REPORTAJE: La tragedia catorcista de la navidad en el barrio

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

La mañana del 21 de diciembre de 1964 la Capital amaneció triste, con mucha gente compungida, evocando con amargura el inútil sacrificio del grupo de guerrilleros fusilados en Las Manaclas, en el corazón de las montañas de San José de Las Matas, tras rendirse, escudados en la promesa del gobierno del Triunvirato de garantizar sus vidas y respetar el símbolo de aquella ofrenda patriótica, que era Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo), el líder catorcista asesinado junto a quince de sus compañeros.

En la ocasión se estaba conmemorando el primer aniversario de aquel horrendo crimen, con una serie de actos organizados por el ilegalizado Movimiento Revolucionario 14 de Junio, que serían oficiados en locales de entidades sociales y culturales, porque era imposible hacerlo en el ámbito partidario, ya que sus dirigentes eran perseguidos y estaban ocultos, operando en la clandestinidad luego del fallido alzamiento guerrillero.

Uno de esos actos para rendir homenaje a la célebre figura de Manolo, se efectuaría en una casa de la calle Dr. Delgado, frente al colegio Don Bosco, donde había morado la joven poeta Jeannette Miller Rivas, quien despuntaba entonces como escritora del grupo Generación del 60, integrado por poetas, pintores, escultores, músicos y teatristas; entre ellos, Miguel Alfonseca, Delta Soto, Norberto Santana, Jacques Viaux, José Ramírez Conde (Condecito), Héctor Dotel Matos, José Cestero y Oscar Luis Valdez Mena.

Jeannette Miller Rivas

La joven Jeannette Miller era más conocida en ese momento por ser la hija de Freddy Miller, un productor y director de televisión que desapareció misteriosamente en el mar el 5 de mayo de 1959, un mes antes de la gesta gloriosa del 14 de Junio, y que fue buscado infructuosamente por su sobrino, general Tunty Sánchez, jefe de Estado Mayor de la Aviación Militar Dominicana, empleando todos los recursos habidos y por haber: helicópteros, aviones y decenas de rescatistas, regidos por el ex general Miguel Gabirondo, quienes no escatimaron esfuerzos en buscarlo de manera desesperada, sin que se hallaran sus restos, ni los del velero de 19 pies, donde Manolo Quiroz, su compañero de la televisión, lo viera por última vez, tras despedirlo en el muelle de la capital de Santo Domingo, antes de que se embarcara en aquel desafortunado paseo por la costa y hasta Boca Chica, junto a otros cuatro pasajeros…dos mujeres y dos niños, aparte de la tripulación.

El general Tunty Sánchez quería conseguir a toda costa una prueba del posible naufragio, para contener el sedicioso murmullo que daba cuenta de que la Marina de Guerra había hundido la embarcación por ser presuntamente Freddy Miller desafecto al régimen de Trujillo; lo que era una versión improbable, pues nadie oyó sonido de bombardeo o cañoneo a bote alguno en toda la bahía, y porque era absurdo además pensar que fuese opositor siendo hijo de la señora Julieta Otero, la queridísima abuela del oficial trujillista y mejor amigo de Ramfis.

Ese versión fue tan inverosímil como la que ofreciera 13 años más tarde un vendedor de seguros que declaraba a la prensa, en el mes de julio del año 1972, haberse encontrado con Freddy Miller mientras viajaba por el tramo de carretera que une a Sabana Grande de Palenque con San Cristóbal; viéndolo -según su historia- descender de un OVNI y ya cerca de él mostrándole su identidad y sus inconfundibles señas personales, incluyendo una verruga detrás de la oreja.

