siempre: al atraso, a la dependencia y al olvido.

eepinedacarrasco@gmail.com

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