La música popular y sus secuelas II

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Nueva York.

Mi hijo Juan Ramón es un cristiano “en ejercicio” que por lo general trata los temas sociales con cierto aire conservador, aun y cuando el ministerio del que forma parte, promueve una sociedad de fieles activos y con suficiente responsabilidad ciudadana como para no parecer una logia de la Edad Media o un rancio club de fundamentalistas religiosos. Es por ello que le asigno tanta importancia a sus opiniones, al escribir sobre temas del diario vivir.

Cuando leyó la primera parte de esta conversación entre Ricardo Viloria y yo, inmediatamente se sumó a la discusión, pero con un espíritu crítico y un enfoque que me pareció algo sorpresivo, viniendo de un hombre de Dios -igual que Ricardo- pero que a la vez resultaba muy interesante.

El corto texto que me escribió, parece decirlo todo: “Papi, tu trabajo es muy bueno al comienzo, conservador en los planos medios, pero muy radical e injusto en las conclusiones. El género urbano tiene mas influencia -por la violencia verbal- que la Bachata. Te auguro críticas de repudio por los amantes de la música de amargue, porque ellos son pro-mujer. Recuerda esa famosa canción que dice, que me la pegue, pero que no me deje”.

LA BACHATA

Sin proponérselo, mi hijo tan querido, varón y ciervo de Dios, me facilita el ambiente perfecto para tratar la segunda parte que prometí sobre el asunto en cuestión: la influencia de la Bachata en la ola de asesinatos de mujeres que hoy nos abruma tanto.

Ciertamente, los temas abordados por los bachateros son en general, una exaltación a la mujer, pero en el aspecto sexual puramente. Ahí es donde radica el problema, que el cantar de esos modernos y populares juglares, no reivindica la condición de ser humano de la mujer sino, los atributos corporales que la hacen apetecible, gustable, querible, disfrutable, por ese animal que habita en el cerebro de cada hombre-macho y que se pone en evidencia cuando la lujuria dice presente y su cuerpo trata -de manera incontrolable y automática- de convertirse en la irregular trípode humana, preludio y condición primitiva para asistir al banquete de la vida.

Juan Ramón -quizás por su juventud, pues apenas ha alcanzado las cuatro décadas- tiene un razonamiento desprovisto de toda malicia y confía en la ayuda de Dios para un claro discernimiento sobre los problemas terrenales del hombre. 

Y qué bueno que así sea, porque eso le garantiza -a él por lo menos- un juicio sobrio y reposado. Pero nosotros, los impíos, que no contamos con las herramientas que provee la Fe, tenemos que apelar al siempre sólido recurso de la Dialéctica, para abordar los asuntos sociales.

Cuando los poetas callejeros empezaron a traducir en versos los devaneos machistas por la conquista femenina o los infortunios generados en el rechazo por parte de ellas -que es a fin de cuentas el origen de la Bachata al final de los años 40’s- sentaron las bases de la trova que luego sirvió de soporte a los hoy llamados géneros modernos (reggaetón, rap criollo o de patio, merengue de calle, dembow, mambo callejero, etc.…etc.…)

Claro está que fue necesario el deterioro de la situación nacional en lo referente a la inversión de la escala de valores ciudadanos, para que desde los tugurios de los años previos al celebrado “centenario” de 1944 y con la poética bachatera como punta de lanza, llegáramos hasta los intrépidos exponentes de esos nuevos ritmos, incubados por lo general, en los cordones de miseria que hoy conforman nuestros barrios populares.

Y también se hace evidente que convertir la mitad de la población rural en “urbana”, sin la necesaria y obligatoria planificación por parte del Estado -siempre irresponsable y nunca previsor- solo podría desembocar en un gran hacinamiento humano, sin servicios básicos como electricidad, agua, teléfono, cloacas, etc.

A partir de esta realidad y con la indolencia mostrada por los gobiernos, tan consecutivos como inútiles, que siguieron a la decapitada dictadura de Trujillo, dichosos hemos sido todos de que buena parte de nuestros jóvenes cantores solo canten a la promiscuidad. Pudo haber sido peor.

DOS FENOMENOS

Como podrá notar mi querido “Nano” (Juan Ramón) hay dos fenómenos, simultáneos y dependientes el uno del otro, que hubieron de combinarse para dar origen a esa vigorosa corriente artística barrial: el hacinamiento humano-social traído por la migración indiscriminada y motivada por el abandono del campo, y la pérdida de los valores familiares y cívicos.

Es en ese laboratorio, donde se produce el trueque de intención que Nano advierte se registra en la copla barrial: de la exaltación superficial de la mujer, basada en la realidad del placer sexual que produce -que es el “alma” de la Bachata- se pasa a la degradación extrema de ese complemento obligado del hombre, que es la mujer.

Primero disminuyéndola como ser humano, luego reduciéndola a un simple elemento de consumo sexual y finalmente vejándola al imponerle la condición de “mantenida” y por tanto “propiedad de su macho”

Eso justamente es lo que proclama la “música de calle” en sus versos alienantes, indecentes, soeces y altamente contaminantes.

Con ese escenario de degradación permanente y continua de las féminas, cantaleteado en los nuevos ritmos populares: ¿puede alguien tener dudas de que “matarlas” al sentir el rechazo, sea el próximo paso, esté justificado o no el desdén?

Felizmente para mi, para Nano y también para Ricardo, no todo está perdido. Aunque hemos establecido el carácter pecaminoso de la Bachata en sus orígenes, sabemos que -en su momento- su poesía abandonó la cursilería del cabaret criollo y fue “limpiada”, “honrada” por algunos artistas nuestros, que la han colocado en el escenario mundial con bellísimas composiciones.

Y lo mismo esperamos que ocurra con los ritmos modernos, que sin duda, cuentan con exponentes de verdadero talento artístico, que riman con elegancia cuando la musa lo toca y que dejan un mensaje positivista para nuestra juventud.

De ellos, de esos cantores formales y formados que nos representan con tanta legitimidad, además de ese novedoso y absorbente ritmo llamado “merengue de calle” -un producto de exportación netamente dominicano- es que planeo hablarles en la entrega próxima.

 rolrobles@hootmail.com  

JPM

 

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  • aalinareyes

    Excelente articulo! Nunca me ha gustado la bachata. Este tipo de musica, tal como usted lo dice, denigra la mujer. Solo se ve como un objeto sexual. Pero, mientras menos educacion tiene una mujer, mas le gusta la bachata y nunca piensa que si se desvia de los que ella significa, este sera el motivo para ser asesinada. La propagacion de la bachata y la aceptacion de la mujer de que es un objeto sexual, ha hecho que surja la famosa CHAPEADORA, oficio de las que muchas se sienten orgullosas de desempenar. Que lastima que se caiga tan bajo!