Adiós a un luchador

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El autor es periodista. Reside en Santo Domingo

La partida del Dr. Domingo Porfirio Rojas Nina del mundo de los vivos me deja la preocupación de que se fue sin ser comprendido.

Para entender al Dr. Rojas Nina es necesario conocer sus orígenes y trayectoria.

Fue hijo de la profesora Mercedes Nina Nina (Bombola), una maestra rural que lo llevó consigo a la sección Los Mineros, de San Cristóbal, donde permaneció hasta los 12 años de edad. Entre los 9 y los 12 años estuvo sin estudiar, porque en la escuela del lugar solo se enseñaba hasta el tercero de primaria.

Mi madre, profesora. Luz Nina de Peña, su tía, fue a buscarlo a Los Mineros y lo llevó a nuestra casa, para que pudiera seguir los estudios primarios. Se integró a nuestra familia, criándonos más que como primos, como hermanos.

Estando en el bachillerato, mi madre consiguió que lo nombraran conserje de la escuela, por su responsabilidad. También fue maestro nocturno en el plan de alfabetización de adultos. Su escueto salario le servía para adquirir los libros de texto y alguna ropa, además de ayudar a su madre a cubrir las necesidades de sus demás hermanos.
Su paso por la universidad le dejó huellas visibles. Era compañero de estudios en la Facultad de Derecho de la UASD del Dr. José Francisco Peña Gómez, con quien trabó una gran amistad, desde San Cristóbal, del Dr. Víctor Gómez Bergés y de mi hermana Ulda.

Durante sus años de estudiante en la UASD se alojó en la casa de nuestra tía Gloria Nina de Rodríguez, ubicada en la barriada de San Carlos. Desde allí debía bajar por la calle 16 de Agosto hasta el parque Independencia y habitualmente caminar a pie hasta la UASD, por carecer de los $0.05 ctvs para pagar la guagua.

En ocasiones, el padre del Dr. Subero Isa, que tenía su negocio en el trayecto y lo conocía desde Los Mineros, lo detenía para ofrecerle $0.10 ctvs para que pagara la guagua de ida y regreso.

EL UNICO

Ante la exigencia de la Facultad de Derecho de la UASD en la época, de que todos sus estudiantes debían acudir a clases con traje formal o al menos un saco, un familiar le regaló un saco usado, con el cual iba todos los días a clases, razón por la cual, algunos estudiantes pudientes lo apodaron “El único”. Como respuesta a la burla, él se limitaba a señalar que no era delito ser pobre.

Después de graduarse de Lic. en Derecho fue nombrado fiscal en San Cristóbal, en el gobierno del Prof Juan Bosch, a quien él introdujo en San Cristóbal, formando parte activa de su partido.

En una ocasión recibió en su despacho a la compañera que más burla le hacía en la UASD por su único saco, quien acudió a pedirle algunos favores y la complació con agrado. Al momento de retirarse, ella se dirigió a él con toda formalidad, como magistrado, a lo que él respondió con toda modestia: Yo soy el único.

Como diputado por San Cristóbal formó parte de la asamblea revisora de la Constitución de 1966.

La mayor parte de su vida se desempeñó como abogado penalista, logrando gran prestigio como profesional del derecho. La gran mayoría de los casos que defendió, algunos de gran envergadura, lo hizo sin cobrar honorarios profesionales, razón por la que no fue un abogado rico.

Desempeñó importantes funciones públicas durante los gobiernos de Joaquín Balaguer y Salvador Jorge Blanco. En su último mandato, el Dr. Leonel Fernández lo nombró Asesor del Ejecutivo en materia de derechos humanos, cargo del que renunció varios meses después, por entender que no se le asignaban funciones y, por consiguiente, no era merecedor del salario asignado a dicho cargo.

Una particularidad del Dr. Rojas Nina siempre que estuvo asalariado, fue utilizar la mayor parte de sus ingresos para repartirlos entre familiares y amigos necesitados, quedándose él, muchas veces, con menos de lo necesario para cubrir sus necesidades básicas. En más de una ocasión le reprendí dicho proceder y el no poseer una cuenta de ahorros con una cantidad que le permitiera, al menos, afrontar una emergencia médica, a lo que me alegó que prefería él pasar hambre, a tener que ver un familiar o amigo sin tener qué comer.

