La lengua, esa gran desconocida

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EL AUTOR es catedrático universitario. Reside en Santo Domingo.

 

 

 

 

Una lengua es un sistema ideal muy complejo que existe en la mente histórica de la comunidad que aspira hablarla. Por eso nadie la habla, porque si así fuera sólo existiría para todo el mundo una única lengua. En cambio, hablamos de manera eficaz, según la norma creada por la convención en como mínimo un dialecto materno (Fíjese, dialecto materno y no lengua materna).

 

En otros términos, si las lenguas fueran lógicas, todos hablaríamos un solo idioma, ya que la lógica, como se entiende en las corrientes histórico-filosóficas, responde a unos patrones formales universalmente compartidos. Tal es el caso de los sistemas de representación de la realidad en áreas como la medicina, la física, la química, etc. El lenguaje de las ciencias formales como éstas es demostrable. En cualquier región del mundo un médico conoce lo verdadero de la medicina. No es así en lingüística.

 

Esto sucede en una lengua sólo cuando se concibe en correspondencia con una gramática y una semántica lógicas, pero como ya he afirmado, nadie habla una lengua, sino variedades de ella.  El habla es de naturaleza heteróclita, dinámica y, por tanto, no susceptible a ser demostrable, sino mostrable, según los usos dialectales de la vida cotidiana.

 

Los intentos por crear una lengua universal han sido inútiles, como lo muestra el caso del “esperanto”, lengua artificial creada a finales del siglo XIX, sin ningún resultado exitoso. Igualmente, los aportes de Saussure y sus discípulos, en el “Curso de lingüística general” (1916) ofrecen conocimiento sobre la estructura del sistema lingüístico,  pero los mismos dejan fuera las variedades de usos sociales y a sus hablantes.

 

Si hoy es posible concebir una gramática universal, ha sido gracias al descubrimiento del “Lenguaje”, el cual constituye la facultad únicamente humana que permite la producción del habla, gracias a la consciencia del sistema lingüístico del que nos apropiamos en cada comunidad (Habermas, J.1982). Pero, igualmente, la heterogeneidad del habla no es posible estudiarla con la fiel representación de la realidad con la que se estudia la base neuroanatómica del lenguaje.

 

Realmente, nadie habla mejor que nadie. Ningún contexto es mejor que otro. No hay hablantes incultos, puesto que, incluso en toda variante dialectal encontramos los rasgos propios de una microcultura. Pero sí hay hablantes más cultos que otros. Uno puede estar descontextualizado al hablar, siempre que no se exprese conforme a la norma lingüística del dialecto (Coseriu, E. 2001).

 

Fíjese que la norma en lingüística, como en las ciencias sociales en sentido general, es una construcción colectiva e intersubjetiva, como construcciones socio-históricas e idealizadas son las lenguas. No se refiere a las prescripciones de la Real Academia de la Lengua Española. A propósito, hace años que esta entidad cultural ha reconocido las lenguas como sistemas complejos gracias a la voz de Chomsky, y de otros lingüistas renombrados, que les recomiendan observar y describir los usos lingüísticos en sus contextos sin prejuicios.

 

Un dialecto es una variación de una lengua y no una degradación de ella. Todos hablamos como mínimo un dialecto. El diasistema del español, entonces, está constituido por el conjunto de dialectos que se habla en cada país. Algunos de los dialectos de nuestro idioma son: el dialecto dominicano, el puertorriqueño, el cubano, el mexicano, el venezolano, el colombiano, el de España, etc. A su vez, los dialectos se constituyen por variantes, también llamados subdialectos. Pero nadie habla una lengua.

 

Así es que cuando nos planteamos aprender un nuevo idioma, en realidad estamos accediendo a como mínimo un dialecto de esa nueva lengua. Se trata de una de las tantas metonimias que conforman los usos lingüísticos. Y por supuesto, podremos hablar con cualquier sujeto del nuevo idioma gracias a la intercomprensión (Martinet, André, 1985).

 

Por consiguiente, cuando decimos a nuestros estudiantes que el inglés verdadero y correcto es el de Inglaterra, o cuando decimos que el correcto español es el que se habla en España, no hacemos otra cosa que exhibir una pequeña porción de nuestro desconocimiento de lo que son las lenguas y sus dialectos. El inglés de Inglaterra es mejor que el jamaiquino en Inglaterra, pero no en Jamaica. Mientras el Español de España es el de España, el dominicano es el nuestro. Ni mejor ni peor.

sinergiadeletras@gmail.com

JPM

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