OPINION: El prefijo “Ciber” y su repercusión en la ciencia

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EL AUTOR es catedrático universitario. Reside en Santo Domingo.

 

 

El advenimiento del mundo virtual, en el presente siglo, evidencia la imposibilidad de pensar el quehacer científico en ausencia del prefijo “ciber”, el cual ha sido aceptado por la Real Academia de la Lengua Española, reconociendo que se adapta con total normalidad a los lexemas de dicho idioma, para expresar la relación existente entre la producción de conocimiento, los contextos virtual-reales y su permanencia en las profundidades del cibermundo de Internet.

 

Y no se trata de una simple morfología lingüística, sino de la revolución tecno-científica en todas las ciencias que ya no se bastan con emplear una red o plataforma tecnológica como medio de transmisión de información, sino que, más que eso, habitan e interactúan indefinidamente en dicho espacio, anquilosando en un pasado remoto a quienes no han decidido hacer vida intelectual con y en la Tecnología del Aprendizaje y del Conocimiento (TAP).

 

Una investigación que excluya esta nueva dimensión del conocimiento, quedaría desprovista de impacto tecno-científico, el cual representa hoy un alto porcentaje de la construcción social de la realidad, de las actividades intelectuales de los sujetos pensantes, y también de los que piensan menos, porque si algo han logrado las Tecnologías del Empoderamiento y la Participación (TEP) y las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC), ha sido mostrar que los excluidos sociales, “los imbéciles” (en voz de Umberto Eco) también existen y ahora nadie puede vetarles sus reclamos, ni siquiera el acceso a los resultados tecno-científicos, si así lo decidieran (Merejo, A. 2017).

 

Un investigador, cualquiera que sea su área de estudio, si no asume el cibermundo como praxis dialéctica y epistémica, podría ver limitada su permanencia en los espacios de creación y recreación del conocimiento. Y es que los insumos de las ciencias hoy permanecen en ese espacio, en bancos electrónicos y de otras formas. Las grandes obras de la literatura universal, los textos fundamentales, clásicos y contemporáneos de la filosofía, de las ciencias médicas, de la geología, de la astrofísica, y de la economía… (Por citar algunos ejemplos) se presentan en las TAC, en forma de libros digitales, de audiolibros, de vídeos, de tutoriales… Todos pueden ser descargados y convertidos de un formato a otro: pdf a Word o a power point, los vídeos a audio, etc. Ahora bien ¿cuántos de nuestros investigadores y estudiantes se nutren de tales informaciones?

 

Otrora, un programa televisivo era visto sólo en tiempo real, salvo que los dueños de la planta televisora decidieran retransmitirlos, o los televidentes pudieran grabarlos usando tecnologías de primera generación. En ambos casos, su permanencia e impacto era efímero. Actualmente, un programa televisivo puede ser reproducido en tiempo real a todo el mundo, y su permanencia en la red de redes es indefinido, ya que si el dueño del canal virtual decide bajarlo o bloquearlo, cualquier hacker puede desenterrarlo de las profundidades del ciberespacio y volverlo a la superficie. Lo mismo sucede con todo otro tipo de cibercontenido (Yus, F. 2013).

 

Con razón se ha dicho de algunos políticos dominicanos que se tienen  a sí mismos como adversarios, puesto que sus expresiones de arrogancia, insultos, sus presuntos actos dolosos y sus estrategias de astroturfing para esconder sus acciones perversas permanecerán para siempre en el ciberespacio; sobre todo, porque olvidan que ya la vieja política ha sido reemplazada por la ciberpolítica.

 

En definitiva, el análisis del discurso de la ciencia del siglo pasado ya no es de impacto en el presente, a menos que quien lo ejecute asuma el nuevo paradigma cibercientífico, que incluye todas las áreas del saber: ciberlingüística, ciberpolítica, cibereconomía, cibermedicina, ciberdiscurso, ciberpragmática, etc. etc. etc, tomando siempre en cuenta la hibridación entre mundo real y mundo virtual.

 

 

 

 

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