OPINION: ¿Dónde tú aprendiste a cantar?

 
La pregunta o interrogante que encabeza este artículo fue hecha varias veces a un jovencito con talento en el meridiano Show del Mediodía, antes de entonar una canción, acompañado de un grupo musical.  Parecería, según la pregunta, que el talento de saber cantar se adquiere como cualquier otra habilidad o destreza.
 
Pero, lo peor del caso es que la pregunta no sólo fue hecha por conductoras del citado espacio televisivo, sino por el mismo Iván Ruiz, y para colmo se le solicitó a otro niño con talento como presentador (El presentadorcito), que le formulara la misma pregunta al jovencito cantor.
 
Y hay más, ninguno de los miembros del grupo del joven salsero David Kada, se atrevió a aclarar que a cantar nadie aprende; se nace con esa condición, se adquiere el estilo propio y se perfecciona a  través del tiempo a “individualizar” la voz. Hasta ahora, es nuestro particular criterio. A pesar de estas aseveraciones hay gente que ha cantado y grabado pero, per se, no son cantantes profesionales.
 
Además, cantar no es tan fácil; no es únicamente tener la gama de la musicalidad en las interpretaciones; hay que tener el ritmo innato. En otras palabras, no basta con una voz melodiosa.  El buen sentido del tiempo es clave en el cantante, no deja de ser un músico, sólo que maneja sus instrumentos: la garganta, apuntalada por el diafragma y otros órganos que producen sonido.
 
Y, podría ser que el estilo que adquirimos cuando nos desarrollamos en el canto, tal vez no sea el propio, sino la suma de otros, se empieza imitando. En todas las actividades artísticas desde la escritura hasta el arte de pintar, se aprende de los que nos preceden.
 
Pero aun así, en cuanto al canto, el que tiene ese talento no la aprende a la marcha; la perfecciona, pero es una cualidad o virtud que se desarrolla tan temprano como a los cuatro o cinco años (se sabe del virtuosismo de niños que han empezado antes). En resumen, nadie aprende a cantar. Simplemente se educa la voz.
 
No les legamos nada a nuestras futuras generaciones de animadores si los que conducen programa de entretenimientos (que ya a nadie entretienen con artistas), cuando no estamos lo suficientemente orientados en los menesteres atinentes a diversos talentos.
 
Y, como hemos repetido otras veces sin ser irrespetuoso, Iván Ruiz, podría tener méritos  como publicista; pero no es un auténtico conductor con “todas las de la ley”, que debe tener una persona enfrascada en los vericuetos del arte popular.
jpm
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