Afán de sembrar odio

Otra vez sectores poco interesados en la convivencia pacífica entre las dos naciones que habitamos esta isla vuelven a la carga con las agresiones. De nuevo,  grupos de haitianos atacaron a camioneros dominicanos y retuvieron sus vehículos.

Los cinco consulados del país fueron abiertos y el embajador Rubén Silié volvió a su puesto en Haití, con la garantía dada por el gobierno de que no permitiría más  ese tipo de acciones en su territorio.

De nada ha valido el llamado a la reflexión, a evitar comentarios o actitudes que puedan entorpecer las relaciones.

 Las autoridades haitianas han hecho esfuerzos por controlar la situación, al punto de que incluso emitieron un aviso en el que alertaban que serían castigados los que agredieran a los dominicanos en ese país, pero poco efecto ha surtido.

Ojalá que este comportamiento reprochable de  desaprensivos no sea aprovechado aquí para incitar al odio.

Sectores de ambos lados de la frontera, confiemos en que  en realidad sean minoritarios, parece que apuestan a una división más que territorial, a ensanchar  el encono.

Claro que a República Dominicana y a Haití los separa más que una línea fronteriza. Un abismo cultural, pero eso no es óbice para la interrelación sana. Al revés, las diferencias enriquecen, ayudan a ampliar la visión sobre la realidad.

Los canales del diálogo entre los dos Estados no deben cerrarse jamás y cada uno es responsable de mantener en sus ciudadanos el espíritu de fraternidad que los caracteriza. Única vía para conservar cada cosa en su sitio y de evitar que se cumplan los malos augurios sobre el destino de enfrentamiento perenne de los dos países.

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