Preocupa el robo legalizado de los gobiernos

“Si los votos dieran la razón a la autocracia representativa y el liderazgo máximo viniera por quien tiene más votos en una nación, me declaro crítico de ese sistema con caudillo predestinado y desafecto a la oligarquía que lo apoya”.
Eso decía un guerrero como Hatuey De Camps y hoy no existe un heredero de esa voz, que siga su lucha.

Por ejemplo, si fuera por la mayoría aplastante de votos, lo que dio potestad a Hitler, quien obtuvo con derecho el poder porque fue elegido por el voto popular alemán, a su orden de genocidio, ese acto estuviese justificado y no es así.
Sabemos que lo mal hecho no se justifica, nunca.

Las inclinaciones autoritarias con una vocación cuasi imperial bajando líneas dentro de su partido y anunciándose como arquitecto del crecimiento del país, lo deben llevar a una profunda reflexión de lo que es un estado de derecho en base a sólidos argumentos consensuados y a la moralidad de su equipo de apoyo, a cualquier dirigente que quiera dejar un legado histórico en esta caliente nación.

Apoyar amigos con colas cuestionables y aliarse con quien sea, solo porque te dan votos de unos supuestos seguidores comprados en base a dinero y promesas, no es lo que vimos en Juan Bosch. Aunque el profesor fue amigo de su rival, el Dr. Balaguer, por décadas, nunca dejó de criticar a los tumba polvo que rodeaban al doctor vestido de rojo, manipulando a su séquito.

En una democracia republicana el voto no es otorgado para autorizar un saqueo generalizado vía el Estado.
Es solo un mecanismo pacífico para elegir a determinadas personas que, por un tiempo determinado, tendrán como función administrar la cosa pública, sometidas al estado de derecho.

Es decir, gobiernos subordinados a una ley que no debe cambiarse cada 4 años para satisfacer amigos o intereses de grupos. Solo motivando a todas las voces disidentes a buscar consenso es que se puede gobernar en Quisqueya.

 

Me pregunto:
¿Veremos un Gobierno  real de unidad nacional, o más de lo mismo?

En nuestro país, y también en muchos países del mundo, se ha desvirtuado por completo el sentido del voto, transformándolo en una forma de elegir a nuestros propios dictadores.

Puesto de otra manera, cuando el gobernante utiliza el monopolio de la fuerza que se le delegó y viola el derecho a crecer, al 1er empleo, a la libertad y la seguridad de las personas;  pierde toda legitimidad y no solo se levanta contra el orden constitucional, sino que pasa a ser un delincuente como cualquier otro que usa la fuerza para violar derechos.

Si los grupos de intereses económicos ya establecidos como tendencias, recurren al Estado para que este sancione una ley quitando subsidios, exenciones y que les prohíba a otros empresarios competir con los que ya están establecidos, se debe considerar el hecho un delito porque el Estado es cómplice del grupo ya establecido, violando el derecho a ejercer toda industria lícita en beneficio del grupo ya establecido.

De esta manera, no solo crece la corrupción porque nadie que esté en la función pública va a otorgar semejante beneficio en forma gratuita, sino que, además, el estado se convierte en un delincuente más.
Y un delincuente, es un delincuente con votos o sin votos.
Los votos no convierten un acto ilegítimo en legítimo.
Los votos no transforman una violación de derechos en estado de derecho.

El problema fundamental es que, si el voto decide la legitimidad de los actos de gobierno, aunque estos violen derechos de tercero, se cae en una competencia de populistas para ver quien promete saquear, o quitar con mayor intensidad los derechos de una minoría para favorecer a una mayoría circunstancial.
Si la democracia se limitara a votar y el que más votos tuviese pasara a tener derechos absolutos sobre los ciudadanos, me declararía, repito, abierta y categóricamente antidemocrático.

En síntesis, tener más votos no da la razón. Los votos son un sistema pacífico de cambio de gobierno que para no ser autocrático tiene que respetar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Y si viola esos derechos es una autocracia y un delincuente, con votos o sin votos.
Pero delincuente al fin porque comete el robo legalizado del que hablaban los juristas Bastiat, los Hnos. Mazeaud y Josserant, maestros, de todos los que estudiamos Derecho.

Es más, y con esto cierro la nota, me preocupa más el robo legalizado de los gobiernos que el de los ladrones comunes.

De estos últimos es más fácil defenderse, algún día caen presos, pero los amigos de mano floja, siempre estarán arriba, como avivatos de cuello blanco y ya nos cansamos de ellos.

R.D. es capitalismo de amiguetes donde el más corrupto se erige como un sumo sacerdote. Quiero ver cómo se implementará el pacto fiscal.
Eso revelará que nos depara el futuro.

jpm

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