Celos, competencia y fanatismo en política

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EL AUTOR es dirigente deportivo. Reside en Nueva York.

En mi último artículo les decía que tenemos que participar en la política, ya sea de manera directa o indirectamente; y reitero que, en efecto, estamos compelidos a hacerlo, y sin pensarlo dos veces. En nuestras manos están los ideales, las credenciales y las herramientas que nos hacen poseedores y responsables de lo que será la familia, la sociedad, el país y el mundo del mañana. 

Pero ya estando dentro del juego, tenemos que tratar de documentarnos y pulirnos, adquiriendo los múltiples instrumentos que nos ayuden a convertir en una maquinita sumadora de simpatías, sonrisas y saludos; pero sobretodo, de aceptación y conexión con el pueblo. La suma de todos estos elementos, puestos en el contexto organizativo, redundará en beneficio del proyecto político al que pertenecemos. 

Mucha gente, a veces por negación o por desconocimiento de las reglas básicas que generan el crecimiento colectivo, nos enfocamos mas en tratar de mantenernos en el entorno y alrededor de los movimientos de la figura principal del proyecto, y sin darnos cuenta, descuidamos las tareas que nos fueron asignadas como miembros del mismo. 

Un proyecto político es un “producto terminado”, que amerita de una buena estrategia para ponerlo exitosamente en el mercado; y desde luego, de excelentes representantes de venta, que reúnan las cualidades necesarias para poder llevarlo al gusto de quienes se interesen por él. 

Esto implica que tratemos de conocer a fondo y de manera sincera, a las personas que muestran interés por nuestro producto, a fin de agenciarnos su aceptación final, evitando las deserciones tempranas y logrando un compromiso mas permanente con la marca que ofrecemos. Conociendo a cabalidad a todo el que se nos acerque, evitamos “amar al enemigo” o, “aborrecer a nuestros hermanos”. 

Hago la comparación entre “proyecto político” y “producto comercial”, porque conozco la disciplina de mercadeo y sé con seguridad que ambos procesos se rigen por las mismas leyes: crecer de manera sostenida y evitar las debilidades internas, que sólo proporcionan municiones al competidor o enemigo. 

Retomando el planteamiento inicial, es importante la participación de los dominicanos en los procesos políticos. Y tal importancia radica en el hecho de que, si no participamos y les dejamos el escenario a esos políticos que tanto criticamos, ellos van a tomar las decisiones que finalmente afectaran el futuro de nosotros mismos y de nuestras familias. 

Mantenerse alrededor del candidato, tiene su parte buena y su parte mala; es muy bueno, supuestamente, para el que insiste en hacerse “selfies” con él y demostrar su cercanía en las redes, pero muy mala para el que está afuera y ve -en las redes- que la misma gente está siempre alrededor del candidato, formando un anillo que impide que gente nueva se le acerque. 

De ninguna manera podemos caer en el vicio del egocentrismo y mucho menos en el nepotismo, porque generan celos, temores y envidias, lo cual, no es saludable, ni para nosotros, ni para el proyecto y ni para las masas que están interesadas en el cambio y confían en nosotros para lograrlo. Muy por el contrario, si insistimos en estas malas prácticas, tendremos el fracaso asegurado. 

El ejemplo mas reciente de lo que significa la falta de unidad dentro de la comunidad dominicana, está la experiencia que tuvimos en la ciudad de Paterson NJ, donde dos candidatos dominicanos, en lugar de unirse, se mantuvieron en lucha el uno contra el otro y el resultado ya es historia, el alcalde ganador es de otra etnia, diferente a la dominicana. 

Pero mas todavía, en la lucha actual por el puesto al Senado del estado de Nueva York, hay tres dominicanos, enfrentando a un afroamericano y poniendo en peligro el control que hoy tenemos en el distrito 31; y todos sabemos que los dos retadores dominicanos, no tienen ninguna posibilidad de ganar el evento 

Estos son casos extremos del egocentrismo a que me refiero y de la falta de unidad entre dominicanos. Ellos quieren sus cinco minutos de gloria, aunque perdamos el puesto de la Senadora, algo imperdonable para los dominicanos que vivimos en USA. 

Quise compartir estas preocupaciones, porque estoy realmente interesado en llevar a Ramfis Domínguez Trujillo a la Primera Magistratura del país; y solamente deseo que trabajemos como un solo hombre; que cada uno asome su hombro, para jalar parejo la carreta.

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