OPINION:  Cómo llegamos a la peor crisis diplomática en el siglo XX

 

  1. El expansionismo haitiano

         El drama que enfrenta la República Dominicana con Haití  no es nuevo ni puede abordarse omitiendo las terribles experiencias del pasado.  La historia, maestra de la vida, según decía Cicerón nos representa la actuación de los hombres del pasado,  plantándole cara al expansionismo haitiano, presentado entonces  como una política de obligarnos a convivir con los hechos consumados.

En 1929,  el General Horacio Vásquez, inducido por un conjunto de eminentes ciudadanos, en cuya avanzadilla se hallaba Manuel A. Peña Batlle, Miguel Cocco, Manuel S. Gautier y Manuel de Jesús Troncoso de la Concha se propuso dar por esclarecida y finiquitada la delimitación fronteriza.

La cuestión venía de lejos. Desde los  tristes días de la dictadura de Ulises Heureaux,  dictador de ascendencia haitiana. En aquel punto y hora, el Secretario de Estado,  el poeta Enrique Henríquez llevó la solución del diferendo fronterizo ante el Papa León XIII. El argumento de los dominicanos era que Haití,  heredera de la colonia francesa de Saint Domingue, cuyo deslinde se hizo en 1777 por el Tratado de Aranjuez,  debía limitar  su soberanía  a las proporción que le acuerda el Tratado, y que había heredado de Francia,  21.087 km2. Pero en época de paz, y cuando ya se habían configurado las Independencias de ambos Estados,  los haitianos iniciaron un proceso de expansión,  ocuparon esos territorios en alquiler, supuestamente para fomentar el comercio. Tal como establece el Tratado de 1874. Para llevar a cabo la amputación del territorio nacional corrompieron al dictador con una cuantiosa suma de dinero.

Cuando llevamos las pruebas y las razones dominicanas ante el cardenal Grampolla, los haitianos se retiraron unilateralmente de las negociaciones papales. Dos lumbreras de la diplomacia dominicana el poeta Enrique Henríquez y don Emiliano Tejera fracasaron estruendosamente. Porque la razón no puede triunfar ante mentalidades deshonestas y ante la rotunda falta de probidad.

El Tratado de 1929 significó para los dominicanos la primera gran derrota. Los haitianos habían ocupado Capotillo, Hincha, donde nació el general Santana,  Las Caobas, San Miguel de la Atalaya y Rancho Mateo. Desde una época anterior habían decidido que el Lago del Fondo que, en la linde de Aranjuez, figura compartido por ambos países, quedaría exclusivamente en manos de Haití.

El 22 de enero de  1929, los dominicanos se despertaron con un territorio brutalmente  amputado.  Habiendo llegado al Siglo XX, con más de 53.000 km2, tras refrendar el Tratado de 1929 para ponerle punto final a una situación absolutamente inaceptable para la soberanía nacional, quedamos  confinados en unas fronteras  imprecisas que, en ese momento, rondaba los 49,000km2.

El cálculo dominicano era que el país había hecho un sacrificio extraordinario al desconocer unas fronteras legales, refrendada por un Tratado Internacional suscrito entre las dos metrópolis que gobernaron la isla de Santo Domingo, España y Francia y del cual figuraban copias en los archivos de las cancillerías europeas. Sin embargo, todavía el problema no quedaba zanjado. Quedaron cinco dificultades. Casi un 30% de toda la línea quedó sin deslindar. Los haitianos en su política de expansión se habían apoderado del Valle de la Miel y de otros parajes, fundado en el principio de que allí donde predomine la población haitiana, debería considerarse como porción de su soberanía.

¿El Tratado de 1936: La frontera definitiva?

A comienzos de 1930, las relaciones entre los dominicanos y los haitianos eran de buena vecindad.   El 13 de marzo de 1933, Trujillo creó el comité de las relaciones culturales dominico haitianas, presidido por Manuel de J. Troncoso y al cual fueron incorporados Ramón Lovatón, Federico Llaverías, Enrique de Marchena, Julio Ortega Frier y Pedro Henríquez Ureña, el General Trujillo y el Presidente Stenio Vincent eran, ambos, presidentes de honor.

. Desde aquellos momentos, se habían  iniciado las conversaciones para la delimitación definitiva de la frontera, inconclusa en  el Tratado de 1929.