Durante su gobierno, el Dr. Salvador Jorge Blanco le asignó una casa lujosa, de la que nunca tomó posesión. Prefirió vivir hasta el fin de sus días en un muy modesto departamento de apenas 90 metros, en el que ni siquiera le cabían sus libros.

Su mayor pasión fue la defensa de los derechos humanos. Dirigió por muchos años la Comisión de Derechos Humanos sin percibir nunca un solo centavo por la labor que realizaba, a pesar de los grandes riesgos que corrió por su desempeño afanoso.

Publicó un libro de poemas (Voces del ayer), una novela (Amores burlados), un libro biográfico del poeta Virgilio Díaz Ordoñez (Ligio Vizardi) y un biográfico del Dr. Francisco Del Rosario Sánchez, además de numerosos artículos para periódicos y mantener durante años una columna en un periódico vespertino. Deseaba publicar un libro con una selección de artículos y me pidió que le escribiera el prólogo, cosa que hice con mucho agrado, pero su deseo no pudo materializarse por falta de recursos económicos.

POBREZA

Mucha gente al oír su nombre, lo suponía un personaje poderoso y rico. Pero contrario a esto, el Dr. Rojas Nina nunca acumuló dinero y como ya dije, ni siquiera poseía una cuenta bancaria. Mantuvo el mismo vehículo de cuando fue diputado en 1966, hasta hace pocos años en que su hijo, el Dr. Domingo José Rojas Pereyra, le regaló un carro, que es el que mantuvo hasta el fin de sus días.

Es más, durante sus últimos años, el Dr. Rojas Nina tuvo grandes estrecheces económicas. Porque la mayor parte de su pensión de $50,000.00, tenía que destinarla a los gastos de los estudios de derecho de su hijo menor Jean Carlos y con todo, seguía ayudando económicamente algunos amigos. Por eso, no exageró el Dr. Cruz Jiminián cuando públicamente afirmó que el Dr. Rojas Nina murió en la miseria y que la familia no sabía cómo iba a pagar los gastos de la clínica en la que estuvo ingresado durante 5 días.

Hablé con él por última vez el día 16 de septiembre por la tarde, fecha de su cumpleaños. Me dijo que estaba agradecido de Dios por haberle permitido cumplir un año más y que a pesar de sus limitaciones económicas se sentía muy en paz.

Lo sentí apagado, quizás pesimista y ello me motivó a preguntarle por su salud. Me dijo que tenía achaques, pero que los sobrellevaba. Estoy seguro de que para entonces ya estaba muy enfermo, pero estando acostumbrado a compartir solo bondades, me ocultó su pesar.

Hasta luego querido hermano, descansa en paz. Cumpliste más allá de lo que se te exigía y mantuviste siempre en alto la dignidad y el honor, a pesar de la pobreza material.

jpm

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  • Horacio Marmolejos

    Dr. Rojas Nina: excelente ser humano, este hombre es digno
    de ser presentado como referencia en todos los centros de en_
    señanzas de la Rep. Dominicana y que no tarde, para que una
    de las principales calle de su ciudad natal lleve su nombre.
    Que descansen en paz los restos de este gran ser humano,
    que ha dejado su gran legado a las futuras generaciones.

  • yankee

    Dr Rojas Nina: Una perdida para el pais,un gran ser humano,ilustre,moralista un ciudadano ejemplar y gran humanista. Que descanse en paz este grandioso hombre.

  • Dalton

    Un articulo conmovedor para aquellos que recienten hoy la dejadez que tienen las nuevas generaciones de todo ambito social de desconocer y maltratar quienes se han sacrificado en el ayer para que otros disfruten en el dia de hoy.

    Por mi sangre pasan los genes de este ilustre ciudadano y me sorprente la similitud de su historial de vida y mas aun de aquellos que No la tienen y emulan su accionar hoy y siempre.

    Paz a sus restos y consolacion a sus familiares.

    • FERNANDO MORENO CARO

      Waoo!! realmente desconocía ese nivel altruista del Dr. Rojas Nina.