Con Leonel Fernández

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EL AUTOR es periodista. Reside en Nueva York.

 Cuando en el 2001 el expresidente Leonel Fernández incurrió en la barrabasada de afirmar que la desgracia de los dominicanos era fruto de que la República Dominicana había sido gobernada por un dictador de ascendencia haitiana, ya era presa de su irrefrenable ego mesiánico.

En el escenario de los salones del Inwood Manor del Alto Manhattan, Leonel, articulando con pasmosa naturalidad que confunde al más perspicaz trató de cortejar al neo-nacionalismo y anti-haitianismo, arguyendo que el sátrapa tenía un linaje haitiano.

Asistí a esa intervención cuando laboraba para un semanario tipo tabloide editado en Nueva York. Me sorprendí con sus declaraciones.  En la ocasión, el que no sabía de quién era esa retórica, jamás habría imaginado que ya había sido presidente de nuestros dos tercios de isla.

Como si no hubiese dejado ninguna estela negativa en su recién pasado gobierno de esa etapa, infestado de privatizaciones y graciosas pensiones a artistas populares y a “amiguitos”, quería dejar la impresión de haber encabezado una gestión exitosa y que, “el infierno son los otros”. Irónicamente, hasta Truijillo y sus 31 años de férrea dictadura.

Empero, el exmandatario que hoy quiere retomar la poltrona presidencial para el 2020, es el que abiertamente certificó el clientelismo político con su teoría de “pagar para no matar”.

Como alegan sus adversarios, podría decirse que ha sido el presidente más permisivo de nuestra contemporaneidad. Tanto, que le dejó un pesado fardo al actual presidente, Danilo Medina.  

sp-am

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