A comienzos de 1934,  la Comisión de Delimitación nombrada por el Presidente comenzó los trabajos. El 2 de noviembre Trujillo  se presentó en Puerto Príncipe hizo un importante donativo para la construcción de casas para los obreros haitianos, al Comité Olímpico y a los asilos y hospitales de Puerto Príncipe.

Las  demostraciones de amistad de Trujillo llevaron al Presidente Vincent a designar una calle de Puerto Príncipe con su nombre. Entre ambos jefe de Estado floreció la amistad. El  1 de marzo de 1935, el Presidente Vincent, se hallaba en el balneario de La Toma, luego al caer el crepúsculo, recibía un agasajo en la  Mansión Presidencial. Al día siguiente,  Trujillo lo acompañó hasta Fundación. El 22 de diciembre de 1935, era tal el entusiasmo y el espejismo que el comité dominicano de la Corte de Arbitraje de La Habana dio su voto para que los presidentes Trujillo y Vincent recibieran el Premio Nobel de la Paz en 1936.  El 9 de marzo de 1936 quedó finalmente concluida la delimitación fronteriza iniciada en  el Tratado del 1929. Trujillo y Vincent recorrieron los Campos de Marte para recibir los honores militares en Puerto Príncipe.

Hagamos un alto en las ceremonias oficiales.  No fueron poco los que pensaron que el General Trujillo había dejado definitivamente resuelto el problema fronterizo con el Tratado de 1936. Le había entregado a Haití  el Valle de la Miel y  las prolongaciones de Capotillo, un territorio tan extenso  como podía serlo la isla de Martinica. Las operaciones expansionistas haitianas nos llevaron a perderé 5600 km2 del territorio de la línea de Aranjuez.  A partir de entonces,  la soberanía de Haití se ejercerá plenamente en 27.750 km2 y los dominicanos terminaríamos con 48.448 km2. Los libros de geografía de comienzos de la Era de Trujillo hablaban de 50.000 km2. Esos límites fueron completamente desvanecidos por la nueva realidad.

 

Trujillo, tras el  premio Nobel de la paz

En  1936,  el Tratado fronterizo  daba por concluidas definitivamente todas las rivalidades que habían empañado las relaciones de las dos naciones que comparten la soberanía de la isla de Santo Domingo.   Todas las Cancillerías, estimuladas por el optimismo, aprueban el Tratado fronterizo de 1936, divulgado por Trujillo al mundo. En ninguna otra época se habían producido tantas demostraciones amistad entre los dos Gobiernos.

Ese año la Cámara de Diputados de Haití votó a unanimidad para que se les concediera el Premio Nobel de la paz al Generalísimo Trujillo y al Presidente Stenio Vincent.

El 15 de abril de 1936, sale de la capital el General Trujillo acompañado de su huésped,  el Presidente haitiano Stenio Vincent. En Bonao, los recibió con estrépito de fiesta, el Mayor José Arismendi Trujillo. En San Francisco,  en Salcedo, en Moca,  en La Vega y en Santiago fueron festejados con desfiles de carnaval, retretas y  explosiones de júbilo. Al día siguiente,  llegaron a Montecristi . Fueron agasajados por la influyente Isabel Mayer. Se inauguró entonces  la carretera Presidente Vincent que une a Montecristi con Dajabón; un arco del Triunfo recordaría la figura del Presidente Vincent.  Finalmente,  Trujillo despidió a su amigo Vincent, a orillas del Masacre.