Regresando a la joven Jeannette Miller, se debe decir que esta chica nació y se crio en el sector de San Juan Bosco, y que hizo sus estudios primarios e intermedios en el colegio María Auxiliadora, a un paso de su hogar; pero sobre todo que estaba vinculada sentimentalmente con el joven Marcos Rodríguez Victoria, con quien se casaría más adelante, un alto dirigente del 14 de Junio que era hermano de Hipólito -Polo- Rodríguez, jefe del grupo guerrillero catorcista en el área de Los Quemados, quien murió acribillado en el sector llamado La Horma, entre San José de Ocoa y Valle Nuevo, junto a otros dos combatientes de nombres Adolfo González y Negro Rodríguez de Jesús, abatidos en una emboscada militar donde fueron capturados sus compañeros Arsénico Ortiz Fernández, Francisco Peralta Trinidad, Arturo Romero, José Rafael Pérez Modesto, Gonzalo Pérez Cuevas, José Altagracia Suazo y la doctora Carmen Lora Iglesias (Piky), quien poco después, en plena guerra de Abril de 1965, se casaría con el autor de la canción “Por amor”, el maestro Rafael Solano, para ser la madre de dos de sus hijas.

En el citado acto catorcista, efectuado en el lugar donde había vivido la joven poeta Miller, estuvieron presentes algunos chicos del barrio adeptos al 14 de Junio, como Ricardo Enrique Espinal y Eduardo Recio, campeones nacionales de boxeo amateur de los pesos welter y mediano, y también, los inseparables amigos José Joaquín Rivas Lisk y Juan Francisco –Guampe- Fermín, quienes se habían vinculado al 14 de Junio a la caída de la tiranía, con la aparición de los primeros dirigentes estudiantiles en la antigua escuela normal de varones que se llamó Presidente Trujillo hasta el año 1961, cuando el gobierno del Consejo de Estado, bajo presión popular, se vio precisado a cambiarle el nombre, poniendo en su lugar el del patricio Juan Pablo Duarte, para honrar de ese modo la figura política del padre de la patria.

El sociólogo José del Castillo Pichardo, celebrado columnista sabatino del periódico Diario Libre, formó parte del comité fundador de la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), y él refiere que esa entidad se formó en su presencia en la residencia del joven banilejo Leonte Brea, estando también allí los estudiantes Julio César Defilló, Héctor Peña Ramos, Pablo González Pons, Ramón Mella (Mellita) y Otilio Mercedes Sandoval.

Sin embargo, no fue en esa reunión que surgió la idea de la UER, sino mucho antes, y su ideólogo fue el dirigente emepedeísta Ulpiano Valdez, quien orientó incluso la reunión constitutiva de la entidad, que fue celebrada en el local de la Federación Nacional de Maestros (FENAMA), eligiéndose al estudiante Brea como su primer secretario general, y figurando entre sus primeros miembros la futura periodista Elsa Expósito, el futuro historiador Roberto Cassá, el aplaudido cantante Julio César Defilló, Guillermina Porro, Rafael Familia, Rafael Rivera Cruz (Riverita), Nelson Morales, José Miniño, Elías Kuré y Musa Abel Hasbún; éste último hermano menor de Amín, que estudiaba en la universidad, que era la fuente nutricia de las ideas democráticas que sostenían el espíritu de rebeldía y lucha en la juventud de la época. Más tarde se unirían Henry Segarra, Julio César Rodríguez (Choby), Ramón Pina Pierret (Cuchito), Amaury Germán Aristy, Sagrada Bujosa Mieses, Belarminio -Benito- Fernández y José Bujosa Mieses (Chino)

Se puede asegurar que la adhesión masiva de jóvenes de los sectores de San Juan Bosco y Villa Consuelo a los actos de la UER, en gran parte se debía al aura de héroe que comenzó a tomar la figura de Amín Abel Hasbún desde el mes de julio de 1961, por su destacada participación en las movilizaciones de estudiantes y en la lucha por la autonomía universitaria, que se coronó exitosa con la promulgación de la Ley 5778 del 31 de diciembre de 1961, concediéndole la autonomía y el fuero a la universidad estatal.

