De vida o muerte

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

 

La militancia peledeista no propugna ni aspira a que  el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) resuelva sus diferencias mediante algún tipo de  solución filistea o de conveniencia personal o grupal, sino  a través de un consenso basado en los principios primigenios de la organización y en el mejor interés de la nación.

Todavía no estoy convencido de que el tema sobre primarias abiertas o cerradas sea un asunto de principio para ser defendido o atacado a riesgo de erosionar la ya endeble estructura unitaria del PLD, afectada también por  vicios de indisciplina y grupismo.

Tampoco creo que el epicentro de ese debate se ubica en la defensa o el ataque a la Constitución de la República, aunque si así fuera, el  problema se solucionaría  con una sentencia del Tribunal Constitucional, lo que obviamente no resolvería el conflicto a lo interno del PLD.

He aquí algunas preguntas que debería responder el liderazgo del partido morado: ¿Las primarias abiertas o cerradas garantizan la unidad del PLD? ¿El Partido respalda al Gobierno? ¿El Gobierno reconoce la autoridad del Partido? ¿Se respeta en el PLD el centralismo democrático?

Me parece un acto de irresponsabilidad del Comité Político  dejar  a la voluntad  de la mayoría  congresual peledeista  decidir sobre una Ley de Partido que incluya o no primarias cerradas o abiertas, porque esa es una decisión política que ese organismo no debió sacarle el cuerpo.

Lo que ha ocurrido es que se  ha canibalizado  en el Congreso la discusión sobre ese tema y ante la ausencia de coordenadas claras de la dirección del PLD, se abren compuertas para insólitas alianzas  entre oposición y legisladores  disidentes, por lo que  fuerzas políticas externas ya inciden en  el conflicto del partido oficial.

Ahora resulta que la posible aprobación del proyecto de Ley de Partido con primarias abiertas, agravara la crisis del PLD, como también la profundizaría  si se  incluye primarias  cerradas o si zozobra la pieza legislativa, señal de que con esa  discusión nada más se pierde.

Llama la atención que  esa crónica de una  división anunciada se escribe de ambos lados, en el mejor momento de la gestión del gobierno del presidente Danilo Medina, que hasta prueba en contrario, es también del PLD, como lo demuestran Punta Catalina, Rio Grande, Ciudad Juan Bosch,  ampliación de la Seguridad Social, decenas de hospitales remodelados, 4% a la educación, etcétera.

La idea de imitar al can que intenta morderse la cola, no solo es imposible de  materializar, sino que agravaría un conflicto interno y acarrearía graves consecuencias a la gobernanza y a la economía de la nación. Halar la cuerda en dirección contraria constituye un grave error político.

Si bien es  cierto que la unidad no se construye  en base a arreglos filisteos, también debería advertirse que es impropio promover división o agravar una crisis, elevando  contradicciones  de tipo secundario a la condición de vida o muerte.

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