. En mayo el Presidente Vincent recibirá en Haití al Presidente Trujillo.  El 11 de mayo llega a Montecristi a bordo del buque Presidente Trujillo. Sale del Puerto de Manzanillo hacia Cabo Haitiano. A las nueve de la mañana,  desembarca en compañía de su séquito, lleva las galas del Almirante de Marina, lleva ceñida la espada de oro con empuñadura de brillantes que perteneció al Presidente Ulises Heureaux y luce en la pechera todas las condecoraciones recibidas, y se hallaba tocado con el bicornio de plumas que,  en algún momento pusieron de moda en las Cortes europeas, los grandes embajadores.  Se le declara  huésped de honor y es  recibido por la gente principal que se disputan la compañía del generalísimo. En la noche se le ofrece un baile con lo más granado de lugar, en el Club Unión. En  la madrugada se retira al barco, cuyas luminarias, siempre encendidas en la bahía hacían fabular a los haitianos, que creían tratar con un ser sobrenatural. Al día siguiente, 14 de mayo llega a Puerto Príncipe, en el muelle  lo aclaman unas diez mil  personas, tras la revista militar y el saludo al cuerpo de embajadores, recorre junto al Presidente Vincent  los Campos de Marte; asiste a la juramentación de Vincent para un nuevo mandato.  El gobierno haitiano le rinde homenaje en el Palacio Nacional. En su honor el  Club Hípico de Puerto Príncipe le dedica una carrera de caballos.  Inaugura la avenida Presidente Trujillo; almuerza en el Palacio de Puerto Príncipe y descansa en la Embajada dominicana.. El 10 de agosto el Comité del Premio Nobel de la Paz, en Oslo (Noruega) aprueba las candidaturas del Presidente Vincent y del Generalísimo Trujillo al Nobel de ese año.  El 16 de agosto, el Ministro de Francia condecora a Trujillo con la orden de Gran Oficial de la Legión de Honor. El 19  el Sumo Pontífice Pío XI, le otorga al Generalísimo la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio el Grande. Durante el canje de ratificaciones del Tratado, el representante del  Presidente de México, Lázaro Cárdenas,  condecoró a ambos presidentes con el collar del Águila Azteca. En el aniversario de la firma del Protocolo fronterizo de 1936, inaugura el Primer Congreso de intelectuales domínico haitianos el 11 de marzo de 1937 y en el Parque Julia Molina se siembra el árbol de la confraternidad domínico haitiana. . Se instituye el 14 de abril como día de la solidaridad continental y de la fraternidad domínico haitiana

La mayor crisis diplomática del siglo XX

¿ Podría decirse que después  del  inmenso sacrificio territorial hecho por los dominicanos y del reconocimiento internacional obtenido en esas circunstancias que había empezado una era de paz, solidaridad, respeto y prosperidad entre las dos naciones que comparten la isla de Santo Domingo?

Los que así pensaban ignoran que el fenómeno de la infiltración haitiana se vuelve expansivo. No se había manifestado con toda su marejada y contundencia entre nosotros, porque Cuba se había convertido entonces en una válvula de escape. En Cuba, de 1919 a 1929, la población haitiana aumentó de 23.490  personas a 221.468. A esa inmigración que  ya, en aquel momento, rebasaba el 10% de la población total de Cuba,  hay que agregar una proporción rotundamente ilegal y masiva, que la hacía rondar en unas 300.000 personas. El Gobierno de la Pentarquía decretó la nacionalización del trabajo, y en sólo un año expulso a unos 80.000 haitianos. (Confróntese Susy Castor: L´occupation américaine d’ Haïti , Port au Prince, 1988, Pag. 88). Todo ese torrente de población  fue instalándose en la frontera recién trazada. En el Diario del jesuita Francisco Gallego se describe el fenómeno de una expansión incontenible. Dice el cura que se hallaba en la misión de Copey a Restauración “

“De 35 mil habitantes, 30 mil eran haitianos . Vivían en miserables bohíos y ocupados en las faenas del campo; unos como pequeños propietarios cultivando sus conucos; muchos trabajando alquilados por un insignificante jornal y unos cuantos traficando con café y cacao. Todo el territorio estaba haitianizado pues el comercio y el tráfico con Haití eran  libres. No se hablaba español en la mayor parte de los campos y poblados, sino el patuá haitiano o creole, francés especial y bárbaro; la moneda que circulaba era la haitiana. “ ( Diario de Francisco Gallegos S. J.  Los jesuitas en R. Dominicana, José Luis Sáez)

En vano, Trujillo  dictó decretos que obligaban a los extranjeros a registrarse. En vano, hizo llamados al Presidente Vincent para resolver un asunto que se había tornado en una trampa espantosa En la Cancillería,  los salomones encabezados por don Julio Ortega Frier no pudieron hallar las soluciones diplomáticas. Trujillo llegó a la penosa conclusión; de que  todo el esfuerzo había sido inútil. Desconocimientos del Tratado de Aranjuez  en el 1929,  abandono del Valle de la Miel en 1936, entregas de territorio.  De pronto, tras siete años de magníficas relaciones nos hallábamos en las peores circunstancias. El error de Trujillo fue creer que cediéndole al expansionismo haitiano grandes porciones de territorio , había llegado a una era de paz y de concordia.

