OPINION: Pina Acevedo, ¡inmortal!

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Carlos Nina Gómez.

 Debo insistir sobre el tema: ¿Qué podrían alegar los jerarca -e indolentes- directivos del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano para no exaltar a la inmortalidad al hoy finado reputado abogado Ramón Pina Acevedo?

Está bien claro que no tienen respuesta que valga. Y mucho menos argumentos para justificar su mezquindad.

Pina Acevedo murió sin ocupar un asiento en el nicho de los inmortales en el deporte de República Dominicana.

Quien fuera un incansable luchador por el bien del boxeo, de sus atletas, del promotaje  y de que la fanaticada tuviera los mejores escenarios para disfrutar de buenas carteleras, se marchó del planeta Tierra sin ser reconocido.

Al día siguiente de su muerte, los medios noticiosos fueron inundados por manifestaciones de dolor.

Y qué decir de las redes sociales. Mucha gente dejó ver su dolor por la muerte del veterano abogado que durante más de 70 años ejerció, con pulcritud y decencia, en los tribunales del país.

En su rol de dirigente del boxeo, como lo cito en la primera entrega de este artículo -y en otros trabajos que publiqué antes de su ida de este pícaro mundo-, ocupó los más altos cargos.

No obstante,  esos méritos de nada valieron para que, por ejemplo, Luis Scheker Ortiz, quien fue por varios años presidente del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, diera su aval para que Pina Acevedo y fuera exaltado por ese organismo que por sus errores está trillando el camino del adefesio.

Pero, ¿ por qué no?

 Pero, ¿por qué tanta mezquindad? ¿Por qué los indolentes directivos del Pabellón de la Fama no exaltaron a la inmortalidad al docto Pina Acevedo?

A propósito de la esa mezquindad, plasmo a continuación lo que expuso el periodista y abogado Marino Mendoza, tras manifestar su pesar por el fallecimiento de Pina Acevedo.

Esto escribió Marino Mendoza: “La grandeza de los hombres no se mide por una etapa de su vida, sino por toda su trayectoria. Ramón Pina Acevedo fue un grande del derecho, grande como litigante y un grande por la profundidad de su pensamiento jurídico”.

Ya lo saben…¡indolentes!

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