 |
*EL AUTOR es cónsul dominicano en Miami. |
|
|
|
Hice la primera comunión a los 7 años de edad. Ahí aprendí casi todo lo que se de Dios. Aprendí el credo, el padre nuestro y muchísimos otros conceptos morales que me han acompañado toda la vida y me han inducido a tratar de ser un mejor ser humano.
Pero, hay algo que me marcó de por vida y que jamás he podido abandonar. Unos de esos sábados en la tarde, tiempo en que nos reuníamos con Martina, la catequista que nos preparó para este sacramento, una señora que vive todavía frente a frente a mi casa y es madre de 5 de mis vecinos y amigos. Ese sábado, fuimos a la iglesia Corazón de Jesús y nos reunió con un cura español que trabajaba en dicha parroquia.
El objetivo era escuchar de aquel sabio cura, una charla sobre la importancia de la primera comunión y de profesar la fe católica. No recuerdo exactamente todo lo que allí se hablo ese día, claro está, ya que de eso hacen más de cuarenta años; pero ese cura dijo algo que jamás he podido olvidar. Nos dijo…”antes de acostarse cada día, tomen unos minutos y piensen cómo han pasado el día?. Qué hicieron bien?. Qué hicieron mal?. Qué dejaron de hacer que pudieron haber hecho?. En fin, miren hacia su interior y piensen que es posible siempre hacer las cosas un poco mejor”.
Ese fue un consejo para que cada quien, desde su propia perspectiva y, tal vez de manera muy personal y particular, hiciera siempre lo justo, además de mantener siempre un espíritu crítico, que nos permita actuar en la vida con justicia, seriedad y honradez. Pero para mi, significó también, que es importante llevar un poco más allá ese análisis de conciencia, convertir ese predicamento en una parte importante de nuestro desenvolvimiento en la sociedad, de asumir responsabilidades con el medio en el cual desempeñemos nuestras actividades, incluyendo lo que hagamos no sólo en el hogar, sino también, en el trabajo y en los círculos en que nos toque socializar.
La situación creada a raíz del terrible temblor que afectó la isla de Santo Domingo y que afectó de manera tan severa a nuestros vecinos y hermanos de la República De Haití, y la forma en que el gobierno y la sociedad dominicana han actuado para ayudar a recoger los escombros, salvar vida, curar heridos, llevar alimentos, agua, medicinas, servir de puente para que las ayudas que llegan de todas partes lleguen sin contratiempos al vecino país. El empeño de nuestros médicos, enfermeras, brigadistas, y todo el que a podido dar un poco de su tiempo, de su capacidad y hasta de lo poco que tienen, me llevan a la conclusión de que, a pesar de nosotros mismo, de ese desenfrenado deseo que a veces notamos de resaltar nuestras faltas, nuestros problemas, de disminuirnos, de sólo resaltar las cosas negativas, a pesar de todo eso….. hemos demostrado, con nuestras actuaciones, que somos un pueblo que sabe mirar hacia su interior, asumir responsabilidades y dar hasta lo que no tiene para ayudar a los demás. República Dominicana y los dominicanos, somos un pueblo bueno, solidario, que sabe asumir compromisos sociales, que se sabe sacrificar, que quiere un mejor futuro no sólo para nosotros, sino para nuestros hermanos de Haití, del Caribe, de América Latina, y del mundo.
No somos sólo un pueblo que canta en las calles, sino….. que somos un pueblo noble y bueno, que lucha por un futuro mejor.
|