La diversión en la tercera edad

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LA AUTORA es profesora. Reside en Santo Domingo.

POR  MINERVA GONZÁLEZ GERMOSÉN

En las diferentes etapas por las que atraviesa una persona, la distracción es una actividad placentera. Esta, permite salir de la rutina y disfrutar de momentos gratos solo o acompañado; esta es una forma de cambiar de actividad para relajarse y realizar algo distinto a lo acostumbrado con el propósito de liberar tensiones que afectan el sistema nervioso.

Las actividades de distracción son elegidas de acuerdo al nivel social, económico, cultural e intelectual que pertenezca el interesado. No obstante, sin importar el tipo que se decida, su práctica continua podría demorar las dolencias propias de la edad.

El esparcimiento en la tercera edad debe ser un estilo de vida, donde la actividad física sea el centro, ya que sirve para fortalecer aquellos órganos que con el paso del tiempo van disminuyendo su funcionalidad.

Una alternativa podría ser una lista de actividades que resulten entretenidas como, forman un club virtual de ciberamigos que compartan los mismos intereses. Los espacios virtuales permiten la interacción con personas que aún conservan en buen estado su raciocinio cognitivo.

 En ese orden, existen ciberpáginas para los diversos gustos, para quienes prefieren el ajedrez, las cartas, las lecturas virtuales, audiolibros, tutoriales de cocina, manualidades, belleza, entre otras. Las actividades socioculturales se organizan con el propósito de satisfacer las necesidades individuales de las personas que ya están cesante de sus puestos laborales.

 Y aunque en países desarrollados, donde prima el orden, y los funcionarios no se lucran con el dinero de plan de pensiones, se estila planear la etapa de retiro. Donde Instituciones gubernamentales realizan actividades como, kermés donde se comparten platos típicos por región, competencias de dominó, juego de cartas, bingo, tertulias literarias para aquellos intelectuales o amantes de la lectura, concursos de baile, de canto, entre otras, para que los jubilados se adapten a un nuevo estilo de vida.

No obstante, países como el nuestro, donde la realidad socioeconómica impide que el ciudadano jubilado incurra en actividades de esparcimientos, es necesario ser creativo y aprovechar los recursos del contexto en que no se requiere inversiones, como playas, ríos, clubes de jugar dominó, softbol, voleibol, béisbol o cualquier otro deporte al aire libre. De igual modo, a través de la junta vecinos crear espacios de socialización, donde puedan disfrutar de las pequeñeces que la responsabilidad laboral le impedía.

 En ese orden, las personas jubiladas tienen la oportunidad de observar aquellos detalles que siempre estuvieron ahí, pero que la prisa de la rutina impedía detenerse a contemplarlos. También asistir a los encuentros con hermanos por decisión, disfrutar de buenos momentos con los nietos, crear ese espacio de complicidad entre abuelo y nietos, tratar de construir esa línea teórica de filosofía que inventan una franja de abuelos para que le sirva de guía en la madurez a sus descendientes.

 El entretenimiento no tiene que relacionarse necesariamente con fiestas y bebidas puede ser todo aquello que te produzca bienestar, sin violar tus principios éticos, de los ha vivido convencido.

En fin, para que la distracción contribuya a aliviar la dolencia de la edad, se debe en la medida de lo posible construir un proyecto que permita al jubilado enrolarse en distracciones en las que se sienta cómodo. El entretenimiento como diversión es algo a lo que el individuo tiene derecho después de haber llevado una vida productiva. El hecho de no desempeñar un puesto laboral no significa que termine su interacción en los diferentes ámbitos, después de todo le asiste ese derecho como ser humano  hasta que finalicen sus días en este contexto terrenal.

 minerva.germosen@gmail.com

JPM

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