Estos méritos son incuestionables. El que diga lo contrario pescaría de egoísta. Es más, los oyentes le dicen "la universidad de la radio".
Alrededor suyo se ha creado una aureola que raya en el fanatismo llegándole a celebrarle todo lo que dice y hace.
Esta audiencia, le crea una sensación de maximidad comunicación porque sus comentarios llevan una dosis pronunciada de malas palabras, insultos y calificativos no importa que se dirija a un funcionario, una mujer, un político, un compañero de su propio programa, el dueño de la emisora, candidato o a quien se le ocurra.
El diccionario radiofónico de la llamada "universidad de la radio" va desde decirle Cundo saca a esa v…, ése lo que es una m…, co…., hijo de la G… y otras suaves como maldito, desgraciado, pendejo, ect, ect. Nadie se salva la lengua vulgar, inquisidora y desconsiderada de este hombre, que a su edad debería ser un canal de los buenos modales, de un comportamiento cívico a seguir, orientador y educador del uso del lenguaje en un ambiente de respeto.
En una ocasión a un director de la Comisión de Espectáculos Públicos y Radiofonía se le ocurrió suspender a Alvarito por las malas palabras que usa y el presidente de entonces, Hipólito Mejía Domínguez, no solo desautorizó a dicho funcionario sino que enviò al Secretario de Estado de Cultura, Tony Raful, a comunicarle que podìa seguir en el programa, dándole la garantía que tenía el respaldo del presidente.
Los candidatos, los dirigentes políticos, los empresarios....en fin, nadie desea caer en la boca y la lengua de este comunicador. Es lo que se llama una lengua respetada, temida, querida y criticada.
El periodista, escritor y profesor Felipe Collado (Lipe) en una ocasión planteó en un congreso de la prensa que se debía tener en cuenta la prostituciòn del lenguaje en la radio refiriendo que Álvaro Arvelo hijo y los que les hacen coro en El Gobierno de la Mañana por La Z son los exponentes de la vulgaridad del lenguaje. Fue como si predicara en el desierto, a pesar de hacerle un llamado al Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) para afrontara esta situación.
Vivimos el síndrome radial Alvarito donde algunos aparecidos en la radio sin tener el mínimo conocimiento de la importancia de este importante medio de comunicación en el mundo, lo superan en insultos, malas palabrotas, y violación de las normas de decencia.
Parecería como si la razòn la tuviera el que màs insulta.
Ciertamente Álvaro Arvelo hijo, es una universidad del insulto.
Que lastima.... tanto talento al servicio de lo vulgar.