Debate y corrupción
Los políticos corruptos son como los malos soneros. Aparentan ser buenos bailando un son solos, y cuando no, con inexpertas parejas. Pero cuando hay una bien entrenada, y que sabe puntear en contradanza, son un fiasco.
Con este inusual y folclórico encabezado, queremos hacer una extrapolación con algunas de nuestras figuras políticas que son “encantadores” cuando discursean, a sus anchas, sin un contendor que les refute. En cambio, si se someten a un debate político podrían quedar mal parados.
Subsecuentemente, sus contradicciones y actos de corrupción quedarían en evidencia, si participan en confrontaciones con precandidatos que también aspiran a la presidencia de la república, y conocen de sus mañas y desatinos políticos.
Suponemos que ese careo no establece, de forma taxativa, que sólo se hablaría de propuestas gubernativas, política pura, economía, y otros temas. No faltarían los dardos que van justo a la diana del serial de corruptelas en que han incurrido algunos; sobre todo los que ya han gobernado.
En otras palabras, los que siempre tratan de convencer a seguidores incautos con sinuosidades y retruécanos de oratoria que pretenden embaucarlos, serían desenmascarados. De ahí que digamos en metáfora o como se quiera entender, que los farsantes políticos únicamente se lucen “cuando bailan un son en solitario, o sin la destreza de una pareja que les comprometa a bien danzar”.
Con esta comparación queremos significar que los políticos corruptos y demagógicos, siempre engañan a los ingenuos. Pero si hay serias discusiones con alguien que conozca con certeza de sus fechorías y esguinces políticos, serían colocados entre la espada y la pared.
Como consecuencia, aunque algunas personalidades y representantes de entidades aboguen por un debate político entre precandidatos presidenciales, dudamos mucho que se materialice esa posibilidad en un país infestado de corrupción y grave crisis institucional. Y, sobre todo, en un pueblo amodorrado que ni siquiera intenta derribar ese cerco.