La ridiculez de dos socialistas del siglo XXI

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El AUTOR es escritor. Reside en Nueva York.

 

 

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la acepción de ridículo como: “Algo extraño, irregular y de poco aprecio o consideración”. Lo establece también como:  “Escaso, corto, de poca definición y que, por su rareza o extravagancia, mueve o puede mover a risa”.

El célebre poeta y narrador sevillano Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, más conocido en el mundo literario como Guztavo Adolfo Bécker,  autor de las exquisitas obras  “Rimas y Leyendas” y  “Cartas literarias a una mujer”, se manifestó en torno a la ridiculez de la siguiente manera:

La ridiculez es un accidente moderno en la historia de las costumbres. Es una cosa horrible que hace reír; es algo que mata y regocija. El ridículo se encuentra un paso más allá del sublime, porque se encuentra un paso más allá de todo.”          Esto nos hace recordar la frase del gran Napoleón Bonaparte quien dijo: “De lo sublime a lo ridículo no hay más que un solo paso”.

Es  obvio que,  el  campo social más fértil que sirve como caldo de cultivo a todo este germen social que fomenta la ridiculez en grado sumo, sin lugar a dudas lo es el ejercicio político. Pasemos a dilucidar de manera sucinta este concepto con dos ejemplos muy tangibles y recientes.

Hugo Chávez: una temeridad ridícula

El 28 de junio del 2009 se produjo en Honduras un golpe de Estado en contra del presidente “socialista” José Manuel Zelaya Rosales, por haber éste fomentado la llamada “Cuarta Urna”, una especie de referéndum para modificar los artículos “pétreos” de la Carta Magna de esa Nación que prohibía  la reelección presidencial que como sabemos, es una enfermedad política e incurable que afecta de manera sensible a todos los socialistas y populistas de la llamada izquierda revolucionaria.

Fue así que,  en la madrugada de ese día, un comando armado del ejército hondureño dirigidos por el Tte. coronel René Antonio Herpbum Bueso, lo sacó en pijama y lo montó en un avión rumbo a Costa Rica, asumiendo el mando de la nación el Presidente del Congreso Roberto Micheletti Bain tal y como lo dispone la Constitución en la patria de José Francisco Morazán Quezada.  Cabe destacar que a la cabeza de este golpe militar estuvo el exGral. Romeo Orlando Vázquez Velásquez, quien a la sazón era el jefe de las Fuerzas Armadas  de Honduras y el cual había sido destituido previamente por Manuel Zelaya Rosales por  negarse a distribuir las boletas electorales de la “Cuarta Urna”,  las cuales habían sido impresas y enviadas por el gobierno chavista en una clara intromisión en asuntos políticos y soberanos de una nación.

Una vez acaecidos estos hechos en Honduras, surge la figura de Hugo Rafael Chávez Frías como si fuera el “Capitán América” o la propia reencarnación de Simón Bolívar,  a tratar de manera prepotente y  disponer que el derrocado presidente José Manuel Zelaya Rosales, quien había ido a buscar apoyo y refugio a Washigton DC,  (la capital del  “malvado imperio” ) regresara a Honduras abordo de un avión militar de Venezuela a tomar posición del cargo.       En este avión estaba también  presente   Miguel d’Escoto Brockmann,  un  ciudadano estadounidense,  traidor y cura de la llamada “teología de la liberación” el cual siempre estuvo al servicio del sandinismo en Nicaragua.

Creyendo que con sus arrogancias, su petróleo y sus amenazas veladas, el avión venezolano iba aterrizar sin problemas en el aeropuerto Toncontín de la capital hondureña,  no sucediendo  así debido a que el  ejército  puso camiones militares en medio de la pista y esperó allí con fuerte presencia de militares armados, impidiendo por consecuencia, el aterrizaje de la nave con Manuel Zelaya y Miguel d’Escoto, teniendo que hacerlo en Managua, Nicaragua.

Hugo Chávez hizo un papelón internacional y como bien cité lo dicho por Gustavo Adolfo Bécker en el introito de esta humilde exposición escrita:“La ridiculez es una cosa horrible que hacer reír” y lo de Chávez fue temerario, imprudente, provocador  y horrible.

Las fanfarronerías del Autobusero

   El pasado día 15 del mes en curso, el hijo putativo de Hugo Chávez se destapó de frente la opinión mundial, con unas declaraciones propias no de un mandatario o un político experimentado, sino más bien, de un antisocial de un barrio cualquiera y dotado de un cerebro parecido al de un Australopithecus, al decir lo siguiente (cito): “No me quieren ver en Lima, me van a ver. Porque llueva, truene o relampaguee, por aire, tierra o mar llegaré  a la Cumbre de las Américas” (cierro la cita).

Como sabemos, actualmente existe el Grupo de Lima  el cual estás formado por 12 naciones que son: Brasil, Chile, Canadá, Argentina, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Uruguay y Perú, siendo éste último el país sede en donde se celebrará los días 12 y 13 de abril próximo la “Cumbre de las Américas” A este Grupo se han sumado también, los Estados Unidos, Guyana y Santa Lucía.

Acogiéndose a lo establecido en la Declaración de Quebec de 2001 que establece que “la ruptura de la democracia se torna un obstáculo insuperable en la participación de un Estado en la Cumbre de las Américas”  y en vista de que en Venezuela se han roto, violado, secuestrado y aniquilados todos los parámetros de un gobierno democrático, se dejó sin efecto la misiva de invitación que se le había enviado el 11 de noviembre del 2017.

Además de lo señalado, la copa se rebozó con la decisión del régimen fallido de convocar para el mes de abril, a unas elecciones amañadas, precipitadas y con una oposición cuasi aniquilada por el gobierno que son favorables a sus despropósitos, al tener a los principales líderes desafectos, preso en su casa (Leopoldo López), inhabilitado  (Henrique Capriles),  despojado de su investidura congresional (Maria Corina Machado) y exiliado (Antonio Ledesma).

Como podemos apreciar por estos dos sencillos ejemplos, tanto el padre (Chávez) como el hijo (el Autobusero) que tanto daño, maldad, hambre y miseria  han causado a la patria de Simón Bolívar, han hecho el ridículo cada uno en su debido momento.

A lo largo del devenir político de la humanidad desde lejanos tiempos, la misma ha sido afectada, ya sea por las ideas o el comportamiento de parte de políticos y gobernantes, que en realidad lo que han sido son payasos, ridículos y cantinflesco. Si revisamos la historia, podremos confirmar que así ha sucedido en muchas ocasiones.

Roma tuvo a un par de ellos: Nerón y Calígula; Uganda engendró a Idi Amín Dada Atte;  Ecuador parió a Abdalá Jaime Bucarán Ortíz;  Bolivia tiene a su indio cocalero Juan Evo Morales Ayma;  República Dominicana nos dio a Rafael Hipólito Mejía Domínguez  y  Venezuela tuvo la desgracia de tener a Hugo Rafael Chávez Frías y  al exAutobusero nacido en Cúcuta, Colombia  y que hoy desangra la patria de Rafael José Urdaneta Farías desde el Palacio de Miraflores.

Hay un dato curioso entre dos de estos payasos citados: Calígula sentía una enorme devoción hacia su caballo “Incitatus” al extremo de nombrarlo senador de Roma” y el  Autobusero de Venezuela tiene a su “pajarito”  el cual viene a ser el espíritu de Chávez en forma de ave. De seguro y desde lo más profundo del averno, ha podido ver como su pupilo político a denigrado en extremo al pueblo venezolano y mancillado el honor soberano de la patria del Cacique Guaicaipuro.

JPM

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