Grave precedente del Congreso

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Con la inobservancia de una sentencia irrecurrible del TC y la pretendida eliminación de las candidaturas independientes, senadores y diputados no solo hacen lo que no podían ni jamás debieron intentar, sino que le han infringido una muy peligrosa y perturbadora estocada a la institucionalidad del país.

Si el Tribunal Constitucional, como última instancia, es el guardián e intérprete de la Constitución por excelencia, mal puede el Congreso desobedecer de modo provocador un mandato del órgano calificado y menos querer trazarle pautas a éste y a sus jueces en materia de interpretación de la Carta Magna.

A los legisladores, muchos de ellos representantes de intereses de todo tipo y acostumbrados a bailar el ritmo del oportunismo y del color político de turno en el poder, no le usurparon sus funciones legislativas, sino que, a ellos, quien tiene la facultad, les recomendó única y sencillamente arreglar o ajustar tres artículos de la Ley Electoral que desentonaban con el derecho fundamental de elegir y ser elegible, a fin de garantizarlo.

Complicidad compartida

Pero los congresistas, con las dos cámaras en complicidad compartida, se extralimitaron y, en vez de modificar y mejorar los artículos controversiales, se decidieron por “eliminarlos” de golpe y porrazo de la ley, en una actitud monopólica y antidemocrática de los partidos políticos que, por demás, abre una caja de pandora y pone en entredicho el orden institucional.

Si lo mejor que pudo pasarle al país es contar con un órgano garantista de derechos y de la Constitución, como el TC, lo peor sería que se quebrantara el respeto y la autoridad de ese órgano de equilibrio y de respeto a las reglas de juego de la nación, y que nos quedáramos sin un árbitro superior que, en la eventualidad de un gran tranque político- institucional, pueda decir la última palabra y poner las piezas en orden.

La ignorancia – o arrogancia- es atrevida, porque: ¿cómo se les ocurre a los legisladores decirles al Constitucional que tal o cual sentencia o mandato son inconstitucionales o “contrarios a la Carta Magna”?.

Con su mostrenca decisión, el Congreso empuja al jefe del Ejecutivo al dilema de tener que observar la pieza, por violar una sentencia del TC y evitar que el equilibrio institucional se rompa, o promulgarla, con el costo político que representaría. Porque, y aun no siendo así, le cargarían a su lista la autoría de una eventual línea política a los legisladores para el desacertado paso.

Un pecado sin provecho, porque ¿qué van a hacer con una ley adjetiva, frente al mandato de otra sustantiva del órgano calificado? Un funesto precedente que solo el presidente, con su liderazgo y poder de veto, puede corregir. De lo contrario, la seguridad jurídica y el buen clima de inversión del país se irían a pique.

 encar-medios@hotmail.com

jpm-am

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juan
juan
16 horas hace

un golpe sucio y bajo a la democracia de parte de nuestro ignorante y corrupto congreso

R.Guillen
R.Guillen
21 horas hace

¡Mostraron su verdadero ROSTRO!

R.Guillen
R.Guillen
21 horas hace

Es una guerra de poder

R.Guillen
R.Guillen
21 horas hace

Sin embargo el Tribunal Constitucional reaccionará y declarará INCONSTITUCIONAL esa nefasta Ley 13-26, y lo digo, TENDREMOS CANDIDATURAS INDEPENDIENTES para que haya patria.

R.Guillen
R.Guillen
21 horas hace

Una correctísima observación a la conducta alocada de los cuerpos legislativos con los que contamos en la actualidad, a la que que vergonzosamente se le unió el presidente Luís Abinader. Solo le agrego: Le dejaron claro a este pueblo que nos encontramos frente a un grupo de terroristas de la democracia, se impuso la soberbia sobre el orden juridico, apostando al caos institucional en lugar que al respeto e independencia de nuestras leyes.