Mi  lamentable premonición convertida en realidad

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El AUTOR es escritor. Reside en Nueva York.

 

 

El pasado verano del 2015, había llegado en compañía de mi esposa a  la  ciudad de Londres, Inglaterra, procedente de París, Francia y una vez allí establecidos, optamos por solicitar uno de los emblemáticos taxis negros para dirigirnos a conocer el Palacio de Buckingham en nuestro primer recorrido.

En ese tenor, tuvimos la suerte de aprovechar una dispensa que  para esa ocasión había concedido la reina Elizabeth Alexandra Mary Windsor, mejor conocida como Isabel II, en el sentido de permitirr a sus ciudadanos y a los turistas que estaban en la ciudad, conocer por dentro, hasta el tercer piso inclusive, el palacio en donde habita la familiar real.

Después de conocerlo interiormente y observar el lujo y la extravagancia en que vive la familia de la monarquía inglesa, subimos a uno de los icónicos autobuses de color rojo y de dos pisos que circulan en  la ciudad  de Londres, para dirigirnos hacia el Parlamento británico y ver su famoso reloj  Big Ben así como las  señoriales  Torres de Londres.  Mientras íbamos desplazándonos por la fascinante ciudad de las neblinas londinenses, entendimos los motivos que inspiraron las novelas de Sherlock Holmes o los misteriosos crímenes sin resolverse de Jack El Destripador.

Nuestro recorrido terminó cuando descendimos del autobús en la entrada del  simbólico y majestuoso puente de Westminster que cruza sobre el impresionante río Támesis, el cual une los municipios de Westminster y Lambeth,  y  que nos conduce al Parlamento, Las Torres y el reloj Big-Ben.

Para ello, cruzamos a pie  el referido puente y mientras nos deleitábamos con tan singular belleza del paisaje, el Támesis y el conjunto de edificios históricos  que hacen fascinante esa zona de Londres, les dije a mi esposa lo siguiente: “Estos lugares emblemáticos, en donde miles de visitantes extranjeros llegan a verlo y se conjugan con los propios ciudadanos del país que transitan por el lugar, son los sitios preferidos  por los demonios de terror,  del crimen y de la maldad colectiva, de los llamados “Lobos solitarios” de ISIS y de los grupos del islamismo radical que solo albergan odio, rencor y rensentimientos en sus corazones, para utilizarlos y causar muertes, destrucción y desasosiego en el mundo.

Y recuerdo que continué diciéndole: “Este lugar en donde vemos que convergen tantas personas, se presta para un acto terrorista de cierta magnitud y que podría ser muy lamentable,  aparte de que, veo muy poca vigilancia policial en el trayecto. El resto ya es historia.

Terror en el puente de Westminster

   No llegaron a cumplirse los dos años de esa premonición que tuve y que compartí con mi esposa mientras caminábamos rumbo al Parlamento británico, cuando un desalmado terrorista de nombre Khalid Masood, de 52 años, cuyo verdadero nombre era Adrian Russel  Ajao, montado en un vehículo todo terreno, arremetió en contra de las personas que caminaban por el puente Westminster, matando a cinco de ellas, entre otras, a la arquitecta rumana Andreea Cristea la cual se lanzó desde el puente al río, el estadounidense Kurt Cochran quien celebraba en Londres sus bodas de plata, así como también, al policía londinense Keith Palmer, el cual fue acuchillado dos veces por el atacante en una de las puertas de acceso al Parlamento británico.

 

El terrorista fue abatido en el mismo lugar por otros policías que llegaron a la escena y 35 personas resultaron heridas. Sin lugar a dudas, fue una puñalada certera en el corazón de la democracia inglesa, cuyas autoridades no esperaban un ataque de esa naturaleza y en esa zona tan representativa de la vida democrática de la patria del célebre dramaturgo   William Shakespeare Arden,  el cual legó a la humanidad obras inmortales como Macbeth,  Hanlet y  Romeo y Julieta  entre otras.

Cuando estos actos irracionales y bárbaros suceden, dizque en nombre de un dios, de un fanatismo ideológico y religioso inexplicable,  comprender la naturaleza de los mismos nos abruma. Y, obviamente, nos conduce a un endurecimiento de los sentimientos ante las vicisitudes de otros pueblo, porque precisamente, cuando mostramos nuestra solidaridad y afecto a seres que huyen del terror y la barbarie, dentro de ellos, algunos nos golpean de manera vil y traicionera.

Inmigración y terrorismo: los gemelos de hoy

   Si echamos una mirada hacia atrás, podemos concluir que nunca antes como ahora, a pesar de que en el mundo siempre han existido problemas, las diferencia ideológicas y políticas entre los gobiernos y los políticos que son sus actores principales, nunca como ahora se habían  vivido tanto momentos de terror, de sed de venganza, de sangre, de muertes y de destrucción. La razón, la diplomacia y comedimiento político, han sido echados a un lado, por los líderes y sus acólitos, dándoles paso a la insensatez, a la locura, a la improvisación y a los arranques emotivos con ribetes políticos.

Como muestra de ello, está la amenaza reciente del orate y autobusero de Cúcuta que desgobierna a Venezuela, que lejos de encarar la desastrosa crisis política, social y económica y el brutal desabastecimiento de comida y medicinas que azota a la nación, cuyo gobierno y sistema político es la causa principal de ello, sale amenazando con poner en manos de una parte de la población identificada con su gobierno con “un fusil en las manos dizque para defender la revolución”. http://sieteclicks.com/2017/04/18/maduro-quiso-meter-miedo-con-sus-milicianos-y-sus-500-000-fusiles-pero-solo-causo-burlas/

Si a  todo este caldo de desazón e incertidumbre  a nivel global, le añadimos el nuevo problema mundial que es la inmigración ilegal que huye de las crisis económica y social de  la mayoría de las naciones subdesarrolladas y  de la que sale despavorida de los conflictos y guerras motivada por los enfrentamientos  ideológicos, políticos y religiosos,   es obvio que tenemos como resultado todos estos actos de terror que hoy se esparcen en el mundo, sobre todo, por toda Europa y el territorio continental de los Estados Unidos.

Esa es la razón primordial que no admite dudas en ese aspecto, de la actitud coherente del gobierno del presidente norteamericano Donald Jhon Trump MacLeod, de ser tan reacio y de enfrentar de manera drástica y decidida, los retos que representan para cualquier nación hoy en día, permitir una avalancha de personas procedente de todo el mundo, que huyen de sus lares nativos por diversos motivos.

A diferencia de otros gobernantes, la política de Donald Trump respecto a la inmigración, es totalmente opuesta a los desafíos y el peligro en que han puesto a sus respectivas naciones  el expresidente de los Estados Unidos  Barack Hussein Obama II Dunham; la Canciller Federal de Alemania, Angela Dorothea Kasner Jentzsch (Angela Merkel) y el presidente de Francia, Francois Gérard Georges Nicolas Hollandes, por ser tan permisivos y totalmente abiertos a la inmigración de personas ilegales en sus respectivos países, sobre todo, de los provenientes del caótico, incomprensible y confuso Medio Oriente.

Tiempos atrás, el continente de Europa era lo idílico para descansar, ver su belleza extraordinaria, sus grandes monumentos históricos y universales, sus arquitectura impresionante, su cultura en sus ciudadanos y en cada parte de cada ciudad. Hoy, aunque todos eso valores sigue vigentes, cuando llegamos como turistas, hoy lo hacemos con cierto recelos, estamos vigilantes y pendiente ante cualquier persona que por su vestimenta o aspecto lo asociamos al Medio Oriente.

Muchos pensarán, que al ser radicalmente opuesto a la inmigración ilegal y la que no pasa el cedazo de las autoridades migratoria de una nación, pecamos de insensibles ante el dolor y la tragedia social y política de estos tiempo, pero, cuando vemos estos actos de terror que crean pánico y matan a ciudadanos inocentes y que no tienen que cargar con la cruz que otros han creado,  hacemos acopio de la sentencia bíblica que alude a la cosecha que tendrán que asumir  los seres humanos hoy en día, cuando nos dice: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).

jpm

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