Los Abel Hasbún visitaban con cierta frecuencia esa zona, pues tenían parientes muy cercanos viviendo en la primera planta de la casa No. 4 de la antigua calle Azua, algunos de los cuales eran comerciantes, dueños de una tienda de ropas y zapatos llamada Casa Hasbún, establecida durante varias décadas en la avenida San Martín, entre las calles Bartolomé Colón y Azua, donde casi a diario iban a visitar a su abuela los jóvenes Franklin y William Hasbún, estudiantes del Colegio Evangélico Central y residentes en el sector de Villa María.

La UER recibía las orientaciones directas de un poderoso grupo universitario llamado Fragua, que tenía como su eslogan, la frase: “Pensamiento y acción fundidos en arma contra la injusticia”. Este grupo fue dirigido en una primera etapa por Asdrúbal Domínguez Guerrero, y luego por el más brillante y carismático líder estudiantil de esa época, el intrépido Amín Abel Hasbún; uno y otro escoltado en su momento por los jóvenes estudiantes Cayetano Rodríguez del Prado, Eduardo Delgado, Leopoldo Grullón, Picky Lora, Antonio Isa Conde, Víctor de Camps, Guaroa Ubiñas, Fidelio Despra¬del, Eduardo Houellemont, José Israel Cuello, René Sánchez Córdova, Diómedes Mercedes, Narciso Isa Conde, Moisés Blanco Genao, Julio Aníbal Suárez, Carlos Dore y Emma Tavárez Justo.

En aquel tiempo la UER tenía el predominio de la simpatía estudiantil, seguida de los socialcristianos agrupados en la Juventud Revolucionaria Cristiana (JRC), liderada por Salomón Lama Beras; y este conglomerado estudiantil se había asentado en las escuelas intermedias y los liceos públicos, bajo la orientación del denominado Bloque Revolucionario Universitario Cristiano (BRUC), que tenía entre sus dirigentes a los bachilleres José Joaquín Puello Herrera, Bernardo Defilló, Guillermo Carám, Carlos Pimentel, Freddy Ginebra, Juan Bolívar Díaz, Cholo Brenes, Bienvenido Brito, Romeo Llinás, Dagoberto Tejeda, Caonabo Javier Castillo, Fernando Mangual, Miguel Cocco y José Antinoe Fiallo Billini.

Un tercer grupo estaba formado por los seguidores de Juan Bosch y el Partido Revolucionario Dominicano, asociados en el Frente Universitario Revolucionario Radical (FURR), orientado por los bachilleres Armando Hoepelman Ripley y Rafael Fco. Alburquerque De Castro, teniendo entre sus miembros a los también bachilleres Nelson Sánchez, Abraham Bautista Alcántara, Joselyn Rodríguez Conde, Franklin Almeyda Rancier y José del Carmen Rodríguez.

Esa organización aunque no era muy numerosa, tenía sin embargo su importancia cualitativa y desempeñaba un rol protagónico en las decisiones y actuaciones de la Federación de Estudiantes Dominicanos, como ilustra en su libro de memorias el ingeniero Víctor Manuel Báez González (Manolín), quien fue uno de los fundadores de esa organización y el primer presidente del comité provincial de La Romana.

Nos dice Manolín que Alburquerque De Castro, presidente del FURR y miembro del comité ejecutivo de la FED, junto a Leopoldo Grullón, de FRAGUA y otros dos dirigentes del FURR, encabezaron la asamblea de universitarios de su provincia que escogió la directiva local, que tenía entre sus miembros a los bachilleres Miki Flaquer, Samuel Herrera y Chichí Gil.

Hay que reconocer, sin embargo, que sería más adelante que el PRD se transformaría en una formidable fuerza estudiantil, con el surgimiento del Frente Universitario Socialista Democrático (FUSD), que se hizo grande sostenido en el prestigio en ascenso del bachiller Hatuey De Camps, como resultado de su preponderante papel en la conducción de la lucha presupuestaria por el Medio Millón, libraba en 1969. Desde entonces ese partido gravitaría en los liceos a través del Frente Revolucionario Estudiantil Nacionalista (FREN).