Ante las circunstancias que comprometían las provincias fronterizas amenazadas por la expansión, Trujillo produce la orden de desalojo. Orden, desde luego, que fue ejecutada como medida extrema. Las operaciones duraron del 2 al 7 de octubre de 1937. Fue una matanza espantosa. Durante las negociaciones de indemnización de las víctimas. En el primer informe del Gobierno haitiano “ se le entregó a Ortega Frier el 6 de noviembre una nota diplomática, que calculaba por las declaraciones de los refugiados unos 2.040 muertes, reuniendo las listas de las Iglesia de Cabo Haitiano y Juana Méndez”. Posteriormente, se echaron al vuelo cifras gigantescas, superiores a toda la población de la provincia, y sin que aparezcan los nombres de las víctimas. En las demás listas no se dio nombres de víctimas, sino cálculos extravagantes.

Los dos cancilleres Evremond Carrié y Joaquín Balaguer, que hacías las veces de Canciller por enfermedad de Ernesto Bonetti Burgos firmaron un Acuerdo el 15 de octubre para que se investiguen los hechos y se establezcan responsabilidades. Inmediatamente, echando por tierra su palabra, Vincent solicita la intermediación de Estados Unidos y Cuba México para sacar el mayor provecho del conflicto. Una investigación fue realizada por la prensa estadounidense, Reynolds, el periodista norteamericano,  entrevistó a varios centenares de haitianos que fueron heridos, y presentados ante la prensa internacional, muchos de ellos fueron contados como fallecidos. El periódico El Mundo ( La Habana) dice en un reportaje especial “ Los haitianos han abandonado  la República lo han hecho voluntariamente, pero aún quedan en el territorio más de 60.000 que conviven pacíficamente” ( Cronología de la Era de Trujillo, Vol., 1 , Emilio Rodríguez Demorizi, pág. 205).

El contragolpe fue extraordinario. Los exiliados políticos dominicanos de la dictadura para forzar una intervención militar llevaron rápidamente la cifra a 20.000 muertes.  La diplomacia dominicana fue sometida a las mayores pruebas de toda su historia. Se despacharon comisiones de muy alto nivel. A Estados Unidos,  una comisión encabezada por don Manuel de J. Troncoso de la Concha; a México, otra, encabezada por Max Henríquez Ureña; a Cuba, una cuadrilla de diplomáticos capitaneada  por don Moisés García.

El 10 de junio nace Ángela Trujillo Martínez en París, y el 28 se dirige Trujillo  a Washington; se entrevista con el cuerpo diplomático y con el Secretario de Estado Cordell Hull por cuarenta minutos. Después  , asiste a las maniobras militares hechas en su honor en la base naval de Quántico, y el 11 de julio se entrevista con el Presidente Roosevelt en la Casa Blanca.  Posteriormente se dirige a la Feria de Nueva York y allí declara haber pagado una indemnización de 750.000 dólares al Gobierno de Haití como compensación de las víctimas de los incidentes de 1937. Desde luego esas sumas de dinero fueron repartidas entre los negociadores haitianos. El 1 de agosto viaja en el buque Normadie a Francia, para recoger a su hija. El 3 de septiembre Francia e Inglaterra le declaran la guerra a Alemania.Sale de San Sebastián. El 19 de octubre se halla, nuevamente, en Washington.  Despachó a su familia en el yate Ramfis. Para disipar las desavenencias que se había creado en el mundo, se compromete a aceptar unas 500 familias de refugiados, en entrevista con el Secretario de Estado,  Cordell Hull. El 8 de noviembre de 1939 se firmó entre los Cancilleres de República Dominicana y de Haití el modus operandi de 1939, que de aplicarse evitaría en el porvenir  nuevas disputas migratorias.  Instrumento diplomático impecable,  aceptado por los dos gobiernos en Washington. Es una pena, que una dictadura oprobiosa, se muestre ante los ojos  de las generaciones de dominicanos como defensora de un legado, que el liderazgo actual, en una época democrática ha destruido.

 

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