El discurso de juramentación de Fernández cambió el rumbo 180 grados, a la promesa de gestión austera trazada el 17 de julio como respuesta a la adversa realidad de los factores externos y el excesivo gasto electoral interno, que juntos, tambalean la economía del país.
En el saco del olvido quedan el gasto prudente, las inversiones juiciosas, la suspensión del derroche oficial y las finanzas equilibradas.
El conjunto de proyectos, obras y programas ofrecidos, junto al costo de los subsidios, dibujan un panorama donde la competitividad tendrá que replegarse.
Los requerimientos financieros para las metas anunciadas superan 20 mil millones de dólares, y el tiempo de ejecución, más de tres períodos de gobierno.
Es evidente que el Presidente crea espejismos ante la exigencia de las presiones populares, aunque no le preocupe cumplir sus promesas, su plan estriba en ganar tiempo para enfriar las iras callejeras.
En la zona metropolitana de Santo Domingo y en Santiago de los Caballeros están surgiendo expresiones de protestas inéditas en el país, mujeres en lugar de hombres encabezan la quema de neumáticos en actitud desafiante ante la Policía, en reclamo de electricidad, agua y contra la carestía de la vida en general.
En el programa televisivo de Esteban Rosario, aparecieron decenas de humildes damas protestando en forma tan resuelta, que hicieron marchar a los uniformados policiales para no reprimirlas.
Quien no domine la situación no se explica el súbito empeoramiento del país.
¿Dónde ha ido el pregonado crecimiento de varios?
¿Y qué de los superávits de la “gestión fiscal” del PLD?
La gente busca la explicación real, porque el alza del petróleo no lo es todo.
Si el presidente se niega al cambio, pronto advertirá su error.
Ojalá que lleguen los sombreros habiendo cabezas. Se precisa de una administración confiable, porque el cansancio de la gente se torna en violencia.
Ni la gente ni los bancos tienen dinero.
Los fondos de la recapitalización del Banco Central fueron a la campaña electoral, el alza de interés, el desempleo, la insoportable tarifa eléctrica, la carestía general de la vida, el déficit entre la canasta familiar básica (20 mil pesos/mes) y el salario promedio (6000 pesos/mes), el terror a la delincuencia, el ejemplo diario de la corrupción oficial, son bombas de alto poder explosivo.