José Joaquín Rivas Lisk y Juan Francisco -Guampe- Fermín se sumaron al 14 de Junio en el liceo Juan Pablo Duarte y aquella mañana del 21 de diciembre participaban en el acto de recordación que se efectuaba en la casa citada, rememorando allí la forma cómo se había iniciado el proceso de insurrección armada que concluyó con la inmolación de su líder Manolo Tavárez y otros combatientes.

En esta jornada el principal conferencista reiteró la versión espaciada en algunos medios de prensa, de que el abortado objetivo del levantamiento guerrillero fue crear un estado de conciencia pública y agitación permanente condenando el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, contra Bosch, perpetrado por un sector militar conservador, azuzado por la oligarquía criolla y la embajada estadounidense.

Con exaltado entusiasmo, los catorcistas evocaron la figura de Manolo y el discurso pronunciado por éste el día 14 de junio de 1963, en el curso de una manifestación política frente al Altar de la Patria, en el parque Independencia, donde comprometió su vida diciendo las siguientes palabras:

“Óiganlo señores de la reacción, si imposibilitan la lucha pacífica del pueblo, el “14 de Junio” sabe muy bien dónde están las escarpadas montañas de Quisqueya; y a ellas… a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los Héroes de junio de 1959, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, el espíritu de la Revolución…porque no nos quedará, entonces, otra alternativa, que la de ¡Libertad o Muerte!’’

El acto catorcista tomó casi toda la mañana, pues en el mismo participaron varios dirigentes que conocían bien la organización y su historia, así como la lucha patriótica y la pureza de corazón de Manolo, su carisma, su liderazgo y la confianza que inspiraba en el seno del partido verdinegro; indicando que continuarían su lucha en la clandestinidad hasta vencer o morir, para restaurar en el poder el gobierno libremente electo el 20 de diciembre de 1962.

Al final de la jornada, los jóvenes marcharon hacia la calle El Conde, donde efectuaron una contundente manifestación de rechazo al gobierno del Triunvirato que estaba formado en ese momento por Donald Reid Cabral, presidente, y los señores Manuel Tavares Espaillat y Ramón Tapia Espinal, miembros; pero la movilización fue dispersada por los denominados “cascos blancos”, una unidad antimotines de la Policía, que a fuerza de macanazos y gases lacrimógenos, logró rápidamente sofocar los disturbios, obligando a los muchachos a regresar a sus hogares, al filo del mediodía.

José Joaquín Rivas Lisk y Guampe Fermín vivían en las casas Nos. 4 y 12 de la calle Felipe Vicini Perdomo, y a su retorno, refrescaron sus cuerpos con una buena ducha, luego se cambiaron de ropas y almorzaron; para más tarde -tras un breve reposo-, emprender el camino hacia la gallera.

Los dos jóvenes habían convenido participar en la mañana en los actos recordatorios del trágico acontecimiento de Las Manaclas, y luego ir al coliseo de gallos en el kilómetro 14 de la autopista Duarte, correspondiendo a una invitación de un tío de Guampe, de nombre Francisco Fermín, comerciante, nativo del municipio de Guayubín, Montecristi, quien era un apasionado del deporte de pico y espuelas y había hecho de las lidias de sus gallos su principal pasatiempo, a veces compartiendo su ardiente pasión con su coterráneo y familiar cercano, Diómedes “Guayubín” Olivo, el más grande serpentinero zurdo del beisbol dominicano, quien siendo el as de los Tigres del Licey, se tomaba su tiempo para divertirse contemplando un combate gallístico.

