365 dias de tensiones, espectativas e incertidumbres
El año 2025, año de la serpiente, segün el calendario chino, pasará a la historia como uno de los más complejos de la etapa reciente. La geopolítica se encargó de complicarlo casi todo y nos convirtió en testigos de acciones inesperadas, a veces difíciles de entender o justificar desde el sentido práctico. En ese clima de tensión, muchas decisiones públicas parecieron guiadas más por el pulso estratégico que por la lógica social o económica.
En este contexto resurge una idea tan cruda como popular: el “tiro en el pie”. Es decir, medidas que se presentan como necesarias para dañar o contener a un adversario, pero que terminan golpeando con fuerza al propio país que las adopta. La premisa, formulada con ironía, suena así: “Me sacaría los dos ojos si con eso mi enemigo queda tuerto”.
Europa ofrece un laboratorio visible de estas contradicciones. En nombre de la seguridad, la autonomía y el alineamiento geopolítico, se han tomado decisiones que alteran cadenas de suministro, encarecen insumos y reducen márgenes de maniobra. El costo no siempre aparece en el discurso político, pero suele reflejarse en la industria, en los precios y en el bienestar cotidiano.
Alemania es un ejemplo emblemático. Decidió prescindir voluntariamente del gas ruso barato y constante, que llegaba por gasoductos considerados fiables, incluyendo la infraestructura asociada a Nord Stream. Al renunciar a ese flujo energético, una parte clave de su aparato productivo quedó expuesta a un insumo más caro y más incierto, con impacto directo en la competitividad industrial.
El efecto inmediato de esa sustitución es conocido: mayor costo de producción y presión sobre la estructura de precios. Cuando la energía sube, se encarecen los bienes intermedios, se estrechan los márgenes y se deteriora la posición de exportación. Para economías intensivas en manufactura, la factura energética no es un detalle; es un eje estructural.

Además, el cambio de proveedor no es solo un cambio de origen: también es un cambio de eficiencia. Europa pasó de recibir gas por tuberías, logística estable y relativamente barata,a depender en mayor medida del transporte marítimo en barcos especializados, una opción menos eficiente y con costos adicionales. La transición exige infraestructura, contratos, y, sobre todo, tiempo.
Lo más llamativo es que el viraje se extendió más allá de un solo país. El resto de Europa, con algunos ligeros matices, acompañó la misma orientación: cortar, reducir o encarecer el comercio energético con Rusia, aun cuando el sistema anterior funcionaba con fluidez. En la práctica, se reemplazó una interdependencia previsible por otra más costosa y vulnerable a shocks externos.
Pero los “tiros en el pie” no se limitan al sector energético ni al continente europeo. En otros rincones del mapa aparecen movimientos que sacrifican conectividad y eficiencia en nombre de objetivos estratégicos. La pregunta no es si existen riesgos reales, sino cuánto cuesta neutralizarlos y quién paga el precio de la decisión.
Finlandia
Un caso destacado es Finlandia. Con salidas marítimas delimitadas en el Báltico, decidió cerrar los más de 1,000 kilómetros de frontera que comparte con Rusia. La medida se presentó como respuesta de seguridad, pero también implica cortar un corredor terrestre que facilitaba el tránsito y la interacción logística con el otro lado de la frontera.
El cierre interrumpe o dificulta el tránsito terrestre hacia países de Asia Central y Occidental, incluida la República Popular China, que se perfila como la segunda gran economía global. Cuando se restringen rutas, se encarecen tiempos, seguros y costos de transporte, y la economía termina ajustándose por la vía más dura: la pérdida de eficiencia.
Estas decisiones, tomadas en nombre de la soberanía y la alineación geopolítica, tienen consecuencias económicas y estratégicas de gran calado. La interdependencia global se debilita, y las alternativas, aunque posibles, suelen ser más caras o menos estables. En un mundo de cadenas productivas interconectadas, cada ruptura exige reemplazos imperfectos.
En definitiva, la historia juzgará si estos “tiros en el pie” valieron la pena. Puede que algunas medidas logren objetivos inmediatos, pero también pueden dejar secuelas prolongadas: menor competitividad, más inflación y menor capacidad de crecimiento. En el intento de debilitar a un adversario, el riesgo es terminar debilitándose a uno mismo.
Pedimos al todo poderoso que este 2026, año del caballo, sea un suave trote sin obstaculos desde la gatera hasta la meta.[
CarlosMcCoyGuzman@gmail.com
jpm-am

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