El gallero Fermín tenía en cartelera la formal presentación de cinco ejemplares de pura calidad, que se veían elegantes y alegres, fogosos y agresivos; y se jactaba porque eran -a su juicio- los mejores gallos finos que se exhibían ese día en la gallera, por sus fuertes patas, rapidez y puntería, y por su gran temperamento y resistencia, puestos a prueba en los entrenamientos recientes, donde mostraron su indisputable superioridad en pateos y oportunas mordidas.

Eran gallos preparados por un entrenador criollo con ocho años de experiencia, que aprendió fuera del país –vivió un año en Cuba- a criar gallos con base a una esmerada alimentación de buen maíz, carne cruda y vitaminas; pues había asimilado como enseñanza permanente que cada ejemplar debe mantenerse en su peso de combate para resistir al menos media hora de enfrentamiento, aunque lo principal siempre sería mantenerlo bien comido y contento.

Esa tarde, el gallero Fermín estuvo todo el tiempo alardeando sobre las supuestas ventajas de sus gallos y había un aire de triunfo en la gallera, pues las apuestas lo favorecían 100 contra 20; sin embargo, aunque dos de los gallos ganaron, la mejor pelea la dio su gallo colorado que mordió en tres ocasiones el moño del gallo pinto, su rival, zampándole sus patas en los ojos y dejándolo prácticamente ciego, aunque de manera sorprendente había perdido la pelea, ya que el pinto se repuso, martirizando su cabeza y clavando sus espuelas en su nervio cervical, inutilizándolo para seguir el combate.

Los muchachos apostaron y perdieron. No era su día de suerte, pero abandonaron la gallera felices, ya que todas las peleas fueron emocionantes, no aptas para enfermos del corazón.

Guampe y José Joaquín estaban de nuevo en la autopista Duarte, aguardando un vehículo público para regresar a la ciudad. En la espera, pasaron revista a los acontecimientos de esa tarde, exponiendo las capacidades de los gallos del tío; cuando de repente, un carro asomó en la vía como un bólido, abalanzándose sobre ellos; siendo sus cuerpos impactados y disparados al aire. Guampe murió al instante y José Joaquín camino al hospital Darío Contreras, como una coincidencia del destino el mismo día, aunque un año después que su apreciado líder Manuel Aurelio Tavárez Justo.

El chofer del Chevrolet negro, modelo 59, placa No, 18182 se llamaba Luis Demetrio Gálvez, quien transitaba por la autopista de norte a sur a gran velocidad en compañía de tres mujeres y -según los testigos presenciales- perdió el equilibrio al subirse al paseo de la autopista donde destrozó la vida primaveral de los jóvenes de la antigua calle Azua, no se detuvo a socorrer a las víctimas de su imprudente manejo a alta velocidad; sino que, por el contrario, emprendió la huida, aunque poco más tarde fue detenido y conducido al cuartel policial del kilómetro nueve, donde se comprobó que había ingerido bebidas alcohólicas.

En tanto la noticia llegó al barrio próximo a las seis de la tarde, y aquel fatídico 21 de diciembre, la gente presurosa regaba la triste primicia, suspendiéndose de inmediato todas las actividades hogareñas. La solidaridad era total, e incluyó el cierre de los centros de recreación que apagaron su música, mientras los vecinos conmovidos dejaron sus casas y se apersonaron en las residencias de los muertos.

Esa noche no se durmió en la calle Azua, convertida en un pleno velatorio. En la mañana siguiente se llevó a cabo el entierro, donde el llanto fue generalizado. Guampe dejaba en la orfandad a su esposa Altagracita y a sus dos hijos, además de su madre y sus hermanos; y José Joaquín dejaba llenos de angustia a su padre y su madre, dos hermanos y muchos otros familiares, sin contar las novias que lloraron todas sus lágrimas en la mañana del 22 de diciembre.

La Nochebuena de aquel momento negro fue sobriamente celebrada, igual que el día de Navidad y el advenimiento del año 